Chávez y Robespierre en la Revolución Bolivariana

Por • 2 Feb, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

¿Esta minada la Revolución Bolivariana por una avanzada de Quinta Columna?……Anónimo.

La revolución bolivariana es el producto de una grave crisis económica, social y política que estalló el 27 y 28 de febrero de 1989, su gestación ha sido larga y su desarrollo rico en acontecimientos y contradicciones, protagonizados por el pueblo, su contenido político y social es (a pesar de los grandes acontecimientos sociales de 1989), burgués, por la alta participación de la derecha endógena en los tres niveles de gobierno. La participación de Hugo Chávez, uno  de los más igualitarios era  el reflejo de una vieja aspiración popular, y de una futura realidad, más que una alternativa retorica posible. 10años después, este es un capítulo de la Historia que hay que rememorar, porque es el principio de nuestra era.

Los pilares sociales e ideológicos del viejo orden son: burocracia  de la derecha endógena como el “Primer Poder» que monopoliza la administración pública, los mandos del Ejército y de la política, y sobre todo poseen grandes negocios como bancos, industrias, inmobiliarias, seguros etc.  Después la burguesía tradicional como el “Segundo Poder» que abarca todos los resortes de las comunicaciones mediáticas de IV Generación como la censura y el control de la oposición política, amén de poseer grandes riquezas  en particular agroalimentarias y financieras. Ambos « Poderes» con tentáculos en la Asamblea Nacional no vienen a representar numéricamente más que el cinco por ciento de la población venezolana, siendo por supuesto “manos muertas”, o sea, ociosas e improductivas. Ellos son el soporte de una boliburguesia gobiernera, y de la burguesía tradicional que, además de anticonstitucionales, resultan extraordinariamente caras, gravando con impuestos fiscales y devaluaciones la economía de los pobres, manteniendo un enorme déficit que sólo puede palear  el inteligente dueño de bancos. Los nuevos Boli burgueses y más en particular, la “reina mamazón” de la llamada “Carencia especulativa”, se  están ganando las iras del «pueblo pobre». La bancarrota gubernamental producto del alto costo de la vida producida por la incapacidad gubernamental de competir con lo que queda de industria privada “no expropiada” será la gota que derrame el vaso. Será por así decirlo, el inicio del movimiento que pueda dar al traste con el gobierno bolivariano.

El terreno para la revolución estaba ya preparado desde tiempo atrás; todo se confunde con las crisis y guerras económicas de las mafias pro-gobierno, que manifiestan la repulsa de las masas hacia la revolución buscando otras variantes o «herejías políticas»; se ha fortalecido una corriente de pensamiento basado en un socialismo mecanicista, y la confianza en el combate a la corrupción se ha desvanecido; los principios de la «soberanía popular», y del buen gobierno, son cambiadas por el pragmatismo, con aplicaciones perversas, propias del socialismo utópico más primitivo.

El terreno estaba abonado en los inicios de la revolución bolivariana, incluso incluyendo sectores de la misma burguesía, en cuyo seno cobraban vigor las ideas de la lucha contra la corrupción política, y de hecho una franja de ella se pasó a la revolución bolivariana y jugó un papel protagonista y moderado en  los inicios de la revolución bolivariana.

¿Será la llamada Campaña Admirable” en las elecciones parlamentarias del 26S?, la que representara al “pueblo”, a los obreros, campesinos y estudiantes con los que formaran lo que Hugo Chávez ha llamado  el amplio frente popular. La burguesía, y en particular su élite política e intelectual, se mostrarán audaces a la hora de derrotar la revolución bolivariana, ya que aspiran volver a ser poder en el orden social y económico, la auténtica clase dominante. La revolución bolivariana fue la culminación de ese dominio. La llegada inmediata de la corrupción en la revolución bolivariana se muestra con una serie de actos por parte de  muchos funcionarios burgueses conversos, que obligan a la burguesía tradicional y a la iglesia a un pacto en contra del gobierno bolivariano logrando derrocarlo el 11 de abril del 2002, que al ser amenazada por una concentración popular, abandona inmediatamente el poder. Esta revolución bolivariana, es una de las más decisivas de la historia que abrirá el camino de un proceso de transformación social cuyas finalidades siguen totalmente vivas.

Se ha llevado adelante las nacionalizaciones de los sectores estratégicos de la economía, como medida para ganarse el fervor popular. La crisis financiera. Dejó al descubierto una nueva franja de burgueses enriquecidos que jugarán un papel decisorio en el Termidor bolivariano.

Alrededor del gobierno bolivariano se conforman las tendencias que más tarde serán los partidos desde la derecha hasta la extrema izquierda. Las masas extienden y profundizan sus manifestaciones, contra el gobierno y el presidente.

