Cerro de Piedra: ¿una manera de subsistir o un negocio?

Por • 6 Abr, 2009 • Sección: Noticias Regionales

“A pesar de tener el vertedero de basura tan cerca, no gozamos de un servicio de recolección de desechos, hemos tenido que abrir pequeños rellenos sanitarios en nuestras cosas o pagarle a un camión para que nos trasladen las bolsas desde el pueblo al basurero”

De diferentes maneras se genera dinero en Cerro de Piedra: vendiendo alumnio, cartón y papel, o criando cochinos

¿Alguna vez se ha quejado por el mal olor de una bolsa de basura que el servicio de aseo no recoge, o por las moscas que se presentan en su cocina después de preparar un pescado relleno con vegetales al horno?

Entonces, definitivamente nunca ha visitado el relleno sanitario de Cerro de Piedra, en el municipio Simón Bolívar de Anzoátegui.

A tan sólo cinco minutos del peaje Los Potocos se encuentra una población de 107 familias que se agrupan en el Consejo Comunal de Cerro de Piedra, quienes alegan que su fuente de ingresos económicos es el vertedero de basura.

Marcos Carite con tan sólo 18 años de edad es el sostén de su familia. Una hermana de 22 años y tres sobrinas de 8, 7 y de casi un año de nacidas son su motivación para conseguir dinero y sacarlas adelante.

Diariamente, cuando el reloj marca las 3:00 de la tarde, el joven se traslada desde su casa en Barbacoas al relleno sanitario -son aproximadamente 20 minutos caminando- para conseguir aluminio, hierro, cartón y papel blanco (archivo).

“Yo tengo que llevar plata pa’ mi casa pa’ que por lo menos mis sobrinas coman; yo no importo, yo como cualquier cosa que encuentre aquí en el basurero, pero ellas tienen que comer comida buena”, sostuvo el muchacho.

Carite se sumerge entre la basura y busca lo que le interesa. Las enfermedades que puede contraer, o las picadas que le hacen los zamuros al coincidir en un alimento que ambos quieren, no le importan.

Lo único que le interesa es buscar entre los escombros material reciclable para vender y conseguir diariamente entre 50 y 100 bolívares fuertes para adquirir alimentos y “una que otra cosa que yo necesite”.

Su piel es mugre, las cicatrices en su cara hacen parecer que en más de una ocasión se ha peleado con personas que se dedican a la misma labor, y que por obtener un pedazo de aluminio, por ejemplo, son capaces de maltratarse.

Sus uñas están largas, llenas de tierra, su cabello y ropa están desliñados y sus zapatos prácticamente sin suela. “Yo tengo ropa bonita, que recojo aquí en Cerro de Piedra, pero pa’ venir a trabajar siempre uso la misma”.

El olor putrefacto del relleno ya no lo siente, está acostumbrado a caminar entre zamuros y cochinos que se encuentran en el lugar.

Su único propósito es conseguir materiales en buen estado y venderlo a los mismos camioneros que depositan la basura en el área.

Marcos nunca fue al colegio y no sabía lo que era trabajar, hasta el año pasado cuando su mamá -Margarita Rivas, de 32 años- murió, tras padecer de un tumor en la cabeza.

“A mí me gusta venir al basurero, siempre consigo cosas para la casa, y además vendo cosas que me sirven para llevarle dinero a mi hermana, y así compre comida”, agregó.

El vertedero se ha convertirlo para Carite en un manera de subsistir. Asegura que no se esfuerza mucho y consigue lo necesario para vivir y mantener a su familia.

“Creo que Cerro de Piedra es mi segunda casa, tengo amigos y aquí consigo dinero, comida y cualquier cosa que quiera”, mantuvo el joven.

Todo un negocio
Mientras Carite subsiste del relleno sanitario que recibe la basura de los cuatro municipios de la zona norte de Anzoátegui (Guanta, Sotillo, Urbaneja y Simón Bolívar), otros ven el lugar como un negocio.

La cantidad de cochinos que se observa entre la basura es infinita, no se pueden contabilizar a simple vista, además, se pierden entre los escombros.

Hace dos años, aproximadamente, el señor Luis Hernán Buriel adquirió dos puercos y empezó a subirlos desde su residencia, en la propia comunidad de Cerro de Piedra, hasta el vertedero para que se alimentaran.

A tan sólo una semana de haber aplicado la medida, los habitantes de la zona copiaron su iniciativa.

En la actualidad, las 107 familias que viven en Cerro de Piedra crían a esta especie de animal y lo expenden durante la temporada de diciembre, o cuando la situación aprieta.

“Es una manera de ganarse la vida, hay mucha gente que tiene trabajo en Barcelona y diariamente salen, pero hay otros, como yo que soy un hombre mayor, que necesita plata para sus medicinas, por eso decidí criar cochino”, dijo.

Buriel tiene ocho animales y diariamente, a eso de las 4:00 de la tarde sube a sus crías para que se alimenten. A las 5:00 p.m., las baja cimo si arreara cualquier otro animal y los lleva a su casa.

Cada persona reconoce los puercos de los demás y respetan el derecho a la propiedad. Después de un enfrentamiento entre los mismos habitantes, cada persona decidió hacerles una marca particular a sus animales para identificarlos y evitar problemas.

El señor Buriel les hizo una cicatriz en las orejas a sus cochinos y desde allí no se le han perdido.

“Lo único que perdemos son las crías de nuestras cochinas y eso es a veces, cuando les da por parir en el propio basurero, porque la misma gente los agarra y se los lleva”, acotó el hombre.

No obstante, garantizó que cada quien es responsable de sus animales y depende de ellos alimentarlos.

