Procesos Revolucionarios Mundiales: La Revolución China como Hecho Histórico Original

Por • 11 may, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

Los procesos revolucionarios, sean para transformar a una sociedad especifica de un sistema feudal hacia el capitalismo, bien sea para revolucionar las propias estructuras del capitalismo en su transformación hacia un modelo socialista, aun, en la actualidad, en procesos de redefiniciones ideológicas, económicas, sociales, militares y políticas, en perfecta comunión con los paradigmas del capitalismo en globalización, son procesos, inevitablemente, “traumáticos”. Analizar, en tiempos históricos y a la distancia que la Historia, irónicamente, nos lo permite, generalmente, alcanzamos definiciones, conclusiones y proposiciones acordes con nuestras propias culturas e ideologías aceptando nuestras propias limitaciones en el conocimiento particular del o de los casos sobre los cuales nos atrevemos a emitir opinión. Pero, precisamente, por eso somos seres humanos, con todo y nuestras limitaciones, para lograr alcanzar una visión global de un “hecho histórico” muy concreto. Y cuando exponemos que es un “hecho histórico” concreto, tratamos de ser lo más objetivos posibles con la finalidad de evitar analizar un “proceso histórico” en permanente proceso. Es decir, debemos diferenciar el “hecho histórico” concreto del “proceso histórico” en permanente evolución.

A título de ejemplo, podemos analizar, concretamente, el “Golpe de Estado” del 11 de abril contra el Gobierno Revolucionario presidido por el Comandante Chávez Frías como un “hecho histórico” que abarcó el desarrollo del accionar de las derechas, criollas e internacionales, y las respuestas del “pueblo chavista y revolucionario” en un espacio de tiempo limitado y en un espacio geográfico específico; mientras que cuando tratamos de analizar el proceso bolivariano y revolucionario desde la elección democrática de Hugo Chávez a la Presidencia de la República debemos subdividirlo en varios “momentos históricos” hasta llegar al proceso actual de la Tercera Etapa de la Revolución Bolivariana y Socialista. Ello implicaría analizar los cambios sociales, económicos, políticos, legislativos, militares, en política exterior, por nombrar; además de referirnos a los actores a ambos “lados de la acera”.

Por eso cuando tratamos de analizar el proceso revolucionario chino deberíamos comenzar por aceptar que se presentan profundas diferencias histórico-culturales entre nuestros pareceres occidentales (judeo-cristianos) y las realidades objetivas de las complejidades en la Historia y en la Cultura de un país con población mongoloide con 5000 años de realidades tumultuosas. Si a esas complejidades objetivas y profundamente desconocidas en el Occidente político-cultural, les añadimos las realidades de las políticas económico-militares que se desarrollaron a partir de los contactos entre los objetivos expansivos de Gran Bretaña (Imperio Británico) y las debilidades tecnológicas del Imperio chino gobernado por “manchúes”, comenzamos a “adobar” las “mentalidades” que fueron formando a las elites revolucionario-nacionalistas chinas de origen “Han” que incursionaron en el proceso revolucionario que se manifestó, primeramente, con el derrocamiento de la dinastía manchú Qin y la inauguración de la Primera República de tipo Occidental (1911) y gobernada por los Han, débil en su propia estructura jurídico-política, para, posteriormente, manifestarse en su carácter nacionalista contra la “presencia y opresión” de las Potencias Extranjeras y sus obligantes Tratados y Acuerdos impuestos desde 1842, en fecha de reciente celebración como lo fue el 4 de mayo de 1919.

Puesta la mesa para la continuación del proceso revolucionario nacionalista, anti-imperialista, se manifestaron en las realidades políticas chinas dos expresiones de carácter partidista: uno de ellos más cercano a lo que en Occidente podríamos definir como socialdemócracia, bajo el nombre de “Guomindang” (Partido del Pueblo Chino); el otro irrumpió en la política nacional bajo el nombre de “Gongzhandang” (Partido Comunista Chino). La conformación del liderazgo y la base social en ambos partidos se sustentaba en la intelectualidad, la “pequeña burguesía”; líderes provinciales; militarismo ex-caudillista, trabajadores radicalizados por la explotación laboral fabril y, en ambos, la fuerte presencia e influencia tanto política como militar de cuadros tanto del Komintern como del “bolchevismo ruso”. En ese contexto, podríamos decir que la “Primera Fase” de la Revolución china fue, profundamente, sustentada en los paradigmas occidentales de la época (1920-1927).

La traición del Guomindang, expresada en la “Masacre de Shangahi” (abril, 1927); el fracaso del “Levantamiento de la Cosecha de Otoño” (octubre, 1927, liderado por Mao Zedong), la derrota de la “Comuna de Cantón” (11-14 diciembre, 1947) representó, en sus procesos, la demostración de que la “occidentalización” de la Revolución socialista china era ajena a las realidades socio-culturales e históricas de los procesos históricos revolucionarios chinos. ¿Qué hacer? Fue, probablemente, la pregunta que se hicieron los cuadros revolucionarios y nacionalistas chinos en el proceso del conocimiento del significado del concepto: “revolución socialista” a la china. Es ahí donde entra el liderazgo en la Revolución china, de la figura de Mao Zedong con un simple, sencillo pero profundamente explicito análisis de la sociedad china publicado en 1928. Así como el concienzudo estudio realizado por Mao Zedong del proceso histórico de la “Rebelión de los Taiping” (1851-1864) conjuntamente con su profundo conocimiento de la Historia “tradicional” de China. Es por ello que consideramos que Mao Zedong era un “revolucionario socialista histórico” y no un “histórico revolucionario socialista” que también lo es.

En ese marco de ideas, repitiéndonos, el proceso revolucionario chino se ha expresado en dos circunstancias históricas: la etapa que abarca desde el 4 de mayo (1919) hasta la entrada del Ejercito del Partido Comunista Chino a Beijing, por ende, la proclamación de la República Socialista (2da República china); y la segunda, desde la inauguración del mencionado gobierno revolucionario hasta diciembre del 1978 cuando una nueva dirigencia asume las responsabilidades del Poder. Podríamos decir que tanto la etapa del proceso hacia la conquista del Poder como el ejercicio del Poder y del Gobierno que abarcarían ambas etapas históricas referidas, sería el sector social campesino el más activo y revolucionario. Mao sustentó su revolución en el carácter histórico-político del campesinado chino en el derrocamiento y fundación de dinastías; así como, también, revolucionó el ejercicio del Poder y del Gobierno central manteniendo esquemas tradicionales de gobierno (solida presencia del burocratismo tradicional junto a esquemas de cultura partidista leninista) con adobo seudo-occidentales buscando mantener su poder personal en el sector campesino bañado de un “confucianismo” tardíamente rechazado por ciertos sectores cuando la Revolución Cultural. Mao como “histórico” que era, conocía la capacidad revolucionaria del campesinado chino y es por ello que, permanentemente, sustentó su poder, sus tesis revolucionarias y sus políticas gubernamentales en las capacidades de ese campesinado más tradicional-histórico que socialista.

¿Excesos en la praxis de las políticas sustentadas en el campesinado chino en función de poder desarrollar, consolidar y expandir la Revolución socialista china? ¿Ideologías reformistas marxianas equivocadas en el proceso gubernamental desde 1950 hasta diciembre de 1978? ¿Inevitables políticas de defensa de la Revolución versus realidades tradicionales históricas en lo que representa ser el “centro del mundo”? Quizás para decirlo en lo histórico-chino: ¿Modernización a lo occidental versus modernización a la china? Un análisis de la Revolución china desde la óptica occidental debe ser tratado con conocimiento de lo histórico-chino y las mentalidades que se han manifestado en esa larga Historia sin negar por ello la fuerte influencia que tuvieron las ideas/tesis leninistas y los conocimientos marxistas en sus diferentes traducciones y análisis reformistas realizadas por la intelectualidad china.

En ese contexto y ubicándonos en las actuales realidades, el New York Times publicó un artículo de opinión de Daniel A. Bell, titulado: “El Partido Confuciano” (“The Confucian Party”) quien expone que “…Elderly cadres, still influenced by Maoist antipathy to tradition, often condemn any efforts to promote ideologies outside of a rigid Marxist framework…” (“…los [cuadros] tradicionales, aun influidos por el rechazo del maoísmo hacia lo tradicional (sic), frecuentemente, condenan cualquier esfuerzo a la promoción de ideologías externas a los esquemas rígidos del marxismo…”) En esta sentencia podemos conocer lo que es una visión occidental de análisis de realidades político-históricas chinas.

Es simplista la opinión del autor sobre los que denomina como los “tradicionales”. Cuando conversamos con una de esas figuras “tradicionales”, en presencia de Wen Jiabao, con relación a las influencias históricas chinas sobre la fuerte presencia de los “bolcheviques” y sus tesis político-revolucionarias, vehementemente, sustentó las tesis tradicionales maoístas seudo-marxistas con “propuestas del ideario leninista”. Por otro lado, las contradicciones, en el campo de las ideas, entre las rigideces del “confucianismo” versus las políticas de “democracia participativa a lo chino” se presentan en cualquier discusión ideológica sobre cuál deberían ser las bases teórico-nacionalistas sobre las cuales se han de sustentar las “políticas de Estado” propuestas a partir de las decisiones tomadas por el Comité Central del Partido Comunista Chino en diciembre de 1978.

¡APORREA!

¡¡¡FELICITACIONES!!!!

Miguel Ángel del Pozo
delpozo14@gmail.com
11/05/2009



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