Rememorando el 27 de Febrero de 1989 a 20 Años de Aquella Gesta Histórica

Por • 23 Feb, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

A manera de introducción.  “Sacudón”,  “explosión social”, “caracazo”, “estallido social”, “prólogo del 4-F” (aquellos polvos trajeron estos lodos) han sido algunas de las expresiones usadas para denominar el evento que iniciado el 27 de febrero de 1.989, mantuvo durante más de una semana el alma en vilo, y por supuesto también el cuerpo, de la sociedad venezolana.    De ese significativo episodio nos corresponde hoy conversar, decir algunas cosas, tal vez mas apropiadamente recordar;  el tiempo en estos casos actúa como “camisa de fuerza”, que determina el no poder extendernos como quisiéramos y como el tema lo merece.    Pedimos, pues, disculpas por algunas omisiones en las que hayamos de incurrir.

El contexto político, social y temporal de los sucesos.   Sin dudas, los días previos al 27 de febrero de 1989 transcurrieron tensos; la política económica presionando sin contención  hacia el alza del costo de la vida y en consecuencia hacia la caída en picada de su calidad. Desabastecimiento de artículos de la cesta básica, también en productos de la canasta menos básica. El año comenzaba bajo el signo de la escasez acompañado de un aumento galopante en los precios.

El desabastecimiento: En los anaqueles, estantes y mostradores de abastos, mercados y auto- mercados, el espacio  del azúcar, granos, harina pan, aceite, detergentes, y papel higiénico entre otros productos estaba vacío y una irregularidad con elevada carga de perversión se venía prestando con y por el acaparamiento y retiro de mercancías para el remarque ambicioso posterior del precio.

El desempleo: Por otra parte se incrementaban groseramente las cifras de desempleo, aupados por masivos y no controlados despidos. A la orden del día el deterioro y la caída en la eficiencia de los servicios públicos básicos, resultando la educación  y la salud los sectores mas golpeados. Los aspectos mencionados actuaban en perverso círculo vicioso, y luego en espiral iban teniendo efecto en el ánimo de la población: trabajadores, estudiantes, gremios diversos  y los propios vecinos  comenzaban  a involucrarse en una oleada de manifestación y protestas de variada índole, violentas algunas incluyendo expresiones huelgarias.

El despilfarro: Chocante resultó la forma de la asunción de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez. Dentro de un ambiente muy festivo, se contó con  la presencia de  más de mil invitados especiales, donde destacaba la presencia  de veintidós  gobernantes extranjeros y cerca  de quinientos periodistas acreditados para la cobertura del evento. En forma sardónica la llamó el pueblo en su inagotable  imaginación  “la coronación del Gocho”.

Signos de lo que se aproximaba fueron las protestas que ocurrieron en Mérida, en solidaridad con las de Caracas, precipitadas estas por la muerte de un empleado de la U.C.V., Carlos Yépez. Las de Mérida duraron más de una semana. Protestas similares ocurrieron  más cerca de Caracas, en Aragua y Carabobo, donde un elemento novedoso fue la incorporación de  amas de casas a las manifestaciones, quienes llegaron a la situación extrema de asaltar comercios y abastos, con una característica muy peculiar como lo fue el hacerse solamente de comida. Sin duda  “el tablero de controles” emitía señales de alarma, tenia varias luces rojas encendidas.

Los detalles: A esta situación apretadamente resumida hay que acotarle tres detalles que sin discusión  “echaron más leña al fuego”. Uno, la sorda actitud del gobierno que en afán equivocado de disminuir, de minimizar el exacto valor de las protestas  no escuchaba, se asordinaba con relación a los reclamos  continuos;  en segundo lugar la fastuosidad  y la pompa como Carlos Andrés venia celebrando su segunda presidencia, y en tercer  término – en sentido contrario- la audiencia genuflexa  y  tonta que se prestaba a las recomendaciones de la banca internacional, al Fondo Monetario y al Banco Mundial, con relación a la economía venezolana . Las medidas de ajustes macroeconómicos apuntaban en la dirección de caldear y exacerbar los ánimos. El rechazo fue casi unánime. Cobro triste celebridad Miguel Rodríguez, a la sazón Ministro de Planificación  de Pérez, como adelantado y ejecutor fallido  de las medidas fondo monetaristas. El 31 de enero había reseñado la prensa que estaba “lista la carta intención con el F.M.I.”, a pesar de que CAP declaraba diferente cuando decía que: “EL FMI no impondrá condiciones a Venezuela”.

