Hijo de profeta

Por • 24 Feb, 2010 • Sección: Cultura, Tribuna Abierta

Hay momentos en los cuales,
siento un miedo inmenso de encontrarme entre los tuyos,
esperando quizás que me preguntes tres o más veces si te amo.

¿Qué te respondería Jesús?
Tú sabes que te amo,
pero no apaciento tus ovejas.

Quizás tengo temor de no estar a la altura de tu exigencia
y te niegue reiteradamente delante de la gente hasta que cante un gallo.

¿Sabré yo que te amo?
No he podido velar contigo aunque sea un breve momento,
me he quedado dormido tantas veces,
no he sido consecuente contigo.

No he tenido el valor de desenfundar mi espada para defenderte
en el momento en el cual tus enemigos y los míos nos atacan,
nos oprimen.

En muchas ocasiones he huido de mi responsabilidad como Jonás,
o quizás como el profeta acobardado he alegado que no sé hablar,
que soy muy joven,
no soy hijo de profeta.

Varias veces he transitado los caminos del miedo y la desesperanza,
renegando frente a los extraños que tenía la confianza puesta en ti,
pero que creemos que estas muerto por obra del imperio.

Emaús de la desesperanza y la desilusión.
¿Cual seria mi actitud al verte volcar las mesas de los mercantilistas
en tu casa de oración convertida en cueva de ladrones?
¿Quién decimos que eres?
¿A quien iremos?
¿Tienes palabras de vida?

Muchas veces he tenido miedo de los poderosos,
de los que matan el cuerpo,
yo mismo he asesinado mi alma,
con el silencio cómplice frente al dolor de los mas débiles.

Me he contado entre quienes no creen hasta que no meta
mis dedos y la mano completa en la herida que te mata.

¡Bienaventurados los pobres!
pero cada día queremos enriquecernos y llenarnos de lujos.

¡Jesús hijo de Dios ten compasión de mí!
Abre mis ojos y destraba mi lengua.

Permite que podamos darle de comer a las multitudes,
a aquellos que por siglos han vivido olvidados, marginados,
excluidos y reprimidos.
Perdona nuestras ofensas cuando nos ofenden con razón,
aquellos que no reciben el pan de ellos y ellas cada día.

Métenos en todas las tentaciones que nos permitan luchar,
contra el mercado y el capitalismo,
Para que podamos llamarte con honestidad:

¡Padre Nuestro!
No sigas ya en el cielo,
en tu ausencia de esta tierra tuya y nuestra,
las fuerzas del mal y las dictaduras se han apoderado
de países, y de las riquezas de los pueblos,
explotando esta mundo que nos diste para cuidarlo
en tu nombre que no santifican.

¿Seré yo maestro el que meta una mano en tu plato
y con la otra reciba las treinta monedas de la traición?
¿Llenaré de besos tus mejillas y sembraré en tu frente
las espinas de tu dolor?

Han pretendido arrebatarte el reino, el poder y la gloria,
Destruyen con su ambición tu creación,
han oprimido a tu pueblo.

Venga algún día a nosotros y nosotras tú Reino,
para que lloren los ricos y poderosos,
que no comprenden el valor de compartir y ser solidarios,
de entregarse a los pobres,
venderlo todo,
darlo todo,
darse íntegramente a los más débiles como tú lo hiciste.

Señor, en verdad quiero vencer mi duda y decirte:
¡Tú eres el Mesías Liberador!
¡Solo tú tienes palabras de vida!
¡Soy en verdad hijo legítimo de Profeta!
¡Tú sabes que te amo y quiero apacentar tus ovejas,
mi Señor y mi Dios!

Obed Juan Vizcaíno Nájera.
Maracaibo – Venezuela.
23 de Febrero 2010.



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