Plan de inversión
En el último consejo estadal de Planificación de Políticas Públicas de Anzoátegui se aprobó un total de Bs.F. 8 millones para ejecutar un plan de inversión social que mejore las condiciones del relleno de Cerro de Piedra. Luis Reyes, presidente de la Mancomunidad de Aseo Urbano y Domiciliario de Bolívar y Sotillo (Masur) informó que prevén que de los ingresos que genere el vertedero se cree un fondo social para brindarle ayuda de diferentes tipos a las comunidades cercanas

Producir sin gastar
Los vecinos de Cerro de Piedra ven en el vertedero una manera de ahorrar, pues sus crías se alimentan gratuitamente, y luego los venden al precio que se ofrezca en el mercado.

Por ejemplo, la comerciante Pilar Marín tiene 32 cochinos y vende el kilogramo a 8 bolívares fuertes, por lo mínimo.

“Aquí toda la comunidad de Cerro de Piedra tiene su negocio de los cochinos, es una manera de ganarse la vida y de generar dinero para mantenerse. Nosotros no tenemos una empresa básica o petrolera que nos dé trabajo. Sólo los que tienen trabajo en la ciudad (Barcelona) pueden costear mas o menos sus gastos”, comentó.

Marín posee una bodega para subsistir, pero requiere más dinero para mantener a sus hijos, por lo que optó por la cría de cerdos.

Cada día sube a sus animales a las 5:30 de la mañana al vertedero y luego los baja por “vías de acceso” que la misma gente ha creado.

Según los habitantes de Cerro de Piedra, sus animales están en buen estado y son saludables.

Aseguran que cada seis meses le ponen la vacuna antirrábica que les da el Instituto de Salud del estado (Saludanz) y que lo aplica el personal que labora en el ambulatorio rural tipo I de Barrio Adentro que está en el lugar.

“Los cochinos son animales que comen de todo, por eso los llevamos al basurero, allí encuentran lo que necesitan. Aunque nosotros también le hacemos preparados con maíz para que agarren más kilos”, sostuvo Yeli Guerra, otra vecina de la zona.

Para la temporada de diciembre es cuando los residentes empiezan a vender sus animales y a percibir mayores ingresos.

Algunos han llegado a vender el animal a Bs.F .12, pero eso depende del estado en que se encuentre el puerco y de cuántos se lleve el cliente.

Por ejemplo, la comerciante Marín, quien también es vocera del comité de salud del consejo comunal Cacique Cayaurima del pueblo, indicó que el cochino más grande que ha vendido ha pesado 260 kilogramos.

Vendió el puerco a Bs.F. 8 el kilogramo, lo que se tradujo en Bs.F. 2 mil 80.

“Con ese dinero compré principalmente medicina para mis niños, porque suelen enfermarse debido a la basura”, precisó.

Realidad
La realidad en Cerro de Piedra va más allá de un negocio o de un lugar donde desechar la basura.

La cría de cochinos y la labor que desempeñan hombres y mujeres para percibir dinero vendiendo material reciclable, no compite con el sentido de pertenencia que tienen algunas personas, catalogadas por los mismos habitantes del lugar como indigentes.

Sus aspectos dan tristeza y la sensación de que nunca se han bañado; su ropa es muy sucia y algunos ni siquiera están vestidos, pero son precisamente ellos quienes consideran a Cerro de Piedra como su casa.

Al llegar al basurero, lo primero que se observan son los cochinos y zamuros comiendo de los mismos residuos.

Algunos pájaros se colocan encima del animal para lograr un mejor ángulo, estar más estables y comer lo que prefieran.

Pero la tranquilidad del basurero acaba cuando se desarrollan peleas entre los mismos indigentes que viven en el lugar.

Aunque no quisieron declarar y huyeron ante el contacto con otra persona, los trabajadores admitieron que son muchos los hombres y mujeres que viven en el relleno.

“Yo supongo que como no tienen dónde vivir, ni comer, se vienen hasta Cerro de Piedra porque tienen seguro un plato de comida”, advirtió Marín.

En el área se observan “casas” hechas con cartón y que tienen por guardia a perros que tienen la piel manchada y con sarna.

Incluso los mismos habitantes del vertedero tienen una especie de salpullido en su piel, pero no les importa. Lo que les interesa es tener de donde comer y donde dormir.

Luis López, uno de los camioneros que diariamente va a Cerro de Piedra, indicó que los “residentes del basurero” pelean por comida.

“A ellos no les importa el aluminio, el hierro o el cartón, a ellos lo que les gusta es que haya comida, mientras encuentren un pedazo de pan o arepa son felices”, alegó el recoge basura.

De todos
Todas estas actividades para tener dinero y trabajo, así como de comida para vivir, no sólo es importante para los habitantes de Cerro de Piedra, pues todos los residentes de la zona norte de Anzoátegui tienen participación. Sus desechos van a parar a ese lugar.

“Podríamos decir que tenemos lo que necesitamos, pero no lo que queremos. Necesitamos vivir seguros, sin miedo a que un indigente se vuelva loco y que contemos con medidas en materia de salud que nos permita estar sanos”, pidió Guerra.

Hizo un llamado a los encargados de los entes competentes en la entidad y el país, así como a los mismos habitantes de la zona norte, a que les tiendan la mano.

Pues, si bien es cierto que muchas veces las personas se quejan por alguna comida o falta de limpieza en un lugar, también es cierto que hay miles de personas que no tienen qué comer, que viven en los escombros y entre la basura, sin importar que podrían contraer una infección que acabe con su vida.

Gina Mistaje
Diario El Norte
06/04/2009



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