La gota que derramó el vaso. Guarenas irrumpe bulliciosa y protestaría, “rompiendo fuente” en doloroso parto ese 27 de febrero  de 1989. Dicho está que los días que precedieron a esta fecha que combina luto  y rebeldía, alegría y tristeza,… fueron de tensa  calma  y “cielo encapotado anunciando tempestad” parafraseando el verso de la canción federalista. Los vidrios  de las ventanas y parabrisas  de busetas encargados de cubrir la ruta Caracas-Guarenas- Guatire eran útiles para anunciar la decisión de los conductores, de elevar el precio de los pasajes. Lo inesperado y sorpresivo y donde los intereses de choferes   y usuarios se divorciaron en brecha abrupta fue lo violento del incremento, lo desmedido, más allá de los diez bolívares autorizados por el ejecutivo. En dieciséis se montó la ambiciosa  y desmesurada  aspiración.

Un caso particular: Un fin de semana de celebración era 25 de Febrero de 1989 y a pesar de lo quebrada que estaba la economía, habíamos definido celebrar el  1er. Añito de mi sobrino Alex que los cumplió el 22 de Febrero y el mío propio que cumplía 23 años y fue un buena excusa para reunir a toda la familia el sábado 25 y así fue; entre el Viernes 24 y el Sábado 25 fue llegando la familia desde Puerto La Cruz, Santa Teresa, Petare y  Valencia, todos venían a la fiesta que se realizaría en el Bloque 43 de la Urb. Menca de Leoni en Guarenas donde viven mis padres doña Ana Rodríguez y el profesor Silverio Carmona justamente diagonal al Centro Comercial Miranda.

La Celebración: Llegó la hora de la fiesta y todos los hermanos y sobrinos habían acudido a la cita 9 hermanos y 12 sobrinos, además de los vecinos, recuerdo que en la tarde hubo piñata y en la noche vino la fiesta de los adultos, donde mandolina en mano, guitarra, cuatro y otros instrumentos se unieron para darle vida a aquel encuentro familiar que duro toda la noche deleitándonos con temas como Conticinio, El Totumo de Guarenas, Brisas del Torbe, Santa Lucia, entre otros; así como con otros temas mas modernos para la época como: Hotel California, Escaleras al Cielo o Bajando por el Rio. Fue pasando la noche y ya preparábamos un viaje de Playa para pasar la resaca y sería el día Lunes 27 de febrero cuando nos iríamos cada quien para sus casas.

Llego el 27 de Febrero de 1989, era el día de despedirnos y cada quien se iba a su trabajo  y las mujeres se irían a sus respectivas casas, pero un abusivo aumento de pasaje por parte de los choferes que cubren la ruta Caracas Guarenas, no lo permitió y los usuarios y usuarias que ya venían reclamando el aumento autorizado por el gobierno de CAP; se les colmo la paciencia ya que los muy descarados intentaban cobrar 60 Bs. Mas de lo acordado y esto unido a un comunicado que se venía entregando desde bien temprano por parte de la “Unión de asociaciones de Vecinos de Guarenas “  que invitaba a no pagar dicho aumento y a la vez convocaba a una reunión a las 5 pm para debatir dicho tema.

Los Recuerdos: No se puede borrar de mi mente aquellas imágenes cuando el pueblo arto de tanto abuso decidió tomar lo que le habían arrebatado desde siempre y un rio de personas en diferentes direcciones cargaban desde algunas sardina hasta monitores, neveras  y otros enseres ,el Centro Comercial Miranda era el escenario y desde niños hasta jóvenes, amas de casas , y padres de familia corrían despavoridos llevando algo a su casa para luego regresar por mas, en el terminal todo era confusión y hasta se quemaron algunas unidades y hasta se tranco la vía, en la calle Comercio un local que acaparaba Leche, Harina y Café para luego remarcarle el precio, era expropiado así como otros comercios luego los Canales de Televisión se encargaron de transmitir lo ocurrido y en pocos minutos toda Venezuela insurgia ante el abuso de el Fondo Monetario Internacional y su lacayo Carlos A. Pérez.

