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Los sobrenombres vieja tradición en mi barrio

June 20, 2009

Mascapaila, Ñapita e’ queso, Perra paría, Juan pato, Culo e’ tabla, Dr. Manamana, eran algunos apodos que llegamos a creer que eran nombres propios de las personas que los ostentaban orgullosamente. Tanta era la importancia de un apodo o sobrenombre, que no fue sino después de muchos años que llegamos a saber que Nerio Añez no era el de verdad Mossi, y que El chivo era Luis García.

Donald Louis Mossi, era un lanzador de las grandes ligas, Hombre de orejas exorbitantes y que guardaba un gran parecido físico con Nerio el orejón Añez, amigo de la generación de mi hermano mayor Ángel María Vizcaíno  Nájera.

Los sobrenombres del barrio tenían una  base histórica, onomatopéyica y socio cultural real y profunda. Ningún apodo era dado sin ninguna razón que lo justificara, tenía que haber un vínculo visual, sonoro, olfativo o de cualquier otra índole real, para que garantizara un sobrenombre indiscutiblemente adecuado que perduraría toda la vida.

Es por eso quien pregunta por Nerio Añez en el barrio no conseguirá a nadie que le dé razón de quien pueda ser, pero si se pregunta por el Mossi, todos y todas en nuestra comunidad le indicarán donde pueden ubicarlo.

En el barrio había un Pastor evangélico y un Cura que venía de vez en cuando a hacer Misión y Catecismo. Estos dos nobles y abnegados personajes nada tenían que ver con esos sobrenombres que circulaban en el barrio y que se habían convertido en una especie de código, con el cual nos identificábamos de manera efectiva todos y todas, ellos no los habían bautizado con esos epítetos.

Conocemos el origen de todos estos sobrenombres en nuestro barrio. El Bachiller Ángel María Vizcaíno Nájera, ahora abogado. Autor intelectual y material de cada uno de los apodos de nuestro barrio, primer bachiller del barrio y mamador de gallo mayor.

Allá viene Carmen la forora, sobre nombre que surge por la afición que tenía el hijo de esa señora por tan nutritiva bebida como era el fororo. Los sobrenombres se heredaban en una familia, así resultaba que todos los hermanos y hermanas del popular Fororo eran los fororitos y las fororitas.

Ají molio, era otro sobrenombre de rancia tradición familiar, este había venido desde Colombia con el primer inmigrante de la familia Escorcia en nuestro barrio, que a su vez supuestamente, según lo dicho por mi hermano para librarse de culpa, lo había heredado de su padre y su abuelo paternos.

Juan pato, les heredo a sus padres, tíos, tías, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas el remoquete de Pato, Elsa pato, María pato, Jairo pato, sobrenombre que ostentan hasta el día de hoy. Sobrenombre que surge después de un espectacular robo de quince patos a la señora Olivia, para alimentar a los asistentes a un velorio en nuestro barrio, en el cual incriminaron de una  u otra forma  a Juan Luzardo.

También estaban los Bachacos, los polleros, los carboneros, los cagaos, los gochos. En nuestro barrio cada familia en conjunto, y cada uno de sus integrantes, ostentan un sobrenombre que los ubican en el tiempo y en el espacio de nuestros recuerdos.

Tripa e’ pollo, Hebrita, el gallo, El marote, Cabrón de hamaca, saca arrugas, Machorro loco, Disfraz de diablo, Forro de urna, Bombillo e ´cueva, Medio millón, Pataruco, Imau, Cira la cachua, Lucerito, Nuo e’ perro, Mojón loco, El zamuro, Ropa vieja, Pedro trampa, Mis ojitos, Maraca e’ perro, El mono, Tamba.  Estos eran Sobrenombres tan dignos como cualquier nombre propio que apareciera en cualquier cedula de identidad. Lo más curioso de esto es que mucha gente se sentía orgullosa de llevarlos, pocos renegaban de ellos.

La imaginación y la creatividad nunca cesaban en la mente del Dr. Merengue, que es el sobre nombre de mi hermano Angol María, quien es el responsable del noventa y ocho por ciento de  los sobrenombres del barrio. Muchacho que nacía, era bautizado con un apodo que lo llevaría toda su vida.

