Alcalde o Gobernador que se Resbale y Huya le Cae Fuente Ovejuna

Por • 28 Abr, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

¿Quién mató al Comendador? Fuente Ovejuna, señor. Y pasó todo el pueblo, uno a uno, a someterse a los rigores del interrogatorio. Al Comendador, por ladino, muerte le dieron. Y como fue un acto de justicia popular, todos asumieron aquel gesto como suyo. Y cuando a alguien en la villa preguntaba sobre el autor de la muerte, respondía con maliciosa entonación: Fuente Ovejuna, señor.

Lope de Vega, en aquella obra metió al pueblo, a las víctimas de siempre, a la gente inédita, ignorada por la justicia, para que en un acto subversivo o desestabilizador, para decirlo con término muy desacreditado, pero de moda puesto, castigasen a quien bien lo merecía. El gran escritor del Siglo de Oro español, mostró el poder del soberano. Es la época del Renacimiento, del siglo de las luces. En la literatura, en el arte en general, como en la política, el pueblo comienza a ocupar los primeros planos y los escritores, poetas y pintores señalaban el camino. La justicia popular no estaba escrita en ningún libro y ninguna autoridad dispuesta a administrarla.

A un alcalde, comendador, gobernador o cualquier otro funcionario en malas artes, no debemos despacharlo al otro mundo como en la obra de Lope, donde otro acto de justicia no tenía cabida, pero si someterlo al juicio divino de la gente. Fuente Ovejuna es una buena enseñanza; el pueblo nuestro preparado está para saber descubrir a los pillos y hacer valer sus derechos.

En una bella película checa de los años sesenta, titulada “Un día un gato”, llegó a un pueblo un felino que al mirar a algún personaje de color a éste pintaba. Cada color representaba un defecto, vicio o virtud. De modo que ladrones, mentirosos, avaros, etc., al toparse al gato y por el temor que éste los mirase y les asignase justo el color que merecían, huían despavoridos. Y esto, ya era una manera de denunciarlos y exponerlos a la justicia popular
Hoy, los ladinos, ladrones, embusteros y maulas son bastantes conocidos. Y si aún no, pero poco gana y mucho gasta o tiene, allí hay una pista. Sólo tenemos que ponerle bajo la mirada del gato. No importa que después salgan diciendo que de una cosa política se trata. Si el gato les pintó, no hay quien les quite las rayas. Están allí a flor de piel, porque es la verdad verdadera.

Si optan, como vienen haciendo, sumarse a la banda de los enemigos y levantadores de infundios, no importa. Fuente Ovejuna ha aprendido a discernir en medio de lo que parece confuso, escucha y distingue cada nota.

Al Alcalde que dispuso a real saber y conveniencia los bienes y dineros de Fuente Ovejuna, no hacerlo un mártir. Que no vengan aquí sus homólogos, unos en parte y otros en el todo, a exhibirlo como víctima de mentiras y atropellos; como si el gato no lo hubiese pintado del color que en justicia debe, sino que puso la cagada.

Por cierto, tres alcaldes de Lecherías huyeron. Por algo innoble fue. El gato les detectó y ellos lo supieron. Pero un manto les tendieron. Hubo un silencio cómplice. A Fuente Ovejuna, en aquellos momentos, una hermética venda le tapaba los ojos y las manos atadas le tenían. Tampoco bien sabía hasta donde llegaba su soberanía.

Si el gato les pintó y con una tintura indeleble, por allí irán y aunque usen disfraces, lloren como víctimas de la política, el ojo del gato es infalible y justiciero.

Y esperemos con paciencia, que no será tanto como Job, que los mecanismos que hoy administra Fuente Ovejuna, se encarguen del asunto.

Cuando la justicia se apresura y no usa los medios adecuados (Fuente Ovejuna bastante paciencia tuvo), puede ocurrir que el gato, ante tanto llantén y familiares, cómplices, compinches o testaferros, desfilando para pedir clemencia, por sentimentalismo exacerbado, confunda los colores y los villanos se pinten de mártires llorones.

Pese a que lejos, por simple alcahuetería propia de quienes han cometido y suelen cometer las mismas pillerías, o “atrapados estén en el pasado”, les den cobije valiéndose de artimañas nada inteligentes, no pueden quitarse las pinceladas del gato y algún día, tarde o temprano, el brazo largo de Fuente Ovejuna llegará hasta ellos.

Eligio Damas
28/04/2009



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