Tanto el pasado como el presente del pueblo haitiano deben ser tomados como ejemplos y con beneficio de inventario por los movimientos sociales contemporaneos

Por • 15 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

El pueblo haitiano fue el primero de Latinoamérica y El Caribe en liberarse del colonialismo europeo, a partir de 1.794, bajo el mando de Jean-Jacques Dessalines, Toussaint L´ouverture, Henri Christophe y Alexandre Pétion, de inmediato descubrió su hermandad con los demás pueblos de América y entendió que su libertad no perduraría sin el logro y consolidación de la libertad de estos. Por ello desplegó todo un derroche de solidaridad con las causas libertarias que lideraban Bolívar, Miranda, Artigas y San Martín, entre otros. No solo dándoles toda la ayuda material del caso, sino también poniendo a su disposición tropas altamente calificadas, e instruyéndolos en las estrategias y tácticas militares más adecuadas para enfrentar con posibilidad de éxito a los poderosos ejércitos regulares europeos.

Pero los dirigentes de la Revolución Libertaria y Patriótica Haitiana no contaron con una ideología revolucionaria y una propuesta de Estado propia y coherente con el momento histórico, solo contaron con sus ansias de libertad, sus valores culturales y su espiritualidad ancestrales africanas, recreados en el nuevo contexto geográfico y sociohistórico, y con influencias de la forma de gobierno feudo-esclavista colonial y de la Revolución Francesa, por lo cual desde el primer momento se dedicaron a tratar de imitar los modos de vida y de gobierno de sus antiguos opresores, autoproclamándose emperadores, presidentes vitalicios y adoptando conductas tiranas con sus gobernados, por lo cual en las mayorías siempre reinó la inconformidad; situación que fue aprovechada por los imperialistas para su retoma del control sobre este país. Solo Alexandre Pétion, quien gobernó el sur entre 1.806 y 1.818, quiso orientar al nuevo país por los senderos más progresistas de la democracia burguesa que empezaba a prevalecer en Europa. Sin embargo no pudo llegar muy lejos como consecuencia del bloqueo y el embargo económico impuestos desde Napoleón Bonaparte a partir de 1.802, después de que el pueblo haitiano le derrotara sus últimos ejércitos enviados e integrados por más de 25.000 veteranos de las guerras europeas, en lo cual el imperio francés contó con el respaldo de los demás países europeos y de los gobiernos de las nuevas repúblicas americanas, quienes han tenido frente a este heroico pueblo hermano una actitud inconsecuente e ingrata. La guerra con Francia le costó a Haití la pérdida de cerca de la mitad de su población, además de la captura y aplicación de la pena de muerte a un importante grupo de patriotas. Entre ellos Toussaint L´ouverture, a quien el Gobierno Francés condenó a morir de frío, semidesnudo en una celda en el invierno de 1.803, en París. Y para nuestro orgullo, Toussaint jamás intentó pedir clemencia ante el despotismo francés, jamás intentó renunciar a los principios libertarios rectores de la Revolución Haitiana, murió en su ley de combatiente revolucionario inquebrantable por la libertad y la justicia social.

Posteriormente Francia se dedicó a generar el caos en Haití, imponiendo presidentes y dictadores comprometidos con sus intereses económicos y políticos, procurando impedir la consolidación de una sociedad haitiana democrática, progresista y de altos niveles de vida, construida por exesclavos. En lo cual también ha contado con el respaldo de los más connotados sectores imperialistas de occidente, como la forma de cobrarle a Haití la osadía de haber derrotado a entonces una de las puntas de lanza del imperialismo mundial y de haberse convertido en ejemplo y punto de apoyo de otros procesos revolucionarios mundiales. Pues hasta los líderes del naciente movimiento obrero europeo en sus arengas, consignas y comunicados hacían alusión al proceso libertario y emancipatorio haitiano como ejemplo a seguir.

A partir de 1.915 los Estados Unidos de America invaden e intervienen a Haití hasta 1.947, utilizando parte de su territorio para la producción de buena parte del caucho que necesitaba su pujante industria automovilística, e intensificando los monocultivos de cacao, café, caña de azúcar, sisal, banano y algodón, para abastecer a sus industrias, y comprometiéndose con Francia a garantizarle el pago del infame e ilegal embargo que impuso a Haití desde el logro de su independencia. La mayor parte de las tierras dedicadas a los monocultivos intensivos quedaron áridas. Finalmente USA, además de haberle saqueado su fisco público, le impuso a Haití una cuantiosa deuda, por concepto de su propia invasión, y un tratado comercial de una sola vía, a través del cual le inundó su mercado nacional con productos de consumo masivo y de la canasta familiar, propinándole el golpe de gracia al estrangulamiento de su economía, incluida la agricultura. De allí lo justo de la actitud de rechazo de los actuales movimientos sociales de América, frente a los “Tratados de Libre Comercio” propuestos por USA, pues solo han traído miseria y ruina a nuestros pueblos.

De esta manera, en alianza macabra los imperialismos USA y francés han expoliado al pueblo haitiano pagándole salarios miserables, saqueando sus recursos naturales y sus exiguas finanzas, para lo cual han fomentado la inestabilidad político-administrativa imponiendo presidentes y dictadores peleles como los insaciables criminales de la familia Duvalier, y finalmente convirtiéndolo en el pueblo más pobre de América y uno de los más pobres del mundo. Precisamente los graves estragos del reciente terremoto, donde han muerto más de doscientas mil personas, se debieron al tipo de vivienda pobre en cemento y estructuras metálicas, y sin prevenciones antisísmicas a que ha tenido que recurrir el pueblo haitiano. Pero sin lugar a equivocarnos, los daños causados por los imperialismos al pueblo haitiano durante toda su historia, han sido más graves que los causados por todos los terremotos, maremotos y tsunamis juntos.

Esta misma táctica romana de generación del caos sociopolítico, de asesinatos selectivos, de imposición de dictaduras sanguinarias y de presidentes peleles las han utilizado los imperialistas occidentales en Centroamérica, en el sudeste asiático y en África. Precisamente por esta fecha se conmemora el 49 aniversario del secuestro y desaparición del siempre gratamente recordado Patrice Emery Lumumba y de sus más cercanos colaboradores, a manos de los servicios secretos belgas, de los Estados Unidos de América y Gran Bretaña, y tristemente con la complicidad de la Organización de las Naciones Unidas, y desde ese momento reinan en el Congo el caos y el crimen, en medio de los cuales las potencias occidentales han dado continuidad al saqueo y expoliación del pueblo congolés y

otros pueblos vecinos, ahora ya no con su presencia física, sino recurriendo a esbirros, testaferros y mercenarios nacionales, a quienes dotan de las armas más mortíferas para asesinar a todo aquel que se atreva a reclamar por los derechos y dignidad de su pueblo, y para mantener la intimidación general. Claro, Lumumba en su calidad de presidente del Congo, fue el primero en liderar un proceso de liberación nacional antiimperialista y de corte socialista en África, y al igual que al pueblo haitiano y sus líderes legítimos, los imperialistas occidentales le cobraron demasiado caro, y le están cobrando demasiado caro a su pueblo esta osadía.

El caso del pueblo haitiano además de haberse convertido en un ejemplo a seguir por los demás pueblos del mundo durante el siglo XIX, encuanto a la posibilidad de lograr sacudirse los yugos por poderosos que sean, a través de sus luchas, y la trascendental importancia que evidenció de la solidaridad de clase en los procesos libertarios, también evidencia la necesidad de contar con una ideología propia e históricamente coherente que les ilumine el camino a seguir para enfrentar con éxito a sus enemigos y opresores, y el proceso de construcción de una nueva sociedad consecuente con sus aspiraciones de libertad, bienestar y progreso social. De allí el gran valor histórico de la obra de Marx, Engels y Lenin, quienes dedicaron sus vidas a construir la ideología libertaria universal de los trabajadores y pueblos del mundo, la ideología de la transformación socialista de la sociedad, concibiéndola como una guía para el accionar revolucionario y libertario, que se debe contextualizar con la realidad concreta de cada país, sociedad o comunidad. De allí el odio que les han tenido los burgueses e imperialistas y sus representantes por todo el mundo, y la eterna campaña de desprestigio a que han sometido a su ideología. Pues se trata de impedir a toda costa a que los pueblos se apropien de tan poderosa herramienta.

Ideología esta que ha sido sometida a rigurosas pruebas con la Revolución de Octubre de 1.917 y la construcción del socialismo en Rusia y otros países de Europa Oriental, hasta que la mayor parte de los dirigentes de dichos procesos se dejaron invadir nuevamente de la ideología burguesa e imperialista, traicionando a sus pueblos, convirtiéndose en una parranda de corrompidos que se aliaron a sectores imperialistas para saquearlos en aras de su nueva vida burguesa, llevando después de más de medio siglo al fracaso estos importantes procesos de construcción socialista, que por primera vez para la humanidad habían garantizado plenos empleo y satisfacción de las necesidades básicas a toda la sociedad. Hoy la ideología y la causa socialistas continúan superando todas las pruebas en nuestra Cuba y otros países de África y Asia, y empiezan a enfrentarlas en algunos países latinoamericanos.

En más de dos siglos de vida republicana ha quedado demostrado que el capitalismo no es solución alguna para pueblos como el haitiano, que ese sistema socioeconómico con sus compañías transnacionales son totalmente infames e indolentes, y no les importa sumir a los pueblos en los más lamentables niveles de miseria y degradación social, en aras de multiplicar sus ganancias y riquezas. Sin lugar a dudas la opción para Haití es el socialismo, pues no se trata de levantarse de las ruinas para entregarle este ingente esfuerzo a unos cuantos para que se enriquezcan y den continuidad a la opresión histórica, se trata es de construir una sociedad soportada en la justicia social, de bienestar social general y donde todos los sectores populares de una vez por todas se sientan reivindicados.

A pesar que las dictaduras asesoradas por la CIA y los servicios secretos franceses han sometido al destierro y al exterminio a los/as revolucionarios/as y demócratas haitianos/as, estamos seguros que en el seno del pueblo haitiano existen hijos e hijas capaces y dispuestos/as a reorientar a su pueblo por el camino correcto, quienes merecen todo el apoyo de las fuerzas democráticas y progresistas, y de todos los pueblos del mundo.

Los casos de Haití y del sucumbido campo socialista soviético también deben servir de lección a movimientos sociales como el afrocolombiano, sobre la necesidad de adoptar y mantener una ideología y comportamientos colectivistas consecuentes con la realidad de su pueblo, sus organizaciones y comunidades. Pues producen miedo ciertos/as afrocolombianas/as que son elegidos/as o promovidos/as a cargos de representación comunitaria, y posteriormente se convierten en pavos y pavas reales que desconocen la incidencia del Movimiento Social Afrocolombiano en este hecho y hasta a las colectividades que los/as promovieron y a nombre de las cuales han llegado a dichos espacios o posiciones, y al contrario, en muchos casos se convierten en áulicos de altos representantes del Estado y de ciertas “agencias de cooperación internacional” para buscar prebendas personales, finalmente prestándose para dar continuidad al engaño y al abandono de las comunidades.

Por ahora hay que continuar ofreciendo toda la ayuda posible al hermano pueblo de Haití en aras de contribuir a que se levante de tan terrible calamidad, especialmente consignando en las cuentas bancarias habilitadas por la Cruz Roja Internacional y firmando los requerimientos que están haciendo algunas organizaciones sociales internacionales, de pago de la abultada deuda por más de 20.000 millones de dólares que tiene Francia con este sufrido pueblo, para que se le reintegre bajo la forma de reparaciones, buena parte de lo saqueado por los imperialismos por más de cinco siglos, y para que todos los organismos de cooperación internacional se comprometan en su reconstrucción, bajo un sistema de gobierno democrático y progresista, porque de nada vale hacer esfuerzos ingentes para conseguir recursos que luego vayan a caer en las garras de los mismos corruptos históricos. AZABACHE, 2-2010.

osé Eulícer Mosquera Rentería



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