Washington vivió histórica semana de pesadilla a causa del peor invierno de los últimos 110 años

Por • 15 Feb, 2010 • Sección: Noticias Internacionales

Lo mejor del espíritu humano, y también lo más bajo, salió a relucir en la capital de E.U. Hubo hasta historias marcadas por el hambre.

Cuando asomaron los primeros rayos de sol, el jueves en la mañana, fueron miles los que salieron a las calles como si despertarán de un mal sueño. “Gracias a dios terminó. Lo de estos últimos días han sido tan horribles que de verdad me han dado ganas de regresarme para Colombia”, decía Marta Contreras, una colombiana que vive desde hace cinco años en Falls Church, Virginia, a 10 minutos del centro de Washington.

Su sentimiento es bien entendible. Atrás quedaban dos de las tormentas más poderosas que han pasado por esta área en toda su historia y que dejaron la capital estadounidense y ciudades aledañas como si hubiesen sido víctimas de un bombardeo.

Y en cierto sentido lo fue. En total, y aún pendientes seis semanas de invierno, el del 2009-2010 se ubica desde ya como el más severo en los 110 años que han pasado desde que se inventaron las mediciones: 140 centímetros de nieve que gran parte cayeron en estos últimos siete días.

Lo que ha quedado son gigantescas montañas de nieve que parecen escombros y se acumulan en calles y andenes. Retroexcavadoras, ‘soplanieves’ y personas con sal y pala en mano tratando de abrir espacios, destapando carros, garajes, vías de acceso para así recuperar algo de la normalidad que se perdió desde el viernes de la semana pasada cuando cayeron los primeros copos. Semana inusual desde cualquier estándar: casi todo, desde el gobierno federal hasta colegios y universidades, permaneció cerrado hasta nueva orden.

Mark Trent, que es oriundo de Buffalo, Nueva York, se ríe de la situación. “Para nosotros esto sería un invierno normal. Lo que pasa es que ustedes no están preparados para esto”, dice Trent, que maneja una de esas camionetas gigantes, con pala incorporada, que ayudan en la remoción.

Lo cual es cierto. En promedio, el área de Washington, de unos 5,5 millones de habitantes, no recibe más 20 centímetros de nieve en todo un año. Pero lo fatal en esta ocasión fue la cercanía entre una tormenta y la otra, que no permitió ni levantar cabeza.

“Todavía estaba fresca la nieve de la primera tormenta, cuando llegó la segundo y borró con el codo todo lo que ya habíamos logrado limpiar”, afirma Trent.

Como era de esperarse, la situación dio para cientos de historias. Algunas memorables, que hablan del espíritu humano expuesto a la adversidad. Otras dramáticas y tristes, que hablan también de lo bajo a donde pueden llegar esas mismas personas.

Para destacar, el caso de Red Wing Court, una pequeña cuadra en Bethesda, Maryland, donde la unión comunitaria sacó la cara. “Primero intercambiamos una caja de Merlot por un ‘soplanieves’ que tenía uno de los vecinos. Luego todo el mundo, niños y adultos y viejos, sacaron palas para ayudar mientras algunas mujeres cocinaban galletas y crepes para alimentar a los que trabajaban. Al final del día, nuestra calle estaba limpia y fuimos de los pocos que pudimos salir a una vía principal para conseguir víveres”, dice uno de los residentes.

Embajada de Colombia, al rescate
Para Marta Olga Jensen, funcionaria de la embajada de Colombia en Washington, su misión fue “rescatar” a una amiga que se había quedado sin energía y no podía ni sacar su carro para buscar un lugar donde calentarse. “Tuvimos que caminar hasta la casa de un vecino colombiano que vivía cerca de una intersección para pedirle el carro prestado por que el nuestro estaba bloqueado por la nieve”, dice Jensen, que alojó a la amiga y su hija durante dos días mientras se restituía el fluido eléctrico.

