Revolución del 19 de abril de 1810

Por • 19 Abr, 2009 • Sección: Historia de Venezuela

La Revolución del 19 de Abril de 1810 fue un movimiento revolucionario y popular ocurrido en la ciudad de Caracas el jueves santo del 19 de abril de 1810, iniciando con ello la lucha por la Independencia de Venezuela. El movimiento se originó por el rechazo de los caraqueños al nuevo gobernador Vicente Emparan quien había sido nombrado por el Rey francés de España, José I de España tras la invasión napoleónica en España. El jueves santo del 19 de abril mientras el capitán general Emparán se dirigía a misa un grupo perteneciente a la aristocracía y burguesía criolla, miembros del Cabildo de Caracas, desconoce entonces al Capitán General de Venezuela. El, no estuvo de acuerdo con esto, y cuando desde la ventana del ayuntamiento le preguntó al pueblo que se había reunido en la plaza mayor (plaza Bolívar) si quería que el siguiera mandando, el presbítero José Cortés de Madariaga, le hizo signos a la multitud para que contestaran que "NO". Y eso fue lo que ocurrió. Emparan dijo que entonces, el tampoco quería el mando, renunció y se fue a España. Se firma también el Acta del 19 de abril de 1810, se aduce que actúaban en nombre de Fernando VII, rey depuesto de España, y en desobediencia de José I. Se establece una Junta de Gobierno que toma las siguientes iniciativas: establecer juntas similares en las provincias de Cumaná, Margarita, Barinas, Barcelona, Trujillo y Mérida; además de liberar el comercio exterior, prohibir el comercio de esclavos negros, crear la Sociedad Patriótica (para fomentar la agricultura y la industria), así como la Academia de Matemáticas. Se envía delegaciones diplomáticas a los países que podían apoyar la insurrección: Inglaterra, Estados Unidos y Nueva Granada. Tres provincias permanecen leales al gobierno establecido en España: Maracaibo, Coro y Guayana.

Este desconocimiento a la autoridad del Capitan General de Venezuela es un paso al 5 de julio de 1811, con la firma del Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela, en la que Venezuela declara formalmente su independencia.

Este aniversario se celebra como el Día de la Proclamación de la Independencia de Venezuela. El Libro de Actas original del primer Cabildo de Caracas se encuentra en la Capilla Santa Rosa de Lima en Caracas.

