La Revolución Bolivariana, Una Revolución en Continua Contradicción de Clases

Por • 28 Abr, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

Las revoluciones se desarrollan como procesos humanos socio-históricos, relacionadas con las culturas nacionales, las conciencias colectivas históricas, los inconscientes; son procesos lentos, dramáticos, contradictorios, internacionales y, básicamente, utópicos en sus tiempos y procesos históricos temporales.

Las revoluciones son y se expresan, en lo temporal, con violencias físicas y sicológicas ¿inevitables? Pareciera que la Historia nos enseña que esa violencia, necesariamente, se expresa con intensidad violenta sea ésta expresión de largo aliento o de temporalidad muy limitada. Para mejor comprensión podríamos señalar y dejar al lector(a) que decida por sí mismos. Tenemos los “hechos históricos” de la Revolución de Oliver Cromwell; la Revolución Francesa y la Comuna de Paris; la Revolución Bolchevique; la Revolución Mejicana; Giuseppe Garibaldi en Italia; la Revolución China; la Revolución Vietnamita (ambas); la Revolución Cubana; la Revolución Bolivariana y los procesos políticos inmensos y profundos que cruzan el continente americano en su totalidad. Unas triunfaron, otras, aparentemente, fracasaron, otras están en su proceso interno nacional.

Toda revolución se la puede analizar desde lo inmediato-participativo y/o como un “hecho histórico” del pasado. Se la puede analizar desde diferentes facetas: económica, social, ideológica, militar, religiosa. Hay una profunda diferencia cuando se trata de acercarse a una revolución desde un solo paradigma: el económico, el social, el ideológico, etc., porque, seguramente, resultará sesgada nuestra apreciación y conclusiones. También, por lo general, analizamos las revoluciones desde nuestros propios sistemas ideológico-culturales forzando nuestras conclusiones a pensamientos culturales como, por ejemplo, eurocéntricos, racistas, religiosos con intereses geopolíticos y geoestratégicos. Es evidente que la subjetividad impera sobre la tan buscada objetividad del “hecho histórico”. Como bien lo expone Edward H. Carr en su libro: “¿Qué es la Historia?”; lo señala cuando nos obliga a preguntarnos: ¿cuál es el criterio para decidir que tal “hecho histórico”, es histórico?; es decir, diríamos, qué hace que una revolución sea revolución; ¿son todas las revoluciones parecidas en su propio desarrollo revolucionario?

La última pregunta y su respuesta nos llevan a aceptar varias realidades. Cuando Stalin impuso su criterio en el Partido Comunista Chino (1924-1927) fue por “raison d`Etat” o por su convencimiento ideológico y revolucionario; cuando China le declaró la guerra a Vietnam fue por el carácter de la revolución vietnamita o por razones de Estado; cuando las guerrillas en América Latina siguieron los paradigmas caribeños ¿lo hicieron con objetividad socio-histórica de cada nación?; cuando el “Mayo francés del 68” se expresó ¿Por qué no se desarrolló como un proceso revolucionario urbano con objetivos de conquista del Poder francés?

En ese marco, cuando estuvimos, temporalmente, en Taiwán pudimos observar las diferencias de cómo se expresaba la sociedad taiwanesa en lo cultural-tradicional frente a las expresiones sociales telúricas agro-urbanas en la China continental, particularmente, después de las “heridas” dejadas por la Revolución Cultural. 

El proceso revolucionario en un espacio nacional concreto contiene varias variables sico-sociales que imperan en su desarrollo como revolución. Estamos de acuerdo con el camarada Fernando quien, desde nuestra hermana República de Colombia, nos incita a tomar en cuenta las tesis de Charles Bettheleim sobre las contradicciones que se presentan en las revoluciones, cuales son:

“a) Limitaciones estructurales de sus respectivas sociedades.

b) Limitaciones del desarrollo teórico-práctico del conocimiento humano, en general, y del conocimiento revolucionario, en particular.

c) Limitaciones específicas de los hombres, como parte de sus sociedades y de su tiempo histórico.

Todas ellas se concretan en actos humanos, individuales y colectivos, errores y aciertos.”

En el contexto de esas magnificas ideas, nos permitimos sugerir al lector varios textos que nos ayudarían a comprender, quizás, mucho mejor ciertos procesos revolucionarios. En el caso de la Revolución Bolchevique, el autor Issac Berlin, escribió un análisis de la sociedad rusa a través de sus escritores del siglo XIX, titulado: “Los Rusos”, editado por el Fondo. Con respecto a China, los autores Lu Xûn, la novela “Medianoche” del autor Mao Dun; “La condición Humana” de Andrè Malroux.

En ese orden de ideas, nos cabría preguntar: ¿Cómo pasaron los campesinos y obreros rusos a convertirse en revolucionarios bolcheviques? ¿Por qué el campesinado chino se incorporó a un proceso revolucionario, quizás, de los procesos sociales más dramáticos, duros y, aparentemente, sin futuro. Fue la promesa de la distribución de la tierra; la venganza contra lo extranjero y el burgués nacional explotadores? ¿Qué hizo que el vietnamita se compenetrara profundamente con lo nacional frente a las agresiones de franceses y norteamericanos? En alguna ocasión tuvimos la oportunidad de sostener una conversación con un oficial chino que había combatido en el “Conflicto sino-vietnamita” (1979) sobre el carácter del soldado vietnamita; también conversamos con oficiales del ejército blanco de Sudáfrica quienes resaltaron el valor y la conciencia del componente militar cubano en la “Guerra de Angola”.

Señalamos lo anterior para resaltar las particularidades de, por ejemplo, el actual proceso social que se está desarrollando en Bolivia. Ese proceso, aun con la incorporación de sectores no indígenas, está liderado por los grupos de originarios bolivianos. El carácter de los pueblos originarios bolivianos despertó de una forma no esperada ni prevista por ningún analista social del continente. Ellos van, a su propio ritmo y dignidad, imponiendo el inconsciente colectivo y el imaginario histórico de sus antepasados y nada ni nadie, sino la muerte temporal, lograra frenar ese proceso histórico, diferente y didáctico para quienes quieran ver, oír y hablar con la prudencia del observador.

Que las derechas continentales se expresan despóticas, racial y acomplejadamente. Ello no es nuestro problema principal lo que no quiere decir que seamos descuidados. Es importante conocer y aceptar que las sociedades nacionales y nacionalistas desean ver sus esperanzas convertidas en hechos tangibles. Para que podamos comprender mejor. ¿Por qué las derechas continentales se molestan cuando el resto de la sociedad se ve beneficiada por políticas sociales, nacionales y de dignidad? Cuando analizamos los puntos expuestos por Charles Bettheleim referidos más arriba y lo llevamos a discusión abierta podríamos entender con mayor profundidad no solo el carácter de la Revolución Bolivariana nacional sino la continental y quizás allende las costas del continente del futuro.

Miguel Ángel del Pozo
delpozo14@gmail.com
28/04/2009



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