La Represión: La hora de la represión no se hiso esperar y tanto el ejercito como la Guardia Nacional y Policías salieron a las calles a reprimir a un  pueblo, atropellando y hasta matando sin darse cuenta que entre esos muertos y heridos estaban sus amigos y hasta familiares, inicialmente la acción policial era un  “Quítate tu para ponerme yo”, ya que se veían las llamadas “Perrera Municipal “ o “Jaulas” repletas de distintos enseres y Línea Blanca que no regresaron jamás a sus dueños, y los policías comenzaron a cargar con todo cuanto encontraron en los comercios y hasta pasaban al lado de algún herido o muerto pero eso para ellos no era importante en ese momento, “lo mas importante era el botín“ ya habría tiempo para cumplir con el mandato de reprimir al pueblo y encontrar culpables; en la tarde ya el Centro Comercial Miranda estaba tomado y era muy poco lo que se había salvado de la “Expropiación del pueblo” y del “Malandraje de los Cuerpos Policiales”, solo el Supermercado CADA había quedado intacto. Mientras la avenida Principal de la Urb. Menca de Leoni era ahora un rio de sangre, vidrios, cauchos quemados  y cartuchos de distintos calibres así como bombas Lacrimógenas y todo aquello utilizado por “Los Cuerpos de Seguridad” para reprimir al pueblo.
 

Toque de Queda y Suspensión de Garantías: cuando creíamos que todo había terminado, resulta que se puso peor la cosa ya que a los “Cuerpos Represivos” le dieron licencia para matar, fue así cuando comenzaron su peor arremetida y todo lo que se movía le disparaban ya que esa era la orden y las tanquetas rondaban el irreverente urbanismo de arriba abajo con actitud amenazante y grotesca; fue así como padres y madres de familia perdieron la vida por solo salir a buscar algo de comer para sus hijos.

Solicitud de Comida: El pueblo desde sus apartamentos gritaba que no tenía comida y que les permitieran salir a comprar con la garantía de sus vidas, y lo que recibían como respuesta era descargas de balas de distintos calibres, incluso de las usadas para la guerra lo cual dejo nuestros edificios convertidos en coladores y era común localizar alguna bala en cualquier lugar de nuestros apartamentos.  
 

El engaño: El día Miércoles con Megáfono en mano desde las tanquetas hacían un llamado a los vecinos de Menca de Leoni para que bajaran a hacer una cola ya que según ellos abrirían el CADA para la venta de comida y al llegar las personas a la avenida frente al bloque 43 los conminan a que hagan dos colas separadas las Mujeres  del lado izquierdo y los Hombres del  lado derecho, y luego de estar debidamente organizado según la solicitud de los “Cuerpos Represivos” la saña hace presencia en el escenario, nos tienden una emboscada y de ambas direcciones de la  avenida los cuerpos policiales arremeten a perdigonazos a la cola donde estaban los hombres provocando gran cantidad de heridos, algunos muertos y dejando con discapacidad visual y de otras índoles a ciudadanos que solo atendieron al llamado para llevar algo de comer a sus hogares.

El resultado: Varios muertos, infinidades de heridos comercios destrozados, autobuses quemados y la memoria de un pueblo que alzó su voz  para gritarle al mundo que “La patria de Bolívar no soportaba mas humillación y mucho menos hambre”

La Vivencia: Como familia nos tocó vivir quizás por causalidad todos unidos los avatares de un gobierno que disfrazado de democrático y amparado en la representatividad imponía ante el pueblo todo cuanto le solicitaban desde el norte pasando por encima de los derechos humanos consagrados en tratados internacionales e incluso en nuestra propia carta magna, hoy somos en su totalidad militantes de la Canción necesaria y en nuestro repertorio musical cuando estamos reunidos, no faltan temas como “Techos de Cartón”, “Canción Mansa para un Pueblo Bravo”, “No Basta Rezar”, “Coquibacóa” “Don Samuel” entre otras que llevan intrincito el mensaje revolucionario. 

Las tarifas: Las nