Autodidactismo y trabajo político de masas

Por • 15 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

En las décadas del 70 y 80 hacíamos trabajo político y social en una urbanización y barrios de Catia. Todo comenzó con un círculo de lectura, que al poco tiempo se hizo estrecho, por lo que pasamos a la actuación social y luego política. El paso a lo social lo hicimos hacia aquello que más nos afectaba, como la humanización de nuestro entorno: alumbrado, canchas, áreas verdes. Esto involucró a un mayor número de jóvenes y nos mostró el rostro de sus necesidades, iguales a las nuestras. Necesidades de cultura, organización e ideas. Esto nos obligó a ir más allá y entrar en contacto más humano con esos jóvenes. Todo esto sucedía porque teníamos iniciativa. Iniciativa de comenzar algo, de hacer algo que pudiera transformar nuestro ambiente que pudiera hacernos más felices, más completos. Nos sentíamos capaces. Ahora sabemos que cuando se quiere, se debe comenzar por lo más sencillo, lo que nos llevará a integrarnos con todo, hacia lo más complejo.

Con la creencia de conseguir apoyo y ayuda para desarrollar nuestro trabajo, nos inscribimos en un partido de izquierda. Pero nuestra raíz de vida, nuestro sentido de ser ideológico, organizativo y personal, estaría siempre en el seno del movimiento de masas que habíamos comenzado a impulsar. Movimiento, que vimos crecer, porque llegaría a ser con un pequeño impulso inicial, un verdadero poder popular organizado.

Todo esto ocurría sin preparación previa ideológica, sin orientación política, a pesar de nuestro nivel cultural mínimo, casi inexistente y grado académico nulo. Incitados por unas ansias de crear y cambiar el mundo, y con una seguridad de poder hacerlo, nos conformamos en una pequeña organización política llamada célula, que orientaba, sugería y muchas veces dirigía al movimiento de masas en formación. Pero nada de eso venía de la dirección regional ni de más arriba de dicho partido. Los que nos dio esa organización fue una estructura, la cual usábamos para los intereses de las masas populares del barrio, porque los intereses del partido muchas veces eran abstractos, de políticas internacionales y nacionales que no coincidían con lo local. Su dirección no se dejaba enseñar. No lo entendíamos y ellos menos. Aprendimos a soportarlos y ellos a nosotros. Todo esto evidenciaba nuestra capacidad autodidacta en acción. Cualidad que nos orientaba, manifestándose en creatividad, seguridad e iniciativa revolucionaria.

En un principio éramos una pequeña célula de seis personas. Con el tiempo hubo de ser fraccionada para otra nueva en sectores vecinos. Motivábamos a un círculo mayoritario de jóvenes, quienes ayudados por nosotros impulsaban actividades culturales y deportivas. Y sin forzar a nadie, le dábamos la formación política a aquellos que les llamaba la atención nuestro trabajo de dirección política de masas, creada por nosotros e ignorada por nuestro partido, que lo reconocía teóricamente pero eran incapaces de verlo en la práctica.

Para iniciar operaciones, comenzábamos acercándonos a los líderes naturales de la zona. Si vivíamos en el lugar, era más fácil. Era necesario que nos conocieran, probaran nuestra honestidad y solidaridad y reconocieran que nuestro interés era ayudar y no incorporarlos a las filas del partido. Sabíamos que no todos están llamados a la militancia política y es algo que debe ser voluntario. Eso fue corroborado por la experiencia. Sin darnos cuenta queríamos ser vanguardia lúcida del movimiento de masas.

En más de una ocasión estos jóvenes se incorporaban a la labor del partido en la propaganda y asistiendo a sus actos, lo hacían de la manera normal. En esos momentos parecía que la labor de masas al entrar en contacto con la labor política, se fundía. Y así como se fundían se separaban. No poníamos condiciones ni imponíamos nada. La dirección política de la célula era reconocida y respetada, al igual que la dirección del movimiento de masas. La ventaja estaba en que nos unía un mismo objetivo, un mismo interés: los problemas de la comunidad. Cuando el movimiento de masas estaba en su auge, había momentos que esa acción social tomaba el control político de la célula. La fusión creaba al verdadero poder popular. ¿Cómo explicar esto a la dirección del partido? Estaban en las nubes. Como ahora siguen estando.

