La Guajira de Barlovento

Por • 22 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

La última vez que hablé con Argelia Laya fue a mediados de los años ochenta en un cafetín de Parque Central en Caracas y, por pura casualidad.

Fue algo fortuito y breve; ha debido ser entre el 85 y el 86, en realidad no recuerdo esa fecha, con precisión. Ella andaba acompañada por dos o tres personas, creo que diligenciaban preparar un acto político ahí.

Yo venía de Valencia y me dispuse a matar el tiempo, curioseando, mientras se hacía la hora de abordar el bus que me botaría acá en oriente.  Mis expectativas políticas estaban a nivel del suelo, respecto a mucha gente del denominado lado izquierdo pero, toparme con ella no era cualquier cosa.

Su cabello blanquito era brillante y cuando pelaba sus ojos grandotes y redonditos uno se intimidaba.

Mas, no perdí  entonces, la oportunidad de bromear, le expresé  que algunos viejos camaradas le decían “Guajira de Barlovento” y que eso estaba muy mal, que como era tan bonita, era mejor decirle como “La Flor de Barlovia” pero, ella me dijo, palabras más, palabras menos, que no fuera tan embustero, que esos eran inventos míos, y que no fuera tan bobo. Se reía muchísimo, no se enojaba porque sabía muy bien del respeto y la admiración que se le profesaba.

Todo fue tan breve que no pude expresarle casi nada importante, en un santiamén se diluyó la cotorrita pero, de refilón y no sin justificados reproches de su parte, a algunas cuestiones que yo dije, ella me largó una frase que era un latigazo: “La patria no se puede querer a medias, se quiere o no se quiere”.

Otra expresión que ella solía decir, doquiera estaba, era: “Estamos entrando, de veras, a la era de la información”.

Su imagen impecable- enfundada en batas guajiras, con su pelo blanquito y tan bonito que provocaba pasarle la mano-era encantadora.

Fue tan insigne que estuvo desde el 71 hasta el 87 en el M.A.S y su imagen quedó impoluta para siempre. Una hazaña difícil de superar.

De vivir hoy, no tengo dudas que ella estaría jugando un estelarísimo papel junto a Chávez.

Hoy estuve en Lecherías, muy temprano, y no esperaba toparme con una horda de amigos pluscuálidos con los cuales tengo-si se puede decir así-grandes afectos pero, creo que todos andan locos de bola. Uno de ellos me dijo que él amaba a la mitad de Venezuela pero que detestaba a la otra mitad. ¡Sin comentarios adicionales!

Es por lo que evoco a ese Capullo de Flor: La Guajira de Barlovento. “Jacinta”.

oceanoatlanticoguillermo@gmail.com



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