El presidente debe saber nuestra opinión y sentimiento sobre la remoción de Samán

Por • 18 Feb, 2010 • Sección: Reflexiones

¿Qué señal nos envía su salida o para dónde va? Aquí seguimos, esperando respuesta

Todavía confiamos en que le tenga reservado un destino político acorde con su dimensión revolucionaria y con el momento que atraviesa nuestra revolución.

Pero la salida de Samán es interpretada por el movimiento obrero y popular, por el ala izquierda de este proceso, como una mala señal que no se acopla al discurso de radicalización y que parece contrariar el rumbo de profundización del proceso.

La lucha de clases se manifiesta en el conjunto de la sociedad, incluyendo la superestructura política y el interior del Estado-gobierno; así que defender las posiciones de avanzada es fundamental.

La figura de Samán ya se ha asociado, en nuestro imaginario, al lado de Chávez, como su brazo izquierdo que apunta hacia el combate concreto contra el capital, las expropiaciones, la mano dura contra la especulación y el sabotaje, la lucha implacable contra las roscas y las mafias del mercado, contra los saboteadores y acaparadores que juegan con las necesidades y con el alimento del pueblo, la avanzada hacia la implantación del control obrero, con pasos adelante y de reafirmación del poder popular, que se enfilan hacia el nuevo modelo productivo y la transición al socialismo. Samán personaliza, en buena medida, la realización de las “3 R” del presidente Chávez, la desburocratización, el desmontaje del Estado burgués, líneas que el Comandante nos está remachando de manera constante. Accesible siempre a la base, a los trabajadores y al movimiento popular, todos palpamos que es Samán uno de los ministros que, de manera ejemplar, recoge y traduce vigorosamente el compromiso radical con este discurso; un discurso que no todos parecen traducir en hechos constatables (¡Y el pueblo lo nota!). Queremos seguirlo viendo al lado de Chávez, en una misión trascendental, sin retroceso.

La salida de Samán, a secas y sin más, sin saber si se le asignará esa nueva misión que apenas fue insinuada, acorde con lo que representa, siembra la incertidumbre y dispara las alarmas, no ayuda a reavivar los ánimos que deben agitar la Campaña Admirable.

Sabemos que el reformismo y la conciliación con la burguesía también procuran sus propios escenarios, sabemos que la oligarquía y el imperialismo presionan, y cuando se tropiezan con la tranca de Chávez, tratan de remover otros escollos para debilitar al proceso y ganar espacio; piedras como Samán que les estorban mucho y que exacerban sus odios ante el disfrute del pueblo.

Si somos parte de la vanguardia del sujeto social de esta revolución y si proclamamos la participación democrática y protagónica, deberíamos ser escuchados, deberíamos ser entendidos, debería haber un margen de confianza en nosotros y en nuestro instinto, deberíamos recibir alguna explicación por parte del que asumimos como nuestro gobierno, deberíamos poder influir en la toma de sus decisiones o en la rectificación de sus caminos. ¡Acaso no somos, con nuestro presidente, el Poder Popular!

Entendemos que Chávez actúa, como es lógico,en su condición de jefe del gobierno y con la iniciativa propia de su liderazgo, pero no sabemos qué factores pueden estar incidiendo en este caso, como parte de esa lucha de clases que todo lo penetra. Y para algo estamos aquí. Uno de esos factores podemos y debemos ser nosotros mismos, o dejaremos campo a otros que podrían tener, quizás, un signo adverso.

Empujemos en el sentido de nuestra causa, para hacer peso en la balanza, con nuestra voz, como militantes y luchadores sociales de la revolución bolivariana. La radicalización de la revolución que impulsa nuestro presidente, en estos momentos necesita a Samán.

Por esa misma condición de líder fundamental de nuestro proceso revolucionario, podemos apostar al tino, la sensibilidad y síntonía del Comandante Chávez para el diálogo con el clamor del pueblo. ¡Que oiga ese clamor nuestro presidente! Necesitamos una respuesta oportuna y por supuesto… una buena señal.

Gonzalo Gómez Freire
16/02/2010



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