Viernes Negro: el costo político y social de recibir un país hipotecado

Por • 18 Feb, 2010 • Sección: Reflexiones

Aquel fue realmente un día oscuro para la nación. Una jornada de malas (¿o inevitables’) decisiones que cambiaron la historia económica venezolana con consecuencias que aún nos persiguen. El 18 de febrero de 1983 fue el día en que el gobierno de Luis Herrera Campíns (LHC) debió enfrentar el costo político y social de medidas que no fueron tomadas a tiempo.

La caída de los precios del petróleo llevó a las exportaciones petroleras de 19,3 millardos de dólares en 1981 a casi 13,5 millardos en 1983 (una caída del 30 por ciento). Además, la fuga de capitales de alcanzaba casi los 8 mil millones de dólares y esto ocasionó un enorme descenso de las reservas internacionales. Pero faltaba lo peor: la deuda externa.

La administración de Carlos Andrés Pérez (CAP) había recibido un caudal nunca visto de ingresos adicionales por el incremento de los precios del petróleo y ese dinero, en lugar de ser invertido, fue a parar a los bolsillos de muchos allegados. Aun más: aunque había fondos suficientes para invertir en nuestro país, el gobierno de CAP prefirió endeudarse hasta la médula con la excusa de construir la “Gran Venezuela”.

Una hipoteca que no se pagó
Obviamente, la “Gran Venezuela” nunca llegó, pero la deuda externa se incrementó hasta límites inmanejables. Esa fue la razón por la cual LHC en su discurso inaugural como presidente de todos los venezolanos, disparó la frase: “Recibo un país hipotecado”. En aquel momento muchos se alegraron pensando que Herrera se encargaría de pagar responsablemente la gigantesca deuda, pero eso no ocurrió.

En realidad, el Gobierno de LHC se vio obligado a establecer un régimen de cambio diferencial y devaluar la moneda. La presión del Fondo Monetario Internacional para refinanciar la deuda obligó a hacer lo que tanto se temía. El bolívar, que durante veinte años había tenido una cotización de 4.30 por dólar, fue devaluado a 7.50.

Este pudo ser un paso importante para contribuir a equilibrar la balanza de pagos e incentivar la producción interna con fines de exportación. Es lo que hubiese hecho un gobierno serio. Pero la de LHC fue una medida coyuntural con el propósito de producir mas bolívares por dólar y enfrentar el déficit fiscal. Así que a partir de ese momento desapareció la estabilidad de la moneda nacional durante muchos años.

Después vino la perniciosa liberación de precios, la especulación, la disminución del poder adquisitivo, el daño irreparable al bolsillo de los consumidores. Más adelante, el enfriamiento de la economía y el precio del dólar a 15 bolívares por unidad. El desastre.

Nada que ver
Nada de lo anteriormente descrito tiene relación con la medida de corrección monetaria tomada a mediados de enero de este año por el Gobierno Bolivariano para evitar la fuga de capitales y fortalecer la producción nacional. Y aquella economía destruida de 1983 nada tiene que ver con la fortaleza que hoy tenemos, con reservas económicas por encima de los 35 mil millones de dólares.

El cambio de 2,60 bolívares fuertes por dólar protegerá la importación de medicamentos, maquinarias, entre otros, y para robustecer la producción hecha en casa. Los recursos adicionales que se obtendrán por el ajuste hecho sobre la tasa oficial del dólar se destinarán a incrementar la exportación y al impulso de actividades productivas endógenas que sustituyan las importaciones. Ahora los empresarios tendrán la oportunidad de demostrar que no sólo es posible producir en Venezuela, sino que además es posible exportar y diversificar la economía.

Gracias a acciones oportunas, aquí no hay hecatombe fiscal, ni fuga de capitales. Lo que hay es un ajuste cambiario que ya está fortaleciendo la economía. Lo que hay es la obra de un Gobierno serio.

ABN 17/02/2010



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