Esto se había convertido en una tradición de tanta importancia en nuestro barrio, que las propias madres al nacer sus hijos se  lo llevaban a  Pechi, que es el sobre nombre familiar de mi hermano, para que les pusiera el apodo, para hacerle menos traumática la aceptación del mismo cuando tuvieran mayor edad.

El cojo, Cara e ´buzo, filete e´mierda, Vaca boba,  Meona, El mocho, Cara e’ vieja, zaperoco, gallina vieja, Hermana Juana,  parapeto, Rancho e ´lata, Nariz de Olleta, El macho, La gallina, Mamerta, cocomoco, pechoe´paloma, Doña katiuska, Hermano trola, el burro, el ovejo, Barriga e ´mero, Pan viejo, cara e ´guante, El gago, sopa e ´cacho, capirote de cochino, Rama seca, La flor del trabajo, Cañita. Sobrenombres y más sobrenombres que llenarían toda una enciclopedia de datos curiosos y de los record Guiness. De una u otra forma son patrimonio cultural de nuestro barrio.

Sin esos apodos, nos hubiera sido más difícil poder identificar a tantas personas que vivían en el barrio. Cada sobrenombre nos ayudó a identificar a cada personaje de nuestra comunidad. La  mnemotecnia o nemotecnia, fue en cierta forma inventada en mi barrio por mi hermano Pechi  o Ángel María Vizcaíno Nájera. Aprendimos desde nuestra infancia a asociar rostros, características personales, procedencias, manías, con sobre nombres y al final cuando crecimos, con los verdaderos nombres de las personas.

En una ocasión en el seno de una familia del barrio procedente de Colombia, nació un niño. Mi hermano Ángel María trabajaba en un bufete de abogados, en complicidad con uno de sus amigos, El Bachiller Bartolo, tomaron un Papel Sellado y elaboraron una supuesta Partida de Nacimiento del bebe: ¨En la Ciudad de Maracaibo a  los 10 días del mes de marzo de 1960, nació en la parroquia Coquivacoa un niño que llevará el Nombre de NUO DE PERRO, Dicho niño nació a  las tres de la tarde en el domicilio de sus abuelos en la calle caridad, del barrio Las Tarabas. Siendo testigos de esta presentación Nerio Añez, alias, Mossi y Luis García, alias el Chivo. Firma esta Partida de Nacimiento a los 15 días del mes de Marzo del año 1960, el Prefecto y el secretario¨

Esta partida de nacimiento casi mata de la rabia  a la abuela del niño, quien procedió a llamar a la Policía. A las tres de la tarde, de unos de los días menos tranquilos del barrio, se presento un camión policial, esos que vulgarmente llamábamos perrera. En esa patrulla llegaron cinco policías y un sargento, se procedió a leer en voz alta delante de todos los vecinos la partida de nacimiento falsificada. Una vez leída y calmada la risa del público presente, el sargento le preguntó a la abuela de la criatura:

-Diga señora ¿Quiénes son los responsables de esta fechoría? ¿A quién denuncia usted entre los presentes para proceder a detenerlos?

La Abuela  indignada respondió:- Mire señor agente yo denuncio al Chivo, al gato, al perro, al burro, al marote, al machorro, al caimán, a la gallina…

A lo que el sargento respondió un poco molesto: -Mire señora, usted lo que necesita es llamar al Zoológico. La  próxima vez me la llevo presa a usted, por molestar a la ley con esta mamadera de gallo.-   dicho esto le ordenó a los agentes de policías que se montaran en la perrera y se marcharon de allí a gran velocidad.

Desde ese día,  el niño fue conocido por todos los vecinos del barrio como Nuo de perro, hasta el día que esta familia se mudó a Caracas, en busca de mejores  horizontes y mejores fuentes de trabajo. Con tristeza supimos años después que Nuo de perro desapareció ahogado en las aguas del rio Guaire y que nunca apareció su cuerpo.

Obed Juan Vizcaíno Nájera.
20/06/2009

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