La Ética Cerradamente Egoísta de un Medico Cínico y Falaz

Por • 30 Jun, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

A propósito de la “Carta abierta del Dr. Muci-Mendoza al embajador cubano en Venezuela”*
*(Diseminada en diversos sitios de internet)

PREMISA:

Hay individuos que aceptan un Estado sólo rigiéndose por los parámetros de la indolencia, la mentira y el engaño, pues ven que sólo así la satisfacción de sus ambiciones egoístas estaría garantizada. Si el Estado cambiase el despotismo por ideales guiados por el amor, la verdad y el anhelo de justicia colectiva, entonces habría que acabarlo. Entre estas dos opciones de vida se debate la Revolución Socialista Latinoamericana1.

A.- LA OPCION POR LA DOBLE MORAL Y LAS PASIONES HUMANAS

Thomas Hobbes sostenía la tesis según la cual todos los seres humanos nacen con inclinaciones egoístas, al punto poseer disposiciones destructivas e incluso la tendencia a matar al otro para obtener aquello que es visto como satisfacción de sus deseos. Solamente el temor a perder su propia vida le haría contener sus ímpetus destructivos. En virtud de la Razón haría un cálculo posponiendo la satisfacción de sus pasiones y cediendo su poder de matar lo delegaría en alguien más poderoso, un tercero que garantizara las condiciones para no vivir atemorizado en una situación de guerra de todos contra todos, puesto que en un estado natural donde prevaleciesen tales tenencias destructivas sería la vida insostenible. Así surgiría el Estado, el Leviatán, o todo aquel que detente el poder, cuyo vigor no consiste en su propia fuerza y gloria, sino en la indolencia, la mentira y el engaño, logrando que la libertad se incline ante el poder: Bueno será entonces lo que el "todo-poderoso" disponga que sirve a sus intereses y malo será lo que él prohíba.  En una condición civil regida por tal Estado, los ímpetus egoístas del individuo no cesarían, sino que ocultamente continuarían siendo el impulso que guiaría al ser humano a imponerse sobre otros. 

Para un individuo hobbesiano, en la colectividad privaría entonces la doble moral, utilizando ciertos términos que son agradables al otro para esconder los propios pensamientos o deseos egoístas recónditos. El amor sería simplemente el deseo sentido cuando el objeto apetecido está presente. El odio sería la pasión detestable o aversión sentida cuando el objeto rechazado está presente. Las frases comunes que componen la moral ciudadana serán sólo conjuntos de términos usados para estimular reacciones en los demás, con la intención de lograr que sus actos o aspiraciones se acoplen a mis exclusivos intereses. Todos los seres humanos estarían a lo largo de su vida en una constante ambición, avaricia y codicia contra el otro. Así, todo acto humano estaría movido por el ansia de riquezas, de poder y de honor o vanagloria, como medios para garantizarse la satisfacción de sus pasiones terrenales. 

Hay individuos que aceptan un Estado sólo rigiéndose por esos parámetros puesto que sus tendencias ambiciosas estarían garantizadas. 

Veamos el modo como un médico con suficientes riquezas, poder y honores revive la doctrina del Leviatán, la autoridad suprema que hace uso del poder desalmado proporcional a la creciente refinación de los instrumentos para esclavizar a los ciudadanos. Tan desalmado que sólo podría compararse a los perversos que condujeron el US Virus Cancer Program (Ver: http://www.aporrea.org/internacionales/a78625.html ) desde donde surgió el HIV-AIDS, cuya técnica ha servido para que uno de sus protagonistas creara la gripe “porcina” AH1N1 (H1N1 flu o Schweinegrippe).

B.- FALACIA DE LA AUTORIDAD BASADA EN EL PODER ACADEMICO Y NO EN LA CIENCIA "POLÍTICA"

La primera fuente de la autoridad deviene por la cualidad que posee el hombre para asumir por sí mismo el conocimiento como guía de sus actos. Esta cualidad de tener a la ciencia como propia guía puede cultivarse para ser llevada a actos virtuosos que irradian una fuerza transformadora de tal magnitud positiva, la cual induce a que quienes son alcanzados por ella ofrezcan espontáneamente el tributo del reconocimiento al valor de aquel ser humano. Esta primera fuente de la autoridad alude en su forma más profunda al componente ético: Se admite la autoridad porque el modo de vida de aquel ser humano denota una condición tan especial que hace presentir la manifestación de un poder sobrehumano, ennoblecedor, transformador, divino. La autoridad deviene del ser y estar con Deus: En-Zeus, E-thos, E-tica.

