Manifiesto comunista, hombre nuevo y otras entelequias

Por • 6 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Sería una mezquindad tratar la obra de Carlos Marx en forma despectiva y descalificante, como lo sería tratar cualquier idea o filosofía sin tomar en cuenta el contexto de la época en que surgieron y se desarrollaron. Es el tipo de actitud que se ve en las películas mediocres de los años 60 en que los héroes (protagonistas) situados en épocas pasadas enfrentan a las injusticias derivadas de interpretar la sociedad pasada con criterios de varios siglos después. Es así que se ven en esas películas protagonistas que, por ejemplo, son piratas ingleses pero proyectan conductas democráticas y mucho mas “civilizada” que sus contrapartes españoles o franceses.

El caso es que la historia lleva un ritmo absolutamente acompasado al pensamiento y a las circunstancias en las cuales se circunscribe y no podría ser de otra manera. Es así que en una época en la cual el abuso de poder era la orden del día y este abuso se proyectaba en todos los ámbitos, en un ámbito particular, las fabricas y lugares de trabajo, surgieran  situaciones de descontento y protesta que finalmente llevaran al desarrollo de ciertas ideologías y maneras de interpretar los fenómenos sociales que las causan, o simplemente de manifestar el descontento.

En el prologo de Engels de la edición alemana del Manifiesto Socialista se pueden  saborear ciertas citas muy interesantes que a continuación se exponen.

Cito:
La historia de este documento refleja, pues, hasta cierto punto, la historia moderna del movimiento obrero desde 1848. En la actualidad es indudablemente el documento más extendido e internacional de toda la literatura socialista del mundo.

Ya en esa época Engels supo precisar también que paralelamente a los movimientos obreros había otras categorías de “socialistas”. Unas eran las que abrazaban diversos sistemas utópicos y entre ellas los owenistas y en Francia los fourieristas, que poco a poco se habían reducido a pequeñas sectas agonizantes. En el otro grupo están los charlatanes sociales de toda índole, los que aspiran a remediar las injusticias sociales con potingues mágicos y toda serie de remiendos, sin tocar en lomas mínimo, claro está, al capital ni a la ganancia. Gentes unas y otras ajenas al movimiento obrero, que van en busca de apoyo para sus teorías en las clases “cultas”.

Eso lo escribió Engels en 1890 y parecen más bien profecías que se ven magníficamente representadas en los movimientos “pseudo-revolucionarios” que utilizan como coartada variantes genéricas del socialismo tales como el Socialismo el siglo XXI, el panamericanismo, los movimientos indigenistas, los conservacionistas ambientales y toda gama de propuestas a la moda. Este tipo de “potingues” como señalara Engels no tocarían el capital ya que funcionan enraizadas en él, debido precisamente a que tratan de implantarse sustentadas en grandes sumas de capital provenientes del mercado petrolero capitalista y del manejo de las “rentas” provenientes de los impuestos al capital.

Tenemos sin ir más lejos el caso de Venezuela donde es precisamente el estado el mayor acumulador  y administrador de capital y son las empresas del estado las que se apropian con mayor voracidad del diferencial de valor agregado al producto, creado por los obreros. Ninguna empresa privada paga tan mal como las empresas del Estado Venezolano, por solo poner un ejemplo. Si los patronos privados se apropian de la plusvalía, (valor que el trabajo no pagado del obrero asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y del que se apropia gratuitamente el capitalista) que podemos decir del patrono que paga menos al obrero, El Estado; que se ha apropiado gratuitamente de mucho  mas de su trabajo.

Si a un obrero la GM de paga 75 dólares por día a un obrero en Michigan y otro obrero cobra en China 75 dólares al mes por un trabajo similar cabe preguntarse: ¿Dónde ha sido robado mas el producto del trabajo de esos obreros?… ¿En donde ha sido más explotado el obrero?

Pero no es este el tema que se intenta descifrar.

Cuando Marx y Engels, en una manifiesta expresión de justicia y claridad intelectual se dieron a la tarea de producir este manifiesto comunista rondaban los años 1840-1850. A ellos se les encargó en un congreso de la Liga Comunista  celebrado en Londres la redacción detallada de un documento teórico práctico destinado a la publicidad, que sirviera de programa del partido.

Esta iniciativa contrasta manifiestamente con la ausencia manifiesta de algo similar que sirva aunque sea para unificar criterios sobre lo que con tanta insistencia propagandística se comenta sobre el socialismo del siglo XXI en Venezuela. Es así que después de  siglo y medio de propaganda a lo largo y ancho del mundo, los proletarios de Venezuela y de otros tantos países latinoamericanos como Ecuador, Bolivia o Nicaragua  no han leído aun aunque sea un pequeño panfleto que delinee o bosqueje cuales son las alternativas al capitalismo salvaje que intentan enfrentar.

