Los Perez contra Venezuela

Por • 19 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Fatal ha sido la carga de los Pérez contra el rostro dolido de nuestra Venezuela. El sólo nombre provoca reacciones de náusea y temor: Carlos A.Pérez R., decapitado por corrupción administrativa; Marcos Pérez Jiménez, gorila homicida; Pérez Recao, especializado en el infernal tráfico de armas; Vincencio Pérez Soto, criminal de cruenta garra, sicario al servicio del gomecismo; Juan Bautista Pérez, testaferro de la bestia Gómez; José Antonio Pérez Díaz, componedor del sistema tribal judicial venezolano, en compañía de un cacique adeco; inepto legislador: se le recuerda mucho por el engendro parlante que dejó al morir, hoy un factor de terror a través de un canal de TV privado.

Por cierto, este Pérez Díaz fue el primer secretario general de la agrupación fascista llamada Copei; fue él quien incorporó al quehacer político al hombre de la visera trasera: Enrique Mendoza. Pérez Díaz, gran jugador de bolas criollas y de boliche, es responsable de la primera introducción que tuvo Mendoza en Copei; Mendocita, el tierno capullo de Eduardo Mendoza, “Miralejos”, acertado narrador hípico, acompañaba a Pérez Díaz al Club Campestre Los Cortijos, hacia el Este, donde éste se deleitaba descabezando escoceses y bochando bolas. Desde entonces Mendoza le cuidaba el maletín y las bolas al Presidente del Congreso (1969), quien además de fundar la secta socialcristiana fue autor de la Federación Venezolana de Bowling. ¡Pequeñas cosas, además de la hijita, nos dejó ese Pérez.!

Afortunadamente no todos los Pérez han sido nocivos para esta tierra de hombres levantiscos, como diría Andrés Eloy. Con gratitud recordamos a seres positivos como Ana Mercedes Pérez, Amalia Pérez Díaz, Guillermo Pérez Enciso y una larga ristra que sembraron aquí sus bondades. O nos legaron el testimonio de la creación poética y de la virilidad ciudadana al oponerse al despotismo, como es el caso de Juan Antonio Pérez Bonalde.Para otros países, el apellido les ha traído alegría bullanguera: Cuba la tuvo con Dámaso Pérez Prado, quien desde ese corazón antillano inundó al mundo con la magia estruendosa de su mambo. Argentina, vive en Adolfo Pérez Esquivel la preocupación permanente por un orbe de paz. Al parecer, en la España barroca no era muy bien acogido el apelativo que nos preocupa. Se dice que Quevedo, frente a la pedantería de alguien que se hacía llamar doctor don Juan Pérez de Montalván, produjo esta genial estrofa:

El doctor tú te lo pones,
el Montalván no lo tienes;
con que quitándote el <<don>>
vienes a quedar Juán Pérez.”

La incursión malevolente de la jauría Pérez vuelve a la carga en esta hora de cambios y transfromaciones que intenta limpiar el rostro de la patria. Es César Pérez Vivas, misógino de profesión, báquico por adicción, quien hoy golpea el suelo tachirense desde una gobernación que rebasa su enanismo espiritual. Cultivador de miserias, de pequeñeces, y con una exagerada tendencia hacia la ajena propiedad, ha comenzado a fracturar la imagen de un estado que intentaba su recuperación económica y cultural. Después de Eustoquio Gómez, el carnicero primo de Juan Bisonte, ésta es la peor calamidad que ha azotado a esa dolida población andina. Dicen que es hermano de leche de la Nitu Pérez, la descocada creación de Pérez Díaz.

En todo caso, nos consuela la reminiscencia infantil de Ratón Pérez y el deseo combatiente de que los Pérez malos caigan en la olla.

Salvador Ramírez Campos



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