De la tesis a la antítesis

Por • 3 May, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Las tesis del éxito son simpáticas… si uno no las toma tan en serio.

Los analistas siempre encuentran una tesis para explicar el éxito. En la explosión de tesis que nos inundan en torno al éxito político del Partido Verde, y su candidato presidencial, Antanas Mockus, se encuentran diversas. Se dice, por ejemplo, que los colombianos leyeron en la campaña de los ex alcaldes verdes, una especie de “ni tan-tan, ni muy-muy”. Esa misma que se puede sintetizar en el viejo refrán “ni tanto que queme al santo ni tan poco que no le alumbre”. Es decir, ni tan muy uribistas, ni tan antiuribistas.

Si esa es la tesis de los analistas que invaden los medios de comunicación explicando el fenómeno de Antanas, daría mi vida (o lo que me queda), por haber visto con qué tesis estarían ahora explicando el éxito de Fajardo si, por ejemplo, la ola electoral hubiera estallado por los lados de ASI, que, para quienes ya no recuerdan, como yo, qué era eso, se trata de la efímera Alianza Social Indígena con la que recorrió el país de cabo a rabo promoviendo una fallida “Selección Colombia” en el Parlamento, tarea tan dura o más que la de Pacho Maturana quien, probablemente tampoco clasificará al Mundial del 2014, pero eso sí, se ganará unos buenos honorarios porque, como él mismo dice, “perdiendo también se gana”.

Quizás, la explosión de Mockus nos ha privado de tesis mucho más interesantes que la suya propia, si, por ejemplo, el éxito hubiera acompañado a Petro, Vargas Lleras o a Rafael Pardo. No menos profundas serían las que nos estarían deparando los analistas si el albur hubiera acompañado las candidaturas de unos anodinos, de cuyos nombres ahora no me acuerdo, ni resulta necesario.

Como todos andan tan ocupados en explicar el éxito de Mockus, yo, entonces, aprovecho el momento para lanzar mi tesis sobre el fracaso de Santos, que en cierta forma resulta ser una antítesis, pues, es evidente que si una teoría explica un éxito lo contrario explica su fracaso.

Santos fracasa (y en parte Noemí también por lo mismo), porque creyeron que la popularidad de Uribe era endosable. Olvidaron aquel sabio refrán de las monarquías que decía “Muerto el Rey viva el Rey”. Como se creyeron las encuestas de popularidad (porque a las encuestas cuando nos convienen se les debe creer), terminaron enterrándose con el muerto. En su caso, ellos si fueron (o son) muy-muy uribistas; y la gente no quiere más de lo mismo, aunque lo que venga sea “lo mismo pero distinto”, como en la comedia del Gato Pardo.

De esto podría hablarse mucho, y como columnista, yo también tengo mi tesis, ni más faltaba. Y ahora no me aguanto la que creo, explica la ventaja de Mockus en las clases media y alta, por encima de Santos, que encarna una rancia oligarquía: es que, si alguien debe tener harto miedo de que Santos llegue al poder, deben ser los empresarios que no aguantan un día más con el estropicio de las relaciones comerciales colombo-venezolanas, gracias a la algazara que armaron Uribe-Chávez, magistralmente interpretada en Colombia por su comediante, hasta ayer no más, ministro de Defensa. Entre la seguridad democrática y una eventual guerra con Venezuela, que ya no sólo arruinaría sus week end sino también sus empresas y negocios, pues, no cabe duda que resulta más lógico jugar a lo desconocido, que puede resultar bueno, antes que apostar a lo conocido que resulta ser lo malo.

Lo perverso de esas eruditas tesis, muchas expuestas, ayer no más, por apologistas del uribismo, es que olvidan adrede la persistente tarea desarrollada por quienes nos opusimos al neoliberalismo que explica en buena parte el rotundo fracaso del gobierno que agoniza y que, de persistir, como todo indica, nos hará seguir en la oposición al gobierno que se inicie.

Octavio Quintero

03 – 05 – 2010



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