Otra fuente de la autoridad, pero en este caso secundaria o derivada, se genera mediante el uso de sucedáneos de las cualidades y valores personales al exaltar el componente de la acreditación por parte de alguna expresión del poder institucional (Colección de títulos y premios, reconocimientos, experiencias académicas en instituciones del poder mundial, membresía en círculos de poder científico-cultural, acceso a redes económicas y mediáticas, etc). Cuando se carece de la primigenia forma de autoridad o se renuncia a ella, se erige una forma de autoridad institucional pero a costa de vaciarse existencialmente en lo personal, cayendo en las vanidades cuando esa fuerza suprema de la sensibilidad, por muchos llamada amor, está ausente. Ante este fenómeno se comienza entonces una carrera de vida de mala fe, aun a costa de ganar prebendas con los padecimientos ajenos y traficando con la mendicidad o carencias del "material humano" que pasa por las manos  de ciertas mentes de "profesionales especializados", cuyos corazones sin moral los convierten en un oprobio para los más desposeídos de la tierra. Los profesionales que adquieren la autoridad segunda y renuncian a la primera, rechazan la responsabilidad política del uso de la ciencia para el bienestar de la mayoría. Claro, necesitan de los miserables para erigirse como dioses supremos con potestad de juzgar sobre cualquier ámbito humano y hasta divino.

Un médico internista, neurocirujano y oftalmólogo, quien gana sueldo por ejercer su profesión en un hospital público, además del jugoso sueldo como profesor titular universitario de la UCV y de la ganancia proveniente de su negocio en una de las más costosas clínicas privadas de Venezuela ha querido valerse de la "autoridad derivada" de su trayectoria académica en el área de la medicina para emitir algunas imbricadas falacias contra la postura política cubana respecto al papel de los galenos en el área de salud pública. Precisamente, escudado en su “autoridad” este médico pretende evitar que sus juicios sean sometidos a la verificación siguiendo los cánones elementales de la lógica, trata de eludir el examen de la razón que se pregunta por el grado de sentido de cada juicio emitido, por la correspondencia de lo enunciado con la realidad, y por la coherencia entre las afirmaciones que componen un discurso. Esto permitiría distinguir entre el discurso de ficción, imaginario, ambiguo, falaz y el discurso objetivo, con base en lo real, analítico y racional.

Valiéndose de su autoridad en medicina este señor invade el campo de la ética, la política y el derecho internacional. Este médico pretende dictar cátedra de ética “con” política al firmar que "es de ética elemental el que un embajador no se inmiscuya en  los asuntos internos del país que le acoge como huésped". La materia que regula los patrones de conducta admitidos por un embajador se inscribe en el campo de la política, específicamente corresponde a los convenios que rigen las relaciones diplomáticas. La afirmación citada deja entrever una actitud xenófoba y despectiva en este médico en contra de un "huésped", algo que no forma parte del gentilicio venezolano, puesto que el espíritu de nuestro pueblo se destaca por su hospitalidad. Además deja entrever que el “huésped” sería una especie de limosnero “acogido”, por lo cual no tendría derecho a hablar, su conciencia estaría comprada. La soberbia hace que una “autoridad médica” cometa deslices que desdicen mucho de la altura de su dignidad. Según el derecho internacional, un embajador no es “huésped” puesto que se encuentra y es la autoridad delegada absoluta de una porción de territorio soberano al cual ni el mismo Presidente puede entrar sin consentimiento del respectivo país.

C.-FALACIA AD HOMINEM Y GENERALIZACION FALSA: AUTORIDAD SIN MORAL

En lugar de atacar los argumentos de su oponente, en este caso las afirmaciones mismas del Embajador, este médico las cataloga de “insolentes”(sic) cuando en realidad tal epíteto va dirigido al Embajador, puesto que sólo un hombre puede ser insolente, no una afirmación en sí misma. 

La primera obligación moral y el principio fundante de toda ciencia consiste en el apego a la verdad. La verdad en este caso es que este médico, valiéndose de su “autoridad profesional” avalada por varias instituciones del poder establecido, se abroga usurpadoramente la representación de los médicos venezolanos, además de poseer una trayectoria de falaces actos en los medios de comunicación, El Universal y El Nacional, a través de los cuales se denota una moral signada por la mentira y el engaño, tal como actuó con relación a un conocido suceso del Templo hebreo (Sinagoga): “Fue evidente que asalariados del proceso dejaron pistas y rastros distintivos que conducen al alto gobierno.”2. 

De manera igualmente enredadora y haciendo uso de la falacia de la afirmación gratis, suponiendo la ignorancia de los receptores de su discurso de ficción, este médico actuó alevosamente antes con relación a la negación usamericana de la visa de entrada al personal médico del Presidente Chávez: “Un hombre de pretendida venezolanidad, que luce saludable, exagera su temor a la muerte llevando en ristra 5 médicos extranjeros porque no confía en la lealtad, el sentido común ni en la sapiencia de los suyos propios […] Él y sus más cercanos aliados en salud, han mostrado un profundo desdén hacia la clase médica venezolana […] Él ha vivido a espaldas de la realidad médica del pobre venezolano y es tiempo de que se vaya”(énfasis agregado)3. Tres acotaciones al respecto: En tales afirmaciones este médico deja entrever su mala fe: o bien pretende hacer creer que el Comandante Presidente Chávez es un traidor a la patria, reduciendo su condición a una “pretendida venezolanidad”, o simplemente no entra en la idea del venezolano de su mente racista o segregacionista; valdría bien preguntar por los supuestos hechos de desdén, según este médico, provenientes del innombrable, de “Él y sus más cercanos”, pues al contrario son conocidos los reiterados llamados por parte del Presidente Chávez para que la clase médica venezolana se incorporara a las Misiones de Salud; un menosprecio extremo se nota en la forma de expresare de este médico, quien se atreve a formular una intriga gratuitamente en referencia a alguien indigno de ser siquiera nombrado, el Presidente Chávez, al afirmar que “Él ha vivido del espaldas a la realidad médica del pobre venezolano”. Ahora ya establecidas las premisas, aunque falsas y ambiguas, este médico se considera una “autoridad” para elaborar el dictamen contra el Presidente: “es tiempo de que se vaya”, incurriendo así en las falacias de la conclusión inatinente y de la causa falsa, al realizar el intento de establecer fantasiosamente una cadena de causas concluyendo en una transitividad inválida e inexistente.

D.- LA FALACIA DE LA APELACIÓN A LA EMOCION Y A LA PIEDAD

Los más humildes de nuestro pueblo resistirían poco en tachar a este medico como “platero” si se enterasen de la diversidad de entradas financieras del mismo. En su reclamo contra el Embajador, este médico expresa su temor al “desprecio público” y al descrédito “ante nuestros enfermos”, como si alguien se fijase en cuestiones de valoración o descrédito cuando cae ante la emergencia médica. Por la forma de reaccionar se denota que este médico teme ciertos comentarios, los cuales por su veracidad, pueden significar un despertar de la conciencia de esos enfermos explotados, ese “material humano” utilizado para crear el pedestal monopólico de la ciencia médica sobre el cual se basa su “autoridad”. 

Esta “autoridad” nos ofrece indicios de la doble moral y de lo que está oculto en su corazón cuando afirma: “después de todo, somos sus médicos y con sus miserias todo cuanto poseen” (énfasis agregado). Sí, lo que se le chisporroteó podría expresarse así: A pesar de nuestro “sistema de valores” degradado y de ser cierto que “nuestra intención al estudiar Medicina es obtener un título y una acción en un clínica privada”… “después de todo, somos sus médicos”. Más explícitamente dicho: Después de todo, los enfermos en desgracia se tienen que calar las condiciones y tarifas impuestas por nuestro gremio, puesto que no hay más profesionales disponibles sino nuestra rosca de médicos. Sí, “después de todo”, dice este engreído egoísta “con sus miserias somos todo cuanto poseen”. Vale preguntar si es que se cree un dios. No será más claro decir que en medio de sus miserias a los pacientes no les queda más remedio que entregarle a estas aves de rapiña hasta sus esperanzas, teniendo muchas veces que hipotecar lo poco que poseían. Sería más provechoso si los pacientes denunciaran que en medio de su miseria, esta clase de médicos les quitan todo cuanto poseen.

Además de todos los títulos y condecoraciones, cátedras y menciones honoríficas coleccionados por este médico, habría que sumarle el de sofista de la ficción, experto en apelar a la emoción y a la piedad, puesto que en vez de presentar pruebas verdaderas para sustentar sus afirmaciones, sólo recurre a expresiones que tocan la sensibilidad del interlocutor con la intención de hacer que sus emociones se movilicen para favorecer determinada posición engañosa y fraudulenta: “Usted emplea el procaz lenguaje del Presidente de acá, para dividirnos en ‘oligarcas’ y  ‘proletarios’, epítetos éstos dichos para agraviarnos”. Es normal que un ser humano ecuánime sienta rechazo por quien hace uso del lenguaje procaz y más cuando se indica cual es la intención de tal uso. Según este médico, el innombrable Presidente usa el lenguaje procaz (entonces hay que rechazar al susodicho), para dividir-nos (tenemos que apoyar la unión médica) y para agraviar-nos (debemos volcar nuestros sentimientos hacia las víctimas “médicas”).

Pareciera que este médico se tomó la molestia de elaborar una carta cuidando de no dejar fuera ninguna de las falacias tradicionales de la lógica. En su afán de confundir al lector, este médico recurre a la falacia de la piedad por medio de frases que denotan su aparente enorme conmoción interna y sus desprendidas inclinaciones altruistas, de modo que cualquier ingenuo lector de corazón noble, inmediatamente vuelque sus emociones hacia la causa promovida por tal médico. No por accidente, él se ha especializado en un área que tiene relación con el control de la mente. Quién no tendría la inclinación a darle su apoyo a este médico por su denuncia: “Usted emplea el procaz lenguaje del Presidente […] que nunca nadie antes utilizó”. Aquí se muestra el uso de la técnica de manipulación mediante la falacia de la ambigüedad basada en el equívoco y la anfibología, ya que vale preguntarse por quién es el acusado de usar el procaz lenguaje “que nunca antes nadie utilizó”: El Embajador o el Presidente; tal acusación induce a la confusión de asociar los epítetos “oligarca” y “proletario” con lenguaje procaz, lo cual es simplemente un intento por excluir la referencia histórica de dos genios -Simón Bolívar y Karl Marx, cuya obra deja de comprenderse, si no se conoce el significado de dichos términos.

Este médico se las da de altruista cuando afirma que, aunque es “antitípico hablar en primera persona”, se siente en la obligación “de expresarle que […] recibí mi formación en LIBERTAD, una excelente formación moral, ética y académica”. Sin embargo, una línea posterior delata su sed insatisfecha de riquezas, junto a un resentimiento reprimido y a un inflado ego que lo hace pasar del yo “antitípico” hablante en primera persona, al colectivo donde el nosotros queda expresado en “nuestro ejercicio privado” subsidiador del hospital público: “Yo, como tantos, por cerca de 40 años y por un magro sueldo, he trabajado con tesón la mitad del tiempo en un hospital público, a costo subsidiado con nuestro ejercicio privado”. Parece ser que la formación en LIBERTAD, para este médico se subyugó a aquel libertinaje también descrito por Hobbes, en donde la libertad se reduce simplemente a la ausencia de obstáculos para la consecución del objeto de mis pasiones, olvidando que la pasión es simplemente un asomo de libertad, pero jamás su fruto. Como arriba queda indicado, este médico no goza de ningún magro sueldo. Si se hablase de subsidios, este médico tendría que retornarle al Estado por menos diez años de trabajo totalmente gratis, que es la media mundial de para compensar una carrera hasta el primer nivel, puesto que todo lo recibió de una Universidad pública y su renombre usando las instalaciones públicas, además del apoyo institucional académico. Vergüenza ajena da el ver como este médico limosnea hasta las gracias ante el pueblo que más médicos le ha ofrecido gratis a la humanidad: Cuba. 

El restante contenido de la misiva no es digno de ser visto más allá de un autorretrato de alguien que, pudiendo haber pasado al gozo de la gloria por sus aportes si fuesen altruistas, se considera uno de esos “olvidados” que aspiraban a entrar en la historia cubana, que pasó a formar parte sólo de la “Nomenclatura” venezolana, siendo fiel a esa IV República donde se “hablaba calladito” en forma cómplice al sistema, donde “se ascendía” traicionando al pueblo, formando enclaves que aun perviven, donde las posiciones obtenidas se lograban avanzando “sobre las cabezas de otros” y donde los avances de otros se los reduce a “ingeniosa propaganda”. Sólo basado en su “autoridad” este médico alude a un supuesto desempleo local sin ni siquiera hacer mención a una fuente. Simplemente porque la mentira es imposible de comprobar, aun cayendo en la trivialidad.

Ciertamente que las premisas hobbesianas se hacen lastimosa realidad cuando los hombres de pies de barro se fosilizan por sus apetitos egoístas; sí… simulacro de hombres quienes necesitan que los demás los eleven para sentirse todavía seres vivientes, puesto que su alma negra se ha llenado del pesado hollín de la injusticia, hasta el punto de no saber si es mejor morir o seguir pidiendo aliento ajeno.

Sólo quien vive el amor intensamente puede mostrar la única verdad que conduce a la instauración de la justicia colectiva anhelada.

Sirio Quintero
30/06/2009



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