A pesar de que Marx ponía toda su confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, fruto de la acción conjunta y la discusión, vemos con profunda tristeza que los obreros de hoy, más de 160 años después no están nada interesados en su manifiesto, prácticamente en ninguna parte, incluyendo en los países donde el comunismo impero por mas de70 años.

Cuando Marx y Engel propusieron la lucha de clases y las reivindicaciones de los obreros en las fábricas, este tipo de economía capitalista se reducía a una pequeñísima porción del planeta, que seguramente no representaba al diez por ciento de la población del mundo. Una buena parte del globo aun se regía por sistemas feudales en el mejor de los casos y la gran mayoría del planeta aun luchaba contra la edad de piedra. El solo titulo de obreros del mundo era por sí misma una falacia.

Lo más interesante de todo esto es que el extravío ideológico es tal en estos mismos momentos, 160 años después, que se intenta fomentar el socialismo en países como Bolivia donde más del 80 % de la población es indígena y se sostiene bajo una economía rural sustentada en la misma cultura ancestral, que esta tan lejos del capitalismo londinense de la época de Marx como lo estaban los egipcios.

Pero no solo hay enormes contradicciones en esta materia.

Cuando los “intelectuales”  cavilan sobre la naturaleza humana y conciertan conceptos relativos al hombre lo hacen como si en realidad el planeta estuviera habitado por una sola persona y es así que sus definiciones calzan apropiadamente con el resto de sus desatinos.

Es así que le fue fácil a Carlos Marx y a Federico Engels, por motivos netamente propagandísticos, como ya fuera demostrado, definir al “hombre nuevo” su  magnífico objetivo ideológico. Toda la parafernalia ideológica comunista queda subordinada a dos postulados fundamentales muy atractivos. Una era la dictadura del proletariado, que sería culto, y la otra el surgimiento del hombre nuevo, indispensable para cubrir la inmediata contradicción que origina la primera.

Analicemos la primera para ver cuáles son tan solo algunas de las contradicciones.

Asumamos que es posible un gobierno dictatorial bajo el control del los proletarios, es decir, los trabajadores de las canteras, de las minas, de las fabricas y del campo. Debería ser una labor titánica lograr que estas personas, sometidas a los trabajos más duros y a veces viles, les quede tiempo y voluntad para dedicarla al autogobierno y la ilustración, dejando al lado el licor y las prostitutas. En todo caso deberían delegar su soberanía y poder a otras personas que las representaran, y que deberían poseer mucho más experticia política y administrativa. Estas personas no serian ya obreros entonces, sino profesionales de diversas disciplinas, como la economía, las ciencias políticas y sociales. Sin lugar a dudas, personas de mayor cultura y acceso al poder, muy probablemente no tendrían el tiempo o la disposición para dedicarlo a su prole y muy seguro que no poseyeran prole alguna. La historia reciente lo demostró rotundamente. En los países comunistas no hubo nunca una dictadura del proletariado sino una dictadura de las elites burocráticas donde los presidentes eran casi siempre los antiguos jefes de los aparatos de inteligencia y represión del estado.

Lo que si era realmente evidente, es que los proletarios nunca mandarían y lo que tampoco era tan evidente, pero cayó por su propio peso, es que tampoco los proletarios se desarrollaron intelectualmente, siguieron dedicando la mayor parte de su escaso tiempo libre al alcohol y los demás vicios de siempre.

En nuestros días y en nuestras latitudes esta presunción fracasó con mayor evidencia. Ni los obreros ni los proletarios de ninguna clase fueron los que se hicieron con el gobierno de Venezuela, lo lograron los militares, profesionales y burócratas por naturaleza. Pero lo más contradictorio es que nunca antes los obreros y trabajadores de las fábricas habían estado tan lejos del poder como ahora, que casi siempre están en las calles recibiendo las descargas de perdigones y de agua a presión que provienen de los aparatos represivos del estado, el centro de todo el poder. Sin lugar a dudas Marx y Engels no atinaron en nada en lo que respecta al socialismo del siglo XXI de Venezuela.

Pero hay algo quizás más contradictorio aun y es que es precisamente el partido comunista venezolano uno de los cuales mas discrepa con el actuar del gobierno y eso sin nombrar a las demás agrupaciones políticas de la izquierda venezolana que están ahora jugando llave con la derecha  para ver si de quitan de encima lo que ya se proyecta claramente como una dictadura militar disfrazada de demócrata y de socialista.

Mientras tanto, el poder, en manos de los militares, celebra el cuatro de Febrero, día del golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez, como un día de la Dignidad nacional, con desfile militar y todo.  Todo esto en nombre de los proletarios del mundo pero totalmente al margen de los proletarios venezolanos que no sean representados por turbas de trabajadores de la informalidad o cuasi-esclavos, explotados por el estado.