Este “grupo boliburgués” encabeza este primer periodo con un control gubernamental, un modelo de pacto entre la burguesía liberal y la boliburguesía tal como se había dado en la IV Republica. El día 26 de septiembre se proclamara la burguesía parlamentaria que responderá a este prototipo y que seguirá siendo el modelo de este pacto  durante todo el siglo XXI, asentado sobre unas libertades formales en beneficio de una nueva clase, la burguesía, que se ha adueñado de los resortes del poder en el que la llamada “soberanía popular» quedara enmarcada por el Parlamento. Al tiempo se promueven una serie de reformas en la justicia y en las libertades, excepto para los trabajadores.  Negándoseles los derechos elementales de asociación y huelga.

Este proceso revolucionario no ha hecho más que empezar. La dialéctica interna de la revolución alcanzará todavía cotas más profundas promovidas por las ansias reivindicativas igualitarias de los «sans culottes bolivarianos». De una parte y las necesidades de defender la revolución contra el peligro interior y exterior, frente a la coalición entre la conspiración de la oligarquía/reaccionaria, en primer lugar los EE.UU. que teme por su hegemonía en los mercados y por la extensión revolucionaria en America Latina. La declaración de guerra desde Honduras, Panamá, Colombia dan pie a nuevas movilizaciones contra los enemigas del pueblo venezolano y a la construcción de un auténtico gobierno socialista y popular, aniquilando los últimos focos contrarrevolucionarios de la derecha endógena en el asalto a la Asamblea Nacional, se tiene que imponer el reino de la sensatez. Las masas impondrán una Asamblea, que de un giro hacia la izquierda.

La lucha contra la corrupción y el burocratismo bolivariano creara las condiciones de una impresionante movilización de masas, que permita la consolidación de la Quinta República. En el camino de esta transición aparecen todavía bien visibles las contradicciones entre las distintas tendencias del PSUV, que responden a las contradicciones sociales entre la burguesía y el pueblo. Fin de la cita.

Francia. Durante la Primera República se impone un nuevo calendario; se ejecuta a Luis XVI y María Antonieta —de la misma manera que Cromwell lo había hecho con Carlos l—, y la revolución aparece de una manera más Clara como una amenaza para la Europa reaccionaria contra los “apólogos de la tiranía» (Condercet), contra los «realistas» Danton preconiza «la audacia, la audacia y siempre la audacia». Se forma el Comité de Salvación Pública… se extiende la amenaza interna con la revuelta oscurantista y fanática religiosa de la Vendée. Coincidiendo con esta amenaza el hambre y la inflación hacen denotar a las masas las notables diferencias en los bienes existentes entre la burguesía y el pueblo, con lo que cobra un nuevo vigor el profundo espíritu igualitario. Se establece con más o menos claridad una relación entre el peligro exterior y la riqueza que conduce a una moderación interna de la derecha. El predominio, de derecha democrática va modificándose a favor de la izquierda jacobina.

Las medidas impopulares de la Gironda, sublevó las masas que asaltan la Asamblea y obligan al el encarcelamiento de los líderes girondinos. Con ello la lucha de ciases alcanza su oleada más potente, en la cima de la cual van a navegar los jacobinos.

La vanguardia popular armada a través de sus portavoces más radicales, los «enrages» (rabiosos) como Hebert y Jacques Roux obligan a la Convención jacobina a dar nuevos pasos en las reivindicaciones revolucionarias: igualación de las fortunas mediante los impuestos partición de los latifundios, reparto equitativo de los víveres que la población exige. Se promueve una nueva Constitución de carácter más democrático y un Referéndum Legislativo, al tiempo que se destituye al Comité de los Doce que comandaba la Comuna y se renueva el Comité de Salud Pública que significa la formación de un gobierno revolucionario dirigido por Robespierre (los jacobinos moderados ven en él un nuevo Cromwell) que impone su personalidad a los acontecimientos.

Se modifica el ejército que se estructura bajo el mando del jacobino Carnot y bajo el programa del partido de éste, sobre una base de «sans culottes». Nuevas medidas como la limitación de un tope máximo para el trigo y los artículos de primera necesidad: se regulan también los salarios, gracias al ímpetu de las masas que hacen suya la revolución.