El Texto
Acta del 19 de Abril de 1810

En la ciudad de Caracas a 19 de abril de 1810, se juntaron en esta sala capitular los señores que abajo firmarán, y son los que componen este muy ilustre Ayuntamiento, con motivo de la función eclesiástica del día de hoy, Jueves Santo, y principalmente con el de atender a la salud pública de este pueblo que se halla en total orfandad, no sólo por el cautiverio del señor Don Fernando VII, sino también por haberse disuelto la junta que suplía su ausencia en todo lo tocante a la seguridad y defensa de sus dominios invadidos por el Emperador de los franceses, y demás urgencias de primera necesidad, a consecuencia de la ocupación casi total de los reinos y provincias de España, de donde ha resultado la dispersión de todos o casi todos los que componían la expresada junta y, por consiguiente, el cese de su funciones. Y aunque, según las últimas o penúltimas noticias derivadas de Cádiz, parece haberse sustituido otra forma de gobierno con el título de Regencia, sea lo que fuese de la certeza o incertidumbre de este hecho, y de la nulidad de su formación, no puede ejercer ningún mando ni jurisdicción sobre estos países, porque ni ha sido constituido por el voto de estos fieles habitantes, cuando han sido ya declarados, no colonos, sino partes integrantes de la Corona de España, y como tales han sido llamados al ejercicio de la soberanía interina, y a la reforma de la constitución nacional; y aunque pudiese prescindirse de esto, nunca podría hacerse de la impotencia en que ese mismo gobierno se halla de atender a la seguridad y prosperidad de estos territorios, y de administrarles cumplida justicia en los asuntos y causas propios de la suprema autoridad, en tales términos que por las circunstancias de la guerra, y de la conquista y usurpación de las armas francesas, no pueden valerse a sí mismos los miembros que compongan el indicado nuevo gobierno, en cuyo caso el derecho natural y todos los demás dictan la necesidad de procurar los medios de su conservación y defensa; y de erigir en el seno mismo de estos países un sistema de gobierno que supla las enunciadas faltas, ejerciendo los derechos de la soberanía, que por el mismo hecho ha recaído en el pueblo, conforme a los mismos principios de la sabia Constitución primitiva de España., y a las máximas que ha enseñando y publicado en innumerables papeles la junta suprema extinguida. Para tratar, pues, el muy ilustre Ayuntamiento de un punto de la mayor importancia tuvo a bien formar un cabildo extraordinario sin la menor dilación, porque ya pretendía la fermentación peligrosa en que se hallaba el pueblo con las novedades esparcidas, y con el temor de que por engaño o por fuerza fuese inducido a reconocer un gobierno legítimo, invitando a su concurrencia al señor Mariscal de Campo don Vicente de Emparan, como su presidente, el cual lo verificó inmediatamente, y después de varias conferencias, cuyas resultas eran poco o nada satisfactorias al bien político de este leal vecindario, una gran porción de él congregada en las inmediaciones de estas casas consistoriales, levantó el grito, aclamando con su acostumbrada fidelidad al señor Don Fernando VII y a la soberanía interina del mismo pueblo; por lo que habiéndose aumentado los gritos y aclamaciones, cuando ya disuelto el primer tratado marchaba el cuerpo capitular a la iglesia metropolitana, tuvo por conveniente y necesario retroceder a la sala del Ayuntamiento, para tratar de nuevo sobre la seguridad y tranquilidad pública. Y entonces, aumentándose la congregación popular y sus clamores por lo que más le importaba, nombró para que representasen sus derechos, en calidad de diputados, a los señores doctores don José Cortés de Madariaga, canónigo de merced de la mencionada iglesia; doctor Francisco José de Rivas, presbítero; don José Félix Sosa y don Juan Germán Roscio, quienes llamados y conducidos a esta sala con los prelados de las religiones fueron admitidos, y estando juntos con los señores de este muy ilustre cuerpo entraron en las conferencias conducentes, hallándose también presentes el señor don Vicente Basadre, intendente del ejército y real hacienda, y el señor brigadier don Agustín García, comandante subinspector de artillería; y abierto el tratado por el señor Presidente, habló en primer lugar después de su señoría el diputado primero en el orden con que quedan nombrados, alegando los fundamentos y razones del caso, en cuya inteligencia dijo entre otras cosas el señor Presidente, que no quería ningún mando, y saliendo ambos al balcón notificaron al pueblo su deliberación; y resultando conforme en que el mando supremo quedase depositado en este Ayuntamiento muy ilustre, se procedió a lo demás que se dirá, y se reduce a que cesando igualmente en su empleo el señor don Vicente Basadre, quedase subrogado en su lugar el señor don Francisco de Berrío, fiscal de Su Majestad en la real audiencia de esta capital, encargado del despacho de su real hacienda; que cesase igualmente en su respectivo mando el señor brigadier don Agustín García, y el señor don José Vicente de Anca, auditor de guerra, asesor general de gobierno y teniente gobernador, entendiéndose el cese para todos estos empleos; que continuando los demás tribunales en sus respectivas funciones, cesen del mismo modo en el ejercicio de su ministerio los señores que actualmente componen el de la real audiencia, y que el muy ilustre Ayuntamiento, usando de la suprema autoridad depositada en él, subrogue en lugar de ellos los letrados que merecieron su confianza; que se conserve a cada uno de los empleados comprendidos en esta suspensión el sueldo fijo de sus respectivas plazas y graduaciones militares; de tal suerte, que el de los militares ha de quedar reducido al que merezca su grado, conforme a ordenanza; que continuar las órdenes de policía por ahora, exceptuando las que se han dado sobre vagos, en cuanto no sean conformes a las leyes y prácticas que rigen en estos dominios legítimamente comunicadas, y las dictadas novísimamente sobre anónimos, y sobre exigirse pasaporte y filiación de las personas conocidas y notables, que no pueden equivocarse ni confundirse con otras intrusas, incógnitas y sospechosas; que el muy ilustre Ayuntamiento para el ejercicio de sus funciones colegiadas haya de asociarse con los diputados del pueblo, que han de tener en él voz y voto en todos los negocios; que los demás empleados no comprendidos en el cese continúen por ahora en sus respectivas funciones, quedando con la misma calidad sujeto el mando de las armas a las órdenes inmediatas del teniente coronel don Nicolás de Castro y capitán don Juan Pablo de Ayala, que obraran con arreglo a las que recibieren del muy ilustre Ayuntamiento como depositario de la suprema autoridad; que para ejercerla con mejor orden en lo sucesivo, haya de formar cuanto antes el plan de administración y gobierno que sea más conforme a la voluntad general del pueblo; que por virtud de las expresadas facultades pueda el ilustre Ayuntamiento tomar las providencias del momento que no admitan demora, y que se publique por bando esta acta, en la cual también se insertan los demás diputados que posteriormente fueron nombrados por el pueblo, y son el teniente de caballería don Gabriel de Ponte, don José Felix Ribas y el teniente retirado don Francisco Javier Ustáriz, bien entendido que los dos primeros obtuvieron sus nombramientos por el gremio de pardos, con la calidad de suplir el uno las ausencias del otro, sin necesidad de su simultánea concurrencia. En este estado notándose la equivocación padecida en cuanto a los diputados nombrados por el gremio de pardos se advierte ser sólo el expresado don José Felix Ribas. Y se acordó añadir que por ahora toda la tropa de actual servicio tenga press y sueldo doble, y firmaron y juraron la obediencia a este nuevo gobierno.

