El error fatal de James Cameron

Por • 19 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

James Cameron está feliz, tiene que estarlo. También los grandes capitalistas que lo financian. Su película Avatar ha batido todos los récords de taquilla. Su mercancía cultural se ha vendido con entusiasmo y ha cosechado en taquilla más de 2.000 millones de dólares. ¿Qué otra cosa desean los capitalistas sino obtener la mayor ganancia posible con la venta de sus mercancías?

Cameron es un servidor del capitalismo; es un lúcido intermediario entre los consumidores de mercancías y los grandes capitalistas.

Cameron sueña con el éxito total. Ya superó su propio récord de taquilla que había alcanzado con Titanic. Ahora quiere más: Una nueva película que supere a Avatar. Su apetito de triunfo es insaciable.

Cameron sueña –y lo deja entrever en Avatar- con una invasión exitosa a Venezuela por parte de los EE.UU: Materia prima para un nuevo guión y para una nueva superproducción.

Pero Cameron ignora algo terrible, también sus financistas, igual los Señores de la Guerra del Pentágono y del complejo industrial militar estadunidense y los estrafalarios dirigentes del stablishment gringo, ellos  ignoran algo que les sería fatal: Si se les ocurriese invadir Venezuela ya no tendrían más oportunidad para otra aventura guerrerista, y el marine parapléjico Jake Sully tampoco sería el héroe salvador de los na’vi en Pandora

Si en mala hora a los Señores de la Guerra del norte se les ocurriese  invadir Venezuela, estarían adelantando el ocaso de su funesto imperio.

El pueblo venezolano ya fue sepulturero de un imperio. Ganas no nos faltan de sepultar otro.

Si ellos nos invaden, la contienda será implacable. Invasores y traidores quedarán condenados a la suerte de Boves en Urica.

Aquí no tendrían paz ni cuartel. Imposible sería que Jake Sully viaje a Pandora. Igual que James Cameron escriba, produzca y dirija su anhelada superproducción sobre una tal invasión exitosa a Venezuela.

Aquí construiremos el socialismo y emprenderemos el camino hacia el mundo nuevo. Nada ni nadie lo impedirá. Estamos condenados a hacerlo.

Ramiro Meneses



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