Valdría la pena preguntarse cuántos proletarios hay en el gabinete de Chávez, donde ni siquiera la ministra del trabajo tiene algo de proletaria o algo que ver con el proletariado. Más aun, es ahora que después de siete años sin discutirse en contrato colectivo de PDVSA en la discusión del mismo no toma parte ningún sindicato de trabajadores petroleros, solo los patronales. A menos que seamos de esos que creen que un sindicato conformado por las fichas del partido del gobierno puede llamarse realmente sindicato.

Un sindicato organizado por el patrono no puede llamarse sindicato porque sería como colocar de árbitro de un juego al capitán de uno de los equipos y pretender que puede ser imparcial.

Pero la explicación del gobierno es mucho más simplista, todos esos sindicatos que no son oficialistas están conformados por apátridas y traidores a la patria… Todas las manifestaciones y huelgas que se pueden presentar en estas circunstancias son por ende intentos golpistas como reiteradamente repite el presidente socialista.

Esto realmente no es nada novedoso ya que en ninguno de los estados del bloque comunista jamás se permitió la existencia de sindicatos libres y la única vez que se supo de algo similar fue en Polonia, donde el sindicato “Solidaridad” liderado por Lech Walesa se enfrento al patrono, es decir, al estado socialista, sentando las bases para su disolución.

Habría que preguntarles a los trabajadores chinos que tal andan sus sindicatos… Por las condiciones de trabajo que imperan en ese país podemos deducir que no poseen ninguna cosa parecida a un sindicato.

Pero analicemos lo referente al “hombre nuevo”.

¿Como definían Marx y Engles el Hombre nuevo?

Esta es una definición tomada de monografías.com “El marxismo y la formación del hombre nuevo”:

El pensamiento marxista, nutriéndose de toda la obra de creación humana que le antecedió, sitúa al hombre no sólo como centro de sus preocupaciones filosóficas, sino que propone las vías para lograr una verdadera existencia humana, y en ese sentido proyecta la formación de un hombre nuevo, un individuo superior, plenamente emancipado y desarrollado multifacéticamente en todos sus aspectos, es decir, perfeccionado espiritual, moral, físico y estéticamente.

Si no fuera porque tenemos fabulosos registros acerca de la vida de las personas que habitaban en los paraísos comunistas y sus características mas sobresaltantes esa definición no nos daría tanta risa.

Solo hay que ver las estadísticas de criminalidad en Europa antes y después de las oleadas de Hombres nuevos que les llegaron de los paraísos marxistas. Había que darse una vuelta por Rumania, Albania o Georgia para ver si encontramos algún hombre nuevo o si por el contrario encontramos los mismos rufianes de siempre pero en cantidades mucho mayores.

Sería menester comparar los índices de criminalidad de Inglaterra o Suiza con los de Bulgaria o Chechenia.

Pero veamos que pronosticaba Marx.

Con el hombre nuevo se producirá la autorrealización, el desarrollo del individuo y será posible la libertad personal.

Según Marx dado que el Estado es una institución opresora, su abolición constituiría una condición necesaria para la liberación del hombre.

Que lastima que Carlos Marx no pudo ver en que derivo toda su teoría, en todo lo contrario de lo que propuso, nada menos que la abolición del estado, y en su lugar el marxismo sirvió  de coartada para instalar mega – Estados, con tal concentración de poder como nunca antes se había visto y como Carlos Marx nunca hubiera podido imaginarse.

Solo bastaría ver un video sobre los preparativos y ensayos del gran desfile militar organizado en China para la celebración de los 60 años de comunismo, para ver con total nitidez al hombre opuesto al que describiría Marx como “nuevo hombre”

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Superiores, plenamente emancipados y desarrollados multifacéticamente en todos sus aspectos, es decir, perfeccionados espiritual, moral, físico y estéticamente.

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Perfeccionados espiritual, moral, físico y estéticamente. Después de 50 años de marxismo.

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Con el hombre nuevo se producirá la autorrealización, el desarrollo del individuo y será posible la libertad personal.

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Según Marx dado que el Estado es una institución opresora, su abolición constituiría una condición necesaria para la liberación del hombre.

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En algún lugar debajo de mucho acero estará  el hombre nuevo. Listo para erradicar de un solo bombazo a los que se resisten a la maquinaria “renovadora” del estado omnipresente y omnipotente.

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Es decir, para los clásicos del marxismo, la sociedad comunista liquidará la vieja división del trabajo sustituyéndola por una distribución racional de los diversos tipos de actividad, una distribución entre individuos, rica y multilateralmente desarrollada.

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Las semillas de los hombres nuevos ya brotan en Venezuela.

A MENUDO LA PASION HACE ENLOQUECER AL HOMBRE MAS HABIL, Y CONVIETE EN HABILES A LOS MAS NECIOS.

La Rochefoucauld.

ramon mediavilla diaz
ramonmediavilla@yahoo.es



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