Margaret Tomilson, en Adams Morgan, Washington, no contó con tanta suerte. Una de las 200 mil personas que se quedaron sin servicio de luz durante la temporada, tuvo que sacar cobijas, y chaquetas y hacer una especie de fogata frente a la estufa (de gas) en la cocina para sortear las temperaturas bajo cero que sentían dentro de su apartamento.

Otra escena gratificante fue la que se vivió en un supermercado Safeway, en Tenleytown, corazón de Washington, donde los empleados salieron tan presurosos que se les olvidó cerrar las puertas de local. La gente, desesperada por abastecerse de alimentos para pasar el temporal, tomaba lo necesario y dejaba el pago sobre el mostrador de la caja registradora.

Totalmente opuesto a la situación en otro barrio del sur este de la capital donde vándalos saquearon el supermercado llevándose hasta el dinero que estaba en las cajas. Aunque los vecinos llamaron a la Policía, esta solo pudo llegar horas después cuando ya no existía ni el rastro de los ladrones.

Aunque muchos trasmitirán las coloridas anécdotas de esta histórica temporada, para otros será un motivo de duelo y querrán olvidar. Clarence Smith, de Alexandria en Virginia, se enteró el martes de que su hermano de 62 años había muerto de un ataque cardíaco mientras paleaba la nieve frente a su casa. Dada las inclemencias del tiempo. Smith solo pudo llegar el jueves a visitar a su familia, que le tocó guardar el cuerpo hasta el viernes pues las funerarias estaban cerradas.

La odisea de los Cuadrado
Para los Cuadrado, una familia mexicana que viven en Silver Spring, fue una historia marcada por el hambre. Sin trabajo gracias a la recesión económica, se vieron a gatas tratando de alimentar a sus tres hijos, que por lo general recibían almuerzo en el colegio público al que asisten y que, como todos, cerró sus puertas hasta este martes.

Si bien la parálisis fue casi total, dado el infarto del sistema de transporte público, a miles de personas les tocó trabajar pues sus jefes se rehusaron a darles días libres.

“Tenemos clientes en todas partes del mundo e incluso en E.U. donde la vida fluye con normalidad y nos necesitan. No nos podíamos dar el lujo de parar”, decía Tom Otis, que maneja una firma de abogados en Washington.

Imagen memorable
Quizá de allí otra imagen memorable: decenas de personas “echando dedo” en las calles. Jensen, por ejemplo, se detuvo para recoger a un perfecto extraño que se dirigía al centro de la ciudad. En medio de la crisis, muchos, también, trataron de sacarle el mejor provecho a la situación. Cientos de personas llegaron al popular Dupont Circle para una batalla con bolas de nieve que se organizó a través de Facebook.

Otros sacaron esquís, tablas ‘snowboard’ y hasta canecas de basura para deslizarse. Y fueron varios los que mataron el tiempo haciendo muñecos de nieve, esculturas y hasta iglús.

Los que se resguardaron, o estaban atrapados en sus casas, sacaron partido de la parálisis. Adam Isacson, del Centro para la Política Internacional, se leyó tres libros sobre Colombia que tenía pendientes en su mesa de noche.

Y en la casa de este corresponsal, como en la miles de personas, se armaron rompecabezas y se inventaron juegos para mantener a los niños entretenidos y sortear una situación que tiene hasta un término psicológico: ‘Cabin fever’, (Fiebre de cabaña) que no es otra cosa que el desespero e impaciencia que produce estar encerrado durante un período largo de tiempo.

Con el paso de los días, es lógico, la situación tenderá a mejorar. Contreras, probablemente, no regresará a Colombia, las calles serán despejadas, la nieve se irá derritiendo y regresará la normalidad. Y si bien se prevé que habrá más nieve (se espera otra pequeña tormenta esta semana), la sensación es que ya lo peor pasó. Después de todo, la primavera no se ve tan lejos.

eltiempo.com
SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON



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