Vicente de Emparan; Vicente Basadre; Felipe Martínez y Aragón; Antonio Julián Alvarez; José Gutiérrez del Rivero; Francisco de Berrío; Francisco Espejo; Agustín García; José Vicente de Anca; José de las Llamosas; Martín Tovar Ponte; Feliciano Palacios; J. Hilario Mora; Isidoro Antonio López Méndez; licenciado Rafael González; Valentín de Rivas; José María Blanco; Dionisio Palacios; Juan Ascanio; Pablo Nicolás González, Silvestre Tovar Liendo; doctor Nicolás Anzola; Lino de Clemente; doctor José Cortes, como diputado del clero y del pueblo; doctor Francisco José Rivas, como diputado del clero y del pueblo; como diputado del pueblo, doctor Juan Germán Roscio; como diputado del pueblo, doctor Félix Sosa; José Félix Ribas; Francisco Javier Ustáriz; fray Felipe Mota, prior; fray Marcos Romero, guardián de San Francisco; fray Bernardo Lanfranco, comendador de la Merced; doctor Juan Antonio Rojas Queipo, rector del seminario; Nicolás de Castro; Juan Pablo Ayala; Fausto Viana, escribano real y del nuevo Gobierno; José Tomás Santana, secretario escribano.

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3 comentarios »

  1. Me gusta mucho entrar en estas páginas, porque presentan material muy importante para los investigadores. Sin embargo, estría más complacida si agregaran bibliografía. Saludos

  2. Revolución del 19 de abril de 1810.

    No estoy de acuerdo con considerar esta fecha del 19 de abril de 1810 con el calificativo de”popular”. En lo absoluto

    Pienso que fue un proceso político dirigido por una clase social espec ífica como fueron los llamados mantuanos o blancos criollos descendientes en su mayoría de los primeros pobladores españoles en estas tierras.

    Los blancos criollos eran los que estaban preparados para asumir la responsabilidad de dirigir el país naciente con su formación cultural; su conocimiento político en formación con las lecturas del iluminismo y seguidores de los acontecimientos recientes en España, Francia, Estados Unidos, entre otros asuntos que no podían ser manejados pór las otras castas.

    Mucha gente aglomerada en la plaza no sabía a ciencia cierta de que se trataba lo que se estaaba discutiendo en El Cabildo. Muchos negros esclavos , campesinos, dependientes del comercio colonial, mandaderos, etc que por allí estaban por cosas del azar se encontraron allí “arreados” por los mantuanos que si querían hacer el tumulto para generar presión al General Emparam.

