Carta a Luis Felipe

Por • 10 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Desde que te mataron en Mesa Pelada casi nada ha cambiado, Luis Felipe. Los pobres siguen siendo más pobres y los ricos se han multiplicado. Los que gobiernan siguen asesinando y el Estado no está al servicio de los ciudadanos ni trabaja para su felicidad, tal como lo soñaran Marx y Aristóteles. Al contrario, está al servicio de las transnacionales que tú conociste, pero que ahora son más soberbias, insolentes e impunes.

Los que gobiernan han entregado nuestras riquezas a la voracidad de la gran minería, que no paga impuestos, sino que voluntariamente deja algo de migajas, con la anuencia cómplice del Presidente. Sigue la corrupción, cada vez más generalizada. Y el Parlamento apesta.

Seguramente supiste de Fujimori, el terrorista asesino, que fue condenado a 25 años de prisión, y de Montesinos, otro criminal, y de todos los carniceros del grupo Colina, banda de homicidas despreciables que jodieron más nuestra fe en la bondad del hombre.

Hubo una guerra interna que causó más de 70 mil muertos, debido al ejército, a la policía y a un grupo de peruanos que se autodenominaron por el Sendero Luminoso de Mariátegui y cometieron espantosas matanzas, en nombre de una revolución que tú no imaginaste.

Apareció una corriente llamada Teología de la Liberación, a favor de los pobres, pero el Vaticano la condenó, pues los jerarcas piensan que con decretos pueden impedir la rebeldía de los explotados que desde Túpac Amaru y Micaela ya no tienen paciencia para aguantar nada, y por eso, en la Curva del Diablo se levantaron, pero el gobierno, dirigido por Alan García, los asesinó.

Afirman, sin embargo, los poderosos, que estamos creciendo al 9 por ciento anual, y que la pobreza extrema ha disminuido algún porcentaje, pero no dicen que a ese ritmo pasarán cuando menos 80 años para que no existan pobres, si es que el capitalismo salvaje deja de producirlos, lo cual es imposible, pues sería como pedir que el escorpión deje de morder, hecho tan simple que hace ya más de veinte siglos fue comprendido por Esopo, ese gran fabulista griego.

Ahora proclaman la muerte de las utopías y dicen que debemos subir a las locomotoras del mercado y la globalización, pero ocultan que hay miles de millones de personas que tienen menos de un dólar al día para sobrevivir, que comen basura, que no tienen oportunidades, que regalan a sus hijos para que no mueran de hambre, y no dicen que la prostitución ha aumentado, y que ahora las llaman trabajadoras sexuales, e incluso hay un denominado sector sexo, en el cual contabilizan los millones de dólares que ingresan a la economía por prostituir a niños, a niñas, a las mujeres hermosas de nuestra patria.

Tú no lo hubieras permitido, Luis Felipe. Por eso rompiste con el Apra traidora y fundaste el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Y te fuiste a cazar la esperanza a los montes de Amaybamba, a morar con los pájaros y los pumas, con los campesinos que amabas, pues no te quedaste a engordar en tu sillón de abogado, sino que diste, generoso, tu pasión, tu vida y tu ternura.

Cayó el socialismo burocrático, pero Cuba sigue digna, Fidel descansa, y Juanes cantó en la Plaza de la Revolución. No sólo Cuba, ahora también avanzan Venezuela, Bolivia, Ecuador, y hay una enorme esperanza que crece en toda América Latina, “como crece la sombra cuando el sol declina”.

Abisa a los compañeros Javier, Rubén, Guillermo, Máximo, también a Camilo, al Che, a Miguel, a todos los que murieron en esos años heroicos de la Patria Grande. Diles que su sueño no ha sido en vano, aunque los cínicos y fracasados neoliberales digan lo contrario. Te envío estas palabras para que permanezcas tal vez tranquilo, ahora que recordamos tu caída en combate, el 23 de octubre de 1965, en la zona guerrillera Ilarec Ch’asca, Estrella del Amanecer.

Un abrazo, Luis Felipe; hasta pronto, Comandante.

Gustavo Benites Jara



Tu opinión es importante. Escribe un comentario