Toda esta forma de ver el trabajo político y el de masas nos traía problemas serios con la dirección del partido en que militábamos. Ese partido veía nuestro trabajo oportunistas, reformistas y economicista. Una desviación a su política, ya que según ellos, no incorporábamos a las masas al partido. Para las épocas de elecciones en ese sector la votación favorecía a dicho partido de manera abrumadora, ante los partidos del sistema. En este trabajo estábamos sin la ayuda del partido en que militábamos y por el otro, sin ayuda de las instituciones públicas, que en ese tiempo estaba en manos de la burguesía. Además, todos en el barrio sabían que la célula dirigía todo eso.

Esta célula le daba dirección a la lucha reivindicativa. La sacaba de la espontaneidad. Contribuíamos a su organización y formación y a su vez recibíamos un impacto de su desarrollo, exigiéndonos más preparación, más capacidad de acción, más esclarecimiento. Todo esto era una situación política de primer orden para un partido de izquierda. El trabajo social se elevó tanto de nivel, que se transformó eminentemente político.

Hacíamos trabajo político de masas. Nunca, como ya dijimos, tratábamos de apoderarnos del movimiento de masas, ni incorporarlos políticamente. Asesorábamos, ayudábamos a organizar. A los más cercanos pedíamos colaboración para mantener el periódico de la célula, en la que se daba cabida a lo reivindicativo, lo político y lo ideológico. Aquéllos que nos mostraban su voluntad, los incorporábamos a la célula. Esto nos permitía crecer y fraccionarnos para formar células en otros barrios, donde procedíamos como habíamos comenzado.

Dentro de la célula estábamos organizados a la manera tradicional en cultura, educación e ideología, finanzas, político, organización y masas. Todas estas secretarías tenían vida gracias a un plan único, que abarcaba toda la práctica social en la que nos involucrábamos. Prácticamente todo nuestro entorno político, social y económico más cercano, el cual conocíamos como nuestra palma de la mano, lo manejábamos con cierta destreza, que envidiaban los partidos de derecha en el sector. Nunca descuidábamos nuestra preparación ideológica y política, que era permanente, no solo con lecturas, sino con el estudio de la realidad en la que trabajábamos incesantemente. Esa realidad que no aparece en los libros. Pero que la podíamos asimilar y teorizar confiando en nuestra capacidad autodidacta.

El estudio de la realidad se comunicaba a través de la discusión, la lectura y la escritura. Tres actividades permanentes del autodidactismo que no deben faltar en las bases de un partido. Además de la creatividad y del impulso que da la iniciativa. Estas actividades autodidactas de la célula nos daban cohesión ideológica y unidad de acción, colocándonos en el gran compromiso de ser la vanguardia del movimiento de masas. Todo unido a su vez a un interés central, un eje de oro: nuestra preocupación por la situación del barrio y sus habitantes. No había otro interés.

Todo en la discusión lo analizábamos. En la lectura de nuestros miembros iba de todo: teatro, poesía, novelas, filosofía, historia, psicología, política y muchas cosas más que directamente no tenían que ver con el trabajo que realizábamos. En la escritura creábamos especies de instructivos o teorías que nos orientaba a ejercer la acción de la que nos habíamos puesto de acuerdo después de la discusión. Realmente era una forma de teoría para la acción. Así para realizar la práctica de trabajo político de masas, nos mantuvo siempre vigentes nuestro sentido autodidacta, individual y colectivo.

Si es verdad que la teoría prende en las masas. Eso lo comprobamos también. Las masas aprenden en la práctica y luego te exigen más. Por lo que debíamos tener más preparación en todo. Sino dejas de ser vanguardia, el movimiento de masas pasa por encima de lo que sea. Puede que se estanque, puede que se vuelva a transformar en espontáneo. Lo que podría manifestar la necesidad de una vanguardia constante. Llegó un momento en aquel tiempo, en que el movimiento de masas, del cual había un organización, se cohesionó y tomo las riendas de sus pasos. Habíamos presenciado el nacimiento del poder popular. A lo que pasó la célula a ser un asesor más de ese poder popular. Un poder popular que ejecutaba. Tenía dirección política plena de su destino.

José A. Rangel A.
14/02/2010
jarach16@hotmail.com



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