Gerenciando la apatía en pdvsa

Por • 27 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Del realismo mágico al “desalentador y estratégico”.

Sobre esta circunstancia, pese a que no se dan nombres ni especifican espacios, no se puede advertir que, “si coincide con personajes y hechos reales es pura coincidencia”, porque para decirlo como en “La tía Julia y el Escribidor”, fue “arrancada de la vida misma”. Y quien esto escribe tiene residencia conocida.

Por eso, a quienes compete el asunto, deben parar la oreja y no dejarse tocar lo prohibido.

La “gerente”, una de las tantas de la empresa, quien estuvo envuelta de alguna manera en los intentos de paralizarla, pero “por un raro sortilegio” mantuvo su posición en la nómina, había venido aupando las reuniones sociales periódicas de sus subalternos o supervisados, de las cuales era el primer chicharrón, con el fin de estimularlos y hasta acercarlos para hacer más llevadera la convivencia.

El gobierno había logrado el control de la empresa y la “gerente” creyó oportuno asumir bajo perfil y esperar por aquello de “llueve y escampa”. Quizás creyó que esas reuniones sociales con sus subalternos, le ayudarían a “curar las heridas y alcanzar el perdón de los pecados”.

La práctica, que uno no sabe cuándo se inició, de por sí saludable, era costeada con la contribución de cada uno de los participantes. Era pues una reunión de “traje”. Cada quien llevaba lo que considerase apropiado o asignado por los promotores o coordinadores, quizás la “gerente” misma. Por el tiempo transcurrido entre una y otra, el carácter modesto de las mismas, el aporte de cada uno de los participantes, trabajadores de esa gerencia de PDVSA, era poco significativo para el presupuesto de ellos.

EL gobierno ha debido hacer cuantiosas inversiones para, en primer término costear las nacionalizaciones como en los sectores eléctricos y comunicacional (Electricidad de Caracas, CANTV, por sólo nombrar dos), construcción de diversos ramales del metro en Caracas y áreas aledañas, Maracaibo, Valencia, sistemas de trolebús, el maravilloso Metrocable, plan ferrocarrilero, el nuevo viaducto Caracas-La Guaira. Pagado una suma nada despreciable en latifundios para entregar tierras a quien la trabaje. Además, ha creado un número significativo de universidades públicas para que los jóvenes venezolanos, víctimas del cupo puedan continuar estudios superiores. La inversión en salud que ha llevado atención primaria y hasta especializada a las barriadas humildes, con exámenes desde muy simples hasta de alta tecnología, distribución gratuita de medicamentos a quienes jamás habían sido atendidas en ese sentido. El cumplimiento casi religioso con los pensionados del Seguro Social. La lucha titánica contra la especulación mediante la creación de la red de distribución de alimentos como Mercal y Pdval y las numerosas misiones, mediante las cuales se beneficia a millones de nacionales pobres y antes excluidos. Y paremos de contar, pese a que la lista es interminable y gasto e inversión son gigantescos. Y conste, pese al plural, la palabra no es adecuada para calificar el esfuerzo.

Esa preocupación y ejecutoria, hace que los recursos nunca sean suficientes y haya que solicitar en algún lado sacrificio, paciencia y comprensión. Por esto, algunos profesionales no reciben lo que bien merecen y esperan con justicia. Algunas contrataciones pasan por dificultades y escollos por falta de recursos y no buenas intenciones de quienes manejan el Estado.

Esto último, pareciera ser lo que acontece en ciertos niveles de los empleados de PDVSA. Pero allí, la vieja claque tenía bien arraigada la idea que la renta petrolera, después de cumplidas las obligaciones fiscales, pertenecía a la alta gerencia; la que gran parte se repartía en sueldos astronómicos y excesivamente “generosos bonos”. Y hasta a lo que denominaban nómina mayor, en la mayoría de los casos, concedían jugosos beneficios para comprar fidelidad.

A esa categoría pertenece la “gerente”. La misma que días atrás reunió su personal y de manera sibilina, lanzó este mensaje:

“Bueno señoras y señores, les informo que en beneficio de ustedes, para no afectar sus menguados ingresos y en vista que no nos han aumentado y porque sé no lo harán, he decidido suspender las reuniones de convivencia para no impactar sus gastos”.

Esta decisión y discurso, regalo y envoltura, no es más que un subliminal mensaje a favor de la apatía, y desaliento “estratégicos”. ¡Y cuidado con vaina busca algo más!

Eligio Damas



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