Cristo das Trincheiras

Por • 10 Abr, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

A Mons. Mario del Valle Moronta Rodríguez

A ras de lluvia, patria, soledad y espera. Impetuosamente y sin reparo alguno. En homenaje al histórico Cristo de las Trincheras, el que reposa en el Mosteiro da Batalha – Portugal -. Sin una mano, sin pies, después de haber estado en el frente, de sol a sol, entre borrasca, plomo y lluvia, en una y otra guerra, a ras de guerra, hoy, permanente lámpara votiva en la ruinosa oscuridad de un vetusto monasterio, espeluznando al mundo en fantasmal plegaria. Cristo, el hombre, eternamente, un gran dolor en viaje, en esta ominosa hora menguada, turbia, oscura, lluviosamente nocturna, en esta hora humosa que en sombras nos envuelve. Sed de mundo, cerviz de noche, contrito, solitario y muerto. Cristo pobre, pobre – pobre… del pobre… buen hermano, bueno, colérico cordero al descubierto, nuevamente con látigo inclemente arrojando a los nuevos mercaderes, tan pierna arriba en su agonía, al aire el brazo, en ademán resuelto y justiciero, combatiente, insurgente, fiel miliciano… Tú – el revolucionario más valiente -. Tú – el más rebelde y noble montonero -. ¡Sal de tu iglesia! ¡Coge la montaña! ¡Y a quienes luchan rige y acompaña en tan heroica y santa rebeldía! Cristo de las trincheras, Cristo ahumado, al frente de la guerra, guerrillero, frente al hambre, pedazo de madero, entre la guerra con color tostado. Al descubierto, roto, desolado,
fuego encendido, fuego prisionero;
en la trinchera, siempre de primero,
de la batalla el Cristo mutilado.

De trinchera en trinchera, chispa, lumbre,
encendido en amor, enfogarado,
en sangre, en ruego, en alba y mansedumbre.

Cristo de La Batalha, iluminado,
en lanza, en ristre, en cruz, en muchedumbre,
al hombre ruega en llamarada alzado.

Pablo Mora
8/04/2009



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