Las balas que nunca olvido

Por • 9 Abr, 2009 • Sección: Imperialismo, Reflexiones, Tribuna Abierta

Esa mañana llegó con un clima de tensión. Saber que una marcha opositora iría supuestamente hasta el centro de Caracas, con la clara intención de decirle al presidente Hugo Chávez que se fuera, era un motivo importante para generar angustia, por lo menos en mi caso.

Luego de hacer el noticiero Venpres en la noticia, aquel 11 de abril de 2002, sentía que algo pasaría. Ya pasado el mediodía, los promotores de esta marcha “pacífica” cambiaron, “casualmente”, la dirección de la manifestación y llevaron a cientos de personas hacia el Palacio de Miraflores, donde además se concentraban ciudadanos y ciudadanas que apoyaban al Gobierno de Hugo Chávez.

Al oír los gritos de estos voceros opositores anunciando el camino hacia Miraflores, quienes en su mayoría hoy se encuentran fuera del país y evadidos de la justicia venezolana, los presentimientos se convirtieron en realidad. El objetivo de la oposición quedó develado: generar violencia y culpabilizar de la misma al Presidente.

Bueno, entre salto y sobresalto, decidí ir a Miraflores, como periodista de Venpres, ahora Agencia Bolivariana de Noticias, no podía quedarme de brazos cruzados en la redacción. Llegué a Miraflores en medio de disparos que no sabía de dónde salían.

Al paso del tiempo, con las informaciones que recibíamos los periodistas en Palacio y con lo que podíamos ver desde un punto de Miraflores donde nos encontrábamos, inmediatamente nos percatamos que la mayoría de las personas que empezaron a morir eran los que se encontraban en las afueras del Palacio defendiendo el proceso bolivariano.

Francotiradores y efectivos de la Policía Metropolitana, con armas no autorizadas para este cuerpo, disparaban hacia una masa de chavistas que se encontraba en Puente Llaguno y las afueras de Miraflores. Estaban realmente atrapados, no había salida.

Casi a las 6:00 de la tarde llegó a Miraflores al Alto Mando Militar y los rumores de bombardear Palacio eran cada vez más fuertes. Los periodistas de los medios del Estado no queríamos salir de Miraflores porque ya sabíamos que el ataque y las balas eran para nosotros y para los que caminaban a favor de la revolución.

Las balas continuaban, sin descanso, tratando de callar a un pueblo que no hacía sino custodiar al comandante Chávez y cuidar con la vida el proceso de cambio que nació en 1998.

Cuando vi al Alto Mando Militar entrando al despacho presidencial pensé que le dirían al presidente que si no se retiraba matarían a todos sus seguidores y desaparecerían Miraflores de un bombazo.

Por eso creo que Chávez se entregó, sin renunciar jamás, se retiró para salvarnos a todos, para que la oposición dejara de matar a más seres humanos inocentes.

Efectivamente, Hugo Chávez no renunció y hoy sigue liderando el proceso revolucionario en Venezuela, debido a que el pueblo, a pesar de las balas en su contra, así lo decidió.

Ni balas, ni ideas opositoras ni planes golpistas han logrado opacar y exterminar la Revolución Bolivariana, proceso que hoy estimula otros cambios en en América Latina y el mundo.

Primeros pasos de justicia
El viernes 3 de abril, Antonio Molina, abogado de las víctimas del Golpe de Estado del 11 de abril de 2002, confirmó que los tres comisarios de la Policía Metropolitana involucrados (Iván Simonovis, Henry Vivas y Lázaro Forero) fueron condenados a 30 años de prisión por los delitos de complicidad necesaria en la ejecución de homicidio calificado, consumado, frustrado; lesiones graves, gravísimas, menos graves y leves.

Molina indicó en esa oportunidad que la sentencia recoge, como parte de su motivación, que la muerte y lesiones por las cuales fueron sentenciadas estas personas constituyen ‘graves violaciones de derechos humanos’ establecidos en el artículo 43 de la Constitución, ‘y que son parte del desarrollo de un golpe de Estado’.

Añadió: ‘Esta sentencia sienta un precedente porque deja en claro que sí hubo un golpe de Estado. Abre la posibilidad y deja establecido que los hechos fueron ejecutados en un golpe de Estado’.

‘La PM era ese día el brazo armado de la oposición y la motivación que acompañó en el accionar criminal de estos funcionarios fue política: sacar al Presidente de la Presidencia’.

Seis de los 8 policías condenados
Los funcionarios de menor jerarquía Luis Molina Cerrada, Erasmo Bolívar, Julio Rodríguez Salazar recibieron 30 años por comisión de homicidio calificado frustrado, lesiones graves y gravísimas. El cabo primero Arube Pérez Salazar, recibió 17 años y 10 meses de presidio.

Marco Hurtado recibió 16 años por complicidad necesaria por homicidio calificado consumado, frustrado, lesiones graves, gravísimas y otros delitos. Sobre Rafael Neazoa López se determinó que no tenía ninguna responsabilidad y se le absolvió de todos los delitos.

A Ramón Humberto Zapata se le condenó a 3 años por la comisión del delito de encubrimiento, ya que quedó demostrado que, si bien no disparó, estaba presenciado los hechos que hicieron sus compañeros y nunca los denunció durante el juicio.

A López y Zapata se les dio libertad inmediata; en el caso de Zapata, ya llevaba 5 años en la cárcel por lo que ya ha cumplido la sentencia. La libertad de ellos, en opinión de Molina, confirma que no hubo una venganza política.

‘La sentencia no nos llena de alegría, sentimos un inmenso pesar porque unos ciudadanos a quienes el Estado venezolano le confió las armas para la custodia de muchos venezolanos, por el contrario se apartaron de sus deberes constitucionales y legales y se hicieron parte de todo un plan global que desembocaría en la ruptura del hilo constitucional’.

Esas balas nunca las olvido, no sólo porque muchos venezolanos murieron a causa de éstas, sino porque las mismas evidenciaron que la supuesta marcha era realmente un golpe de Estado y un plan de la muerte.

También es imposible olvidar que los venezolanos y venezolanas despertaron y defendieron con sangre y a gritos el nacimiento de una nueva historia y un nuevo camino.

La sentencia que encarceló a algunos de los responsables de la masacre del 11 de abril de 2002 es el primer paso para hacer justicia y para que no quede impune el horror causado a un pueblo. Creo que es el primer paso de muchos que se empezarán a dar porque las balas no se pueden olvidar.

Nancy Mastronardi
ABN
09/04/2009



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