La contrarrevolución sin embargo no agacha la cabeza y reacciona con una serie de asesinatos. En Paris la girondina Carlota Corday asesina al “Amigo del Pueblo”, Marat que siendo de la izquierda jacobina vincula a su partido con las masas radicalizadas. Los nobles promueven nuevos enfrentamientos. Este estado de cosas da pie en octubre de 1793 al reinado del terror revolucionario que significa: la suspensión de la Constitución, de la división de poderes y los derechos individuales Se forma un Tribunal Revolucionario sumarísimo que juzga y guillotina a los contrarrevolucionarios que las masas persiguen. El Comité de Salvación entiende sus poderes a las provincias; se agite su odio secular contra la Iglesia y el clero que desde el Vaticano ha desaprobado incluso los actos más moderados de la revolución (la misma Declaración de los Derechos del Hombre) y que en el interior forma parte de la avanzada contrarrevolucionaria; la profundización con la revolución de las creencias panteístas (que ven a Dios en la Naturaleza) y del ateísmo, da pie, promovida por los hebertistas a la campaña de descristianización que clausura y convierte en mercados los templos.

Pero el anticlericalismo de los dirigentes jacobinos inspirados en Rousseau no llega a considerar la necesidad del ateísmo Si bien la Iglesia era un entorpecimiento en las tareas democráticas burguesas, la creencia es una necesidad para la burguesía cara a mantener el estado de subordinación de las masas. Así para Robespierre, este camino pasaba la raya de su programa y declara que no había que contrariar directamente los perjuicios religiosos que el pueblo adoraba», aunque en plena revolución a estos perjuicios se les trataba de fanatismo, El ateísmo era cosa de los aristócratas ilustrados e iba a programar un nuevo culto a la razón, detrás de la cual renació las esperanzas del clero y la reacción monárquica; con ello Robespierre decía proclamar a Dios como “una gran idea protectora del orden social» y de los principios inmutables de la sociedad humana”, pero en el fondo era un medio de liquidar a Hebert y los “enrages».

El «incorruptible» se erige pues como un nuevo «centro» que reprime a la derecha jacobina (Danton y Demoulins que plantean la conciliación y el entendimiento son guillotinados Danton grita «Robespierre me seguirá» y la izquierda hebertista; disuelve el ejército revolucionario que se transformó en un ejército profesional dentro del cual se afianzará Napoleón que aparece en esta época como un «hombre del orden». Las masas desgastadas y desengañadas, aparecen ante los ojos de Babeuf recién salido de la cárcel como algo extraño a las que protagonizaron la toma de la Bastilla, sin unos dirigentes entra en un periodo de aletargamiento a partir del cual se le corta la yerba bajo los pies al mismo «centro» jacobino, siguiendo una ley propia de las revoluciones. Así lo explica Barrow Dunham: “Si nos fijamos en la difusión de las aplicaciones políticas en una sociedad, observaremos que las maniobras se desarrollan fundamentalmente en torno del centro, punto en el cual generalmente concurren un mayor número de personas. La derecha trata de convencer al centro de que el máximo enemigo es la izquierda: la izquierda. A su vez que tal enemigo es la derecha: y el centro se inclina a denunciar los extremo, si lo que verdaderamente desea es la estabilidad”.

El carácter centrista de Robespierre tenía sin embargo su origen en una operación por la izquierda. Pero esta opción no desdecía su carácter pequeño burgués entre dos “extremos» (la aristocracia y los sans culottes) ya que, como dice también Barrow Dunham: “Constituye un atributo sorprendente de las revoluciones de la clase media —de aquellas que sustituyen la riqueza y el poder de la tierra por la riqueza y el poder comerciales— el hecho de que abarcan más posibilidades radicales de las que son capaces de realizar”.

Este es el caso de Lutero y el campesinado alemán, de Cromwell y los «levelers», en la gran revolución francesa resulta que: la mayoría de los guillotinados fueron al principio aristócrata, pero al final proletarios. La hoja que cortó la cabeza de Luis cortó también la de Babeuf». Con ello, los jacobinos pierden el apoyo de las ((fuerzas vivas» de la revolución. El Termidor se presenta como un simple recule pero en realidad señala el inicio de la reacción dentro de la revolución. En julio de 1 794 cae Robespierre y sus más fieles seguidores ante una coalición de la derecha jacobina y los girondinos ante la más absoluta indiferencia de las masas. La Convención termidoriana señala el dominio de la llanura (de “los sapos del Marais” decían los sans culottes los últimos estallidos de las masas, que llegan a ocupar la Convención y proclamar “¡La Convención somos nosotros!». Los llamados «motín del hambre” son reprimidos drásticamente marcando cada vez más el péndulo hacia la derecha. Se prohíbe la Marsellesa y se establece el terrorismo blanco con los petrimetes de la “juventud dorada”.

Es el comienzo del fin, pero en muchas cosas fundamentales, ya no hay vuelta atrás. Cualquiera comparación con la Revolución Bolivariana es Pura coincidencias.

Edgar Perdomo Arzola
Percasita11@yahoo.es



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