El ideal obrero, la calumnia y la anarquía

Por • 3 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

El ideal del trabajador, que está claro en lo que representa en la sociedad, que está  claro en lo que deben ser sus luchas por alcanzar la liberación, no puede responder ni estar sujeto a posiciones individualistas, es decir no puede, ni debe dejarse arrear, como chivo manso.

Las luchas obreras no pueden ser utilizadas para encubrir delitos y alimentar estados anárquicos en un centro de trabajo. Tampoco se puede labrar el liderazgo sindical sobre falso piso, construido a través de la calumnia, la injuria, la difamación y las prácticas mafiosas de predisponer con artimañas a sectores vulnerables, contra quienes no hacen otra cosa que decir las verdades que siempre son duras y duelen, pero que necesario es aceptarlas y discutirlas en el campo de las ideas y no amparados en el patoterismo denigrante, que ha llegado en algunos casos  hasta al uso del sicariato.

Por eso no nos cansamos de repetir, aunque resultemos odiosos para muchos “líderes” de nuevo cuño, que  el movimiento obrero necesita nuevas estructuras de lucha, con nuevos actores, conscientes que sepan deslindar entre lo que es una lucha colectiva y lo que es utilizar a una masa trabajadora para alcanzar posiciones personales que les revista de “poder sindical”, para atropellar, coartar libertades y denigrar cuanto se le antoje y de quien le de la gana, contando conque pertenecer a una directiva sindical le da patente de corso, para la calumnia,la difamación  y el atropello.

Las luchas laborales son compromisos colectivos, por intereses igualmente colectivos y no facultan a nadie para infringir la Ley. Por eso debemos estar muy atentos en saber distinguir, entre lo que es una acusación privada, por difamación en contra de alguien, o una acusación por un delito común, que se ventila en los órganos expeditos y lo que representa una persecución patronal, por reclamos laborales.

Cuando esto último ocurre, porsupuesto que la masa laboral tiene que y debe estar presta a defender, no a alguien en particular sino a la causa que ese alguien defiende y por la cual está siendo objeto de persecución.

Lo primero que tenemos que hacer en las luchas laborales, es proscribir la enajenación del hombre, porque ese es el principio de la esclavitud. En otras palabras el trabajador debe ser consciente de lo que reclama, de las acciones a tomar, de su rol en el medio que se desenvuelve y jamás dejarse utilizar, hacer lo que otro le indique a través de la manipulación o lo que le obliguen a través del “terrorismo de grupos”, porque entonces su participación en el proceso que se adelante en cualquier ambiente, se está perdiendo,porque está enajenando su libre albeldrió y por ende sigue siendo esclavo, al permitir que alguien piense por él o que lo tutele en lo que es responsabilidad de todos y por ende de obligatoria participación.

En otras palabras, la época de la representación ya pasó, estamos en la democracia directa, proceso que comenzó incubarse en los 60, con la rebelión armada de obreros, campesinos y estudiantes, que tanta sangre costó, que luego de un letargo se encrespó el 27 F, cuando los cerros bajaron a reclamar justicia y se rubricó aquel 4 de febrero y el “Por ahora del Comandante”,que todavía sigue flotando en el aire, porque aún no hemos logrado los objetivos.

Tenemos el gobierno, pero necesitamos conquistar el poder y eso solo se logra a través de la fragua de la consciencia obrera, que es el acero que sirve de columna vertebral a la revolución.

En eso debemos estar claros. Debemos estar alertas, contra quienes vestidos de rojo rojito,juegan a la treta del ladrón. Ese mismo que te arrebata la cartera y luego corre y grita allá va, me robó..me robó.

Los mismos que han aplicado la representatividad de trabajadores para lograr sus aspiraciones personales, ven golpistas ahora en todos lados y hasta se atreven a hacer señalamientos públicos.

¿Y que dicen de sus coincidencias con la “Mesa de la unidad” en convocatoria de marchas contra empresas del Estado y el gobierno del presidente Chávez?

La  participación del trabajador en la transformación de los centros de producción no puede ser mediante el fomento de la anarquía, porque eso es alimentar la ingobernabilidad y potenciar la contrarrevolución.

Los trabajadores debemos participar en la conducción de las empresas, para generar mejoras en todo el lato sentido de la palabra; para que se conviertan de centros productores de mercancía para el mercado y su Ley, en generadoras de soluciones para satisfacer las necesidades del colectivo y bajo ese principio bíblico: “De cada cual según sus capacidades y a cada quien según sus necesidades”.

La participación no puede convertirse en mesa de rebatiñas y revanchas. Debemos y,  es imperativo distinguir, el ideal obrero de la calumnia y la anarquía.

Cástor Díaz
Periodista CNP 2414   cd2620@gmail.com cadiz2021@yahoo.es



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