Alfredo Maneiro y Henry Falcón: ¡Notas Negativas!

Por • 24 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Auditórium

“el mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va”
Antoine de Saint…

La renuncia del Gobernador de Lara, ha levantado un “Debate entre mochos”, sin detenerse muchos a analizar los motivos de esta renuncia con mucha serenidad, y seriedad, sin irnos de bruces a declarar u opinar bolserías, haciéndonos quedar como unos idiotas de la política ante la opinión pública venezolana. Somos revolucionarios pero a veces necesitamos mucha claridad en las ideas, virtud en la conducta, voluntad férrea, pasión para rectificar los errores y profundizar la revolución.

Dentro del PSUV no hay discusión de los problemas que vive a diario el pueblo venezolano, y se hará cada día más difícil el debate si hay, militantes sumisos, aduladores, fanáticos y borregos que confunden disenso con disciplina y solidaridad, negar la realidad es hacerse cómplices de la oposición que desea que no se resuelvan, ni se le busque solución a los problemas para tener material para hacerle oposición al proceso revolucionario. Los puestos gubernamentales se cuidan y se mantienen asumiendo posiciones de eficacia y eficiencia, asimismo hay que vivir los problemas al lado del sufrido y mayoritario pueblo venezolano. Hay que tratar y jerarquizar los problemas más urgentes , buscarle las soluciones a las situaciones que aún nos aquejan; son muchos, se trata de temas estratégicos para el proceso revolucionario (electricidad, inseguridad, agua, salud, etc.), ser realistas y buscar la solución a corto plazo; pero esto será posible si se da la sana discusión en el PSUV, y empezamos a llamar las cosas por su nombre, debatir sobre la corrupción, la eficiencia y eficacia de los empleados públicos, debatir con seriedad sobre la especulación en el sector de las viviendas, las medicinas, las clínicas, vehículos y alimentos . Debatir sobre la soberanía alimentaria, VS La Agricultura de Puertos, y como se malgastan las divisas en la importación de alimentos, productos agrícolas y pecuarios, se ha utilizado el dólar para proyectos que andan a un ¼ de máquina, tales como centrales azucareros, centrales yuqueros, plantas de soya, etc.). Hay que debatir sobre la inseguridad ciudadana y la depuración de los cuerpos policiales. Sobre la crisis en los grandes centros de salud, las carencias y deficiencias de los Hospitales venezolanos. Si queremos ser revolucionario necesitamos una moral, una ética y una manera de pensar, con un elevado sentido crítico y autocrítico. El presidente en infinidades de veces ha señalado el camino, con las grandes líneas estratégicas del Proyecto Nacional Simón Bolívar en lo político, social, económico, territorial, internacional y ético: para enrumbar el proceso. El Poder Comunal, para el pueblo debe ser ejercido de una manera honesta y eficiente.

Aplicando valores capaces de cuestionar y cambiar las hasta ahora prácticas políticas mediante las cuales se rigen los poderes constituidos. Hay que tener solidaridad y sentido de comunidad en la calidad de vida, ante el individualismo egoísta. Honestidad en vez de corrupción. Humildad y no la oprobiosa arrogancia. Amor al trabajo ejerciendo contraloría social, muy bien organizados en los Consejos Comunales para evitar ser manipulados políticamente por gobernadores y alcaldes que en muchas ocasiones silencian las protestas del soberano.

Hay la ausencia de un partido político que sea el escenario en que los trabajadores y la militancia puedan discutir y debatir con el resto de la sociedad y a partir de esas discusiones, sistematizadas y descodificadas, descubrir cuáles son la diferencias que impiden, la unidad de los trabajadores y su incorporación como clase protagonista principal del proceso revolucionario. En el PSUV no se ha dado la discusión no hay debate del rumbo que debe tener este proceso revolucionario y qué hacer para ayudar al presidente Chávez; debemos hablar claro y decirnos la verdad, la autocritica y comenzar a crear soluciones a la crisis y a los problemas que realmente padece nuestro pueblo; la inseguridad ciudadana nos golpea el rostro y nos señala que tenemos que buscar la solución para brindar la paz y la seguridad a nuestro pueblo. Tenemos la obligación de depurar el proceso revolucionario, pero el Ministerio Público, el Tribunal Supremo de Justicia y la Contraloría General de la República deben ser más vigilantes y aplicar las leyes contra el flagelo de la corrupción, porque no son mentiras ni calumnias que existen graves problemas de corrupción, hay demasiados funcionarios públicos que se han enriquecido en este proceso y todos saben quiénes son, y ostentan sus riquezas mal habida públicamente.

Hay que tomar como guion las palabras de Alfredo Maneiro que dejo en sus “NOTAS NEGATIVAS”, muchas veces recordadas por el Presidente Hugo Chávez, cuando analiza la conducta del PSUV Como organización revolucionaria. Maneiro señalaba lo siguiente: “Un problema de particular importancia es el relativo a la calidad revolucionaria de la organización. Por la calidad revolucionaria, entendemos la capacidad probable de sus miembros para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas. Como quiera que tenemos el intimo convencimiento de que un esfuerzo de tal naturaleza sólo se puede realizar desde el gobierno, sólo puede ser un propósito estatal, pareciera entonces que una petición de calidad revolucionaria, no puede realizarse antes sino después de resolverse en beneficios de una organización cualquiera el problema político . En efecto, parece inoportuno, sino ingenuo (e incluso demagógico) formular tal exigencia, cuando nadie puede garantizar la calidad suya menos la ajena, antes de que ésta sea puesta a prueba. Esto es verdad. Pero, si bien es cierto que no se puede afirmar a priori la calidad de algunas de ellas. Es decir, ciertas estructuras partidistas desarrollan un espíritu de sectarismo tan marcado, sustituyen de tal manera la disciplina por la obediencia, corrompen a sus afiliados con un juego perverso de jerarquías, grados, amiguismo, arbitrariedades, etc. Y, sobre todo, le ponen dificultades a la confrontación libre de opiniones. La lucha interna para muchos “dirigentes” sólo puede expresarse a través de las zancadillas, el jalabolismo, los pactos ominosos, ligado a los manejos oscuros. Estas estructuras terminan por producir unos militantes sumisos, de mediocres aspiraciones y cuyas audacias, valores y espíritus críticos se resuelven, a menudo, en una mediatizada aplicación de medias verdades, valores e intereses subalternos en el partido. En realidad, abundan modelos organizativos que, no le importas sus valores ideológicos, devienen en modelos de escala reducida del mismo sistema a cuya destrucción dice combatir. En realidad, existen organizaciones revolucionarias que parecen sólo preparadas para adueñarse del aparato del estado existente con el objeto de ponerlo al servicio de sus propios fines.

Sin embargo, sobran los ejemplos de cómo la falta de calidad revolucionaria de muchas organizaciones, que han tenido muy poco que ver con su posible eficacia política. Es decir, esta especie de temprana burocratización de las estructuras y de los cuadros, no tiene por qué afectar demasiado la calidad de los buenos dirigentes, en su eventual participación exitosa en la lucha política.” Fin de la cita.

Edgar Perdomo Arzola
Percasita11@yahoo.es
Twitter.com/percasita



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