A un Samán no le tumban el plante

Por • 15 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Carta abierta a Eduardo Samán pero pueden leerla “los iniciados”

“Pa’ lante, pa’lante como un elefante y Maelo no dejes que te tumben tu plante” Ismael Rivera. Canción “El Nazareno”.

Estimado Samán:

Sabemos que debe ser difícil para tí. Despido indirecto lo llaman, camarada.

Algunos opinamos que fué un pacto con la rancia oligarquía criolla: la cabeza de Ravell por la cabeza tuya. Eso lo sabrán Zuloaga, Mezerhane, Cisneros, Chávez y quién sabe cuantos “iniciados”.

El caso es que tú eres un guerrero. Eres un revolucionario. Necesitamos que seas de “los que luchan toda la vida”, es decir, un indispensable. En cualquier trinchera donde estés o te “designen” el o los que pueden designar a los hombres y mujeres que cumplen funciones de gobierno, porque “el pueblo” naturalmente no es. Y decimos “el pueblo” y no “el poder popular” porque sabemos y estamos seguros de que el pueblo existe, en tanto que el “poder popular” no lo vemos por ninguna parte. Existe la frase, las palabras, pero en la práctica no vemos, no sentimos el “poder popular”.

En todo caso los ciudadanos “de a pie”, los que somos y hemos sido revolucionarios toda nuestra vida, no participamos en la toma de decisiones. Por los momentos la única participación y protagonismo que tenemos en esta democracia “participativa y protagónica” sigue siendo hacer la cola para votar. Revolución numérica porque “las matemáticas son exactas”

Se dice que para conocer a un hombre hay que darle poder. Por eso te conocemos, porque has tenido poder y haz usado ese poder para hacer lo único que sabes hacer: trabajar, luchar, joderte, pues.

Te hemos visto con tu equipo, trabajando, sudando como uno más, acarreando sacos de azúcar, arroz, etc., para venderle al pueblo a precios solidarios, estos productos comisados, como se dice ahora, a los hambreadores del pueblo. Te hemos visto sentado en la batea de un camión comiéndote una bala fría junto a los trabajadores. Donde no te hemos visto es sentado en un restaurant de lujo, ni paseando por Las Vegas, ni por las calles de Nueva York de “shopping”, ni en París, viendo un concierto de Madonna, ni echándote un escocés a bordo de un yate, ni refrescándote en una enorme piscina, como hemos visto a otros funcionarios, gráficamente, gracias a la internet. Tampoco te hemos visto ataviado con una corbata de seda italiana, ni con un traje “Armani” ni hemos visto en tu muñeca un reloj “Audemars Piguet”, ni te hemos visto calzando unos “Farragamo”, ni manejando un “Audi” o un “BMW”.

Sabemos que tu profesión es licenciado en farmacia, sin embargo -hasta los escuálidos lo dicen- sabes mucho de informática, de software libre, de patentes, entre otras cosas, es decir, eres lo que llaman una persona preparada, que ha estudiado y sigue estudiando bastante.

Sabemos que has desempeñado cargos de director de organismos “ande hay” (SAPI, SENCAMER, INDEPABIS) que pueden ser el paraíso para un corrupto y sigues llevando una vida modesta, sin lujos, que no has adquirido una quinta “en el este de Caracas”. Eso lo sabemos camarada.

También sabemos que ya no eres ministro de Comercio. Ayer lo oímos con estupefacción. Parece que “por ahora” la orden es que sigas como director del INDEPABIS. Estamos seguros de que lo vas a aceptar, porque lo tuyo es trabajar, luchar. Y si no te designan para ocupar ningún cargo público, lo sentimos por Venezuela, por el pueblo, por los desposeídos, pero sabemos que nadie te puede impedir que sigas en la lucha, en cualquier trinchera.

Sabemos que no vas a dejar que te tumben tu plante. Estamos seguros de que eres un indispensable.

El Nazareno me dijo que cuidará a mis amigos.

Un abrazo, compatriota.

Anhelle Anjibur
ananjibur@gmail.com



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