    Cuando Emparam se dirigió a la multitud tumultuosa y les preguntó precisamente si queran su gobierno, recuerdese que el sacerdote Madariaga hizo señas inocentes detrás de éste para negar e incidir en la gente que después de escuchar al mantuano Villarreal , quien aupaba la negativa con el grito de “No, no” les pespondieron que nooooooo.

    Pero, si esto hubiese sucedido en maracaibo , Valencia o la misma ciudad de Coro, lo mas seguro es que hubiesen dicho que si lo querían mandando, pues en esos lugares los seguidores de la corona eran mayoría en ese momento. Sin disparar un tiro se hizo la revolución, sin pueblo, sin sangre.

    Y mucha gente durmió esa noche sin saber que el General Emparam había dimitido ante unos muchachos mala conducta. Pero luego vendría la represión de la guerra que duró mas de diez años de combate ;de conquistas y pérdidas de Repúblicas, con una mortandad que superaba el 40% de la población

  3. El 19 de Abril de 1810

    Luis Alfredo Rapozo

    Los acontecimientos de sucesión que se dieron en España de principios de 1800 fueron creando las condiciones para que en las colonias españolas comenzare un proceso independentista que como una centrífuga no paró, hasta que cambió la historia de las gentes que poblaban el hemisferio.

    Si bien es cierto que en la Corona Española nunca se ocultaba el sol, pues su extensión llegaba hasta las Filipinas, también es cierto que la burocracia ibérica no había crecido lo suficiente, ni se había desarrollado como para administrar y controlar ese gran Imperio. La administración no se adaptó al crecimiento del Imperio ni modificó las relaciones con las colonias.

    Comparando a España con la Francia e Inglaterra de aquel momento, ésta se había quedado rezagada en su desarrollo comercial e industrial y el conflicto de poder entre Fernando VII y su padre, el viejo rey, terminó coyunturalmente de “poner la guinda” que hacía falta para justificar un alzamiento en las colonias, aprovechado por la clase emergente de blancos criollos o americanos que detentaban el poder económico, además de aspirar la creación de la república y asumir el mando político.

    Nuestra independencia tiene tres momentos vinculantes que como un lazo, amarran los diez años de lucha para lograr el objetivo de ser libres, son ellos: El grito de independencia del 19 de Abril de 1810, la firma del acta de independencia de 1811 y finalmente las batallas de Carabobo de 1821 y la del Lago de Maracaibo, cuando se cierra la guerra contra la Corona.

    El 19 de Abril de 1810 es una fecha que debemos recordar todos los venezolanos con profundo respeto y comprensión; sin añadirle elementos incorrectos de tildar –por ejemplo- este proceso de socialista o revolucionario con aires del siglo xx, como si fuera una guerrilla de hombres barbudos internados en una sierra, para tomar el poder e instalar la dictadura del proletariado, como decía Carlos Marx a partir de 1848 en sus escritos.

    Gracias a estos hombres patriotas, se llevó a cabo ese momento histórico que fue el primer paso, lleno de fe, hacia la consecución de la libertad. Sí debemos decir que hubo influencia ideológica, pero ésta venía del iluminismo; de los aportes de Juan Jacobo Rosseau y su “Contrato social”, de la Independencia de los Estados Unidos de Inglaterra en 1776 y del proceso Civil en Francia con la caída de la monarquía.

    Imposible olvidar los nombres de Francisco Salias. Luis Ponte, canónigo José Cortés de Madariaga, el presbítero Francisco José Ribas, los doctores Juan Germán Roscio y José Félix Sosa y el tribuno popular José Félix Ribas.

    Un pasaje clásico de estos días es la intervención del canónigo Madariaga, quién da ha entender a Emparam que la situación le es muy difícil. Madariaga le ha pedido la renuncia en nombre del clero y del pueblo. Emparam sale al balcón y pregunta al pueblo, amotinado en la plaza, si está contento de su gobierno. A su espalda Madariaga hace signos negativos, y al punto el Doctor José Rafael Villarreal grita desde la plaza: “No, no”; grito que la muchedumbre repite en coro. Emparam exclama: “Pues yo tampoco quiero mando”. La revolución había triunfado.

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