Henry Falcón: ¿Disidencia revolucionaria, Oposición Ideológica?

Por • 27 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Auditórium
“De las controversias más profundas saldrán las mejores soluciones”
Raúl Castro Ruz….

“Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad. Si un gobierno no roba, si un gobierno no asesina, si un gobierno no traiciona a su pueblo, no tiene por qué temer a la libertad de prensa, por ejemplo, por qué nadie podrá llamarlo traidor. Cuando se roba, cuando se mata, cuando se asesina, entonces el gobernante tiene mucho interés en que no se diga la verdad. Cuando un gobierno es bueno, no tiene por qué temer a la libertad de reunión, porque los pueblos, no se reúnen para combatirlo, sino para apoyarlo”. Fin de la cita. Fidel Castro Ruz, 4 de enero de 1959, Camagüey /Cuba….

La importancia política en la independencia del pensamiento crítico, y el problema de la organicidad revolucionaria, revela la contradicción de mérito que expresa ese par dialéctico. De cara a la necesidad de un debate abierto en Venezuela sobre la transición hacia el Socialismo.

No es un problema semántico, sino una conceptuación política de importancia clave en la definición de la adhesión dialéctica a la razón: “con Chávez todo, sin Chávez nada”, ¡soberana estupidez intelectual! (las infelices, y pobres declaraciones descalificatorias de Cilia Flores, con motivo de la renuncia de Henry Falcón al Psuv, sin análisis y sin anestesia).

Lo que desde la ideología disidente interna se le señala al sistema de democracia bolivariana como factores de exclusión, constituye una crítica útil para la decantación de un concepto de democracia socialista que logre incorporar el disenso político: la diferencia, como derecho ciudadano. La crítica de la disidencia interna al Proyecto Socialista, pasa por el disenso del pensamiento crítico de izquierda que cultiva la abrumadora mayoría del venezolano.

El meollo de la idea es que no “debe” existir disenso político ideológico al Proyecto Socialista Bolivariano, sin la natural contrapartida del disenso ideológicamente comprometido con las ideas del socialismo. Al que esta en el aparato burocrático, no se le debe dejar el terreno en la batalla de ideas determinantes, aún cuando esas ideas propias disientan del pensamiento doctrinario oficial. La contradicción ideológica es un hecho real hoy en Venezuela, y su permanencia es de carácter implosivo.

Esta contradicción genera un cuestionamiento de pertenencia revolucionaria: lo objetivo es que este espacio de tolerancia no lo han cedido el Estado y el Partido, sino que lo ha ganado esta disidencia. La explicación está en que La disidencia ideológica profesa lealtad al sistema porque su objetivo es la corrección del orden político que éste representa. Por lo tanto, esta disidencia ideológica asume el desafío de su credo político y se legitima así misma abiertamente como un debate. Los términos del antagonismo son transparentes, y se marca los márgenes de la tolerancia mutua.

Para el Socialismo Bolivariano, el problema no está ahí. El problema estriba en la tendencia del Partido a identificar como antagonismos las contradicciones dialécticas que se dan entre pensamiento e ideas revolucionarias. Esa dificultad (Cilia, Darío, Francisco Ameliach etc.), incapacidad o falta de voluntad para identificar adecuadamente las contradicciones dialécticas del proceso de transición socialista es lo que conlleva a descalificar y/o criminalizar políticamente las manifestaciones de la disidencia revolucionaria.

La disidencia revolucionaria es objetiva porque refleja la contradicción entre la pluralidad de ideas revolucionarias y la línea de pensamiento único doctrinario al que exige lealtad el Partido. Ese pensamiento doctrinario se ejerce desde el poder del Estado gracias a la inadecuada mezcolanza, Estado/Partido. Este poder único, por consiguiente, crea la disidencia revolucionaria y, al definirla arbitrariamente como “traidora” con el poder del Estado, la hace objeto de su represión. Es necesario entender que si esta contradicción no existiere no existiría disidencia revolucionaria, por cuanto la naturaleza de lo disidente deriva de la hegemonía del pensamiento estado/ partido. Esta realidad objetiva no la cambia el hecho de que se busque desesperadamente evitar la criminalización que el Partido ha hecho de la necesidad del pluralismo de ideas revolucionarias. Esta contradicción se supera en la medida que se agudice, y se habrá paso a una síntesis revolucionaria.

La posibilidad de un socialismo democrático como nunca antes, con amplísima participación de la ciudadanía… denota un espíritu subyacente de la “elite dirigente” del cual, considero, es sumamente importante desembarazarse. Tiene que llamar definitivamente la atención a la dirigencia política psuvista el hecho de que el empoderamiento del pueblo, sea causa de común preocupación en el Partido y en sus adversarios antagónicos. El adversario antagónico es uno: la oposición ideológica interna.

La disidencia revolucionaria refleja una contradicción dialéctica objetiva y está en el lado de de la razón: “dentro de la Revolución”. La oposición ideológica está en su opuesto: “contra la Revolución”. Entonces, la disidencia revolucionaria le es necesaria a la Revolución. La manifestación de la disidencia revolucionaria es imprescindible en momentos como estos de definiciones conceptuales sobre del Socialismo del siglo XXI.

No por casualidad la esencia del problema queda explícita en las ideas que, erróneamente son interpretadas por los asesores de Chávez. La disidencia ideológica de Henry Falcón al Proyecto Socialista, es que no cree en la apropiación social por parte del estado de algunos factores de producción privados. Y en ese sentido se contrapone frontalmente no contra el Partido, sino contra los intereses de la sociedad venezolana.

El disenso de la oposición ideológica tiene, por ende, un caldo de cultivo legítimo, no porque abogue por la apropiación de todos de los factores de producción, sino porque se opone a la apropiación estatal de dichos factores.

El disentimiento es legítimo pero el posicionamiento ideológico es antagónico. Dado que, en ese punto la disidencia revolucionaria de Falcón converge con la oposición ideológica interna, y desde ese mismo momento los caminos se separan. La ruta de su pensamiento apunta hacia la seguridad jurídica de la propiedad privada. Este camino de disidencia revolucionaria se enrumba hacia la plena socialización con control, sobre la especulación de los factores de producción.

Hay un pensamiento revolucionario que disiente del pensamiento doctrinario único anclado en la filosofía política del “socialismo de estado” que establece: el modo de producción basado en el monopolio de la propiedad estatal y el trabajo asalariado (explotación) que actualmente definen las relaciones socioeconómicas de la sociedad.

Por lo tanto, cuando la burocracia del PSUV, desautoriza políticamente el derecho de disenso político revolucionario está abonando el camino hacia la oposición ideológica interna.

Lo que no es en absoluto natural es que el dogmatismo político de la dirigencia psuvista, continúe abonando el campo de la oposición ideológica interna. Y no hacer un llamado a la represión política hacia esta oposición ideológica.

El pensamiento revolucionario comprometido que disiente es subversivo cuando es verdadero. Y esa es la voz disidente no contra el Proyecto Socialista de la Revolución, sino a su favor. La disidencia legítima es la revolucionaria, no la ideológicamente opositora de la derecha.

Hoy el escenario político ha ganado en lo nuevo de la controversia, y es determinante la iniciativa revolucionaria venezolana. Asumir el riesgo político de las tácticas que el opositor externo esgrime contra la Revolución, atentando contra los intereses del Proyecto Socialista y contra Venezuela.

Se debe avanzar hacia el amplio sentido de inclusión que implica la democracia socialista, el pueblo y las autoridades venezolanas pueden hoy, perfectamente asumir la responsabilidad de actuaciones a sus principios políticos y jurídicos plenamente socialistas.

Si Hugo Chávez insiste en la necesidad de cambiar todo lo que haya que cambiar, el reto revolucionario es desterrar el oportunismo que lo trata de impedir. De las controversias más profundas salen las mejores soluciones, no se puede permitir que la doble moral, propia o ajena siga convirtiendo este desafío en consignas vacías de contenidos.

La ignorancia y la mediocridad beligerantes son el peor enemigo interno de la revolución bolivariana. No hay otra forma de que cuaje una masa crítica revolucionaria que empuje desde abajo hacia la transición socialista. Eso es empoderar políticamente al pueblo. Ese es el punto de partida hoy para emprender las ideas de cambios revolucionarios.

“Irreverencia en el debate, lealtad en la acción”. ¡Un Grano de Maíz, dixit! ¡Será esto verdad!….

Edgar Perdomo Arzola
Percasita11@yahoo.es
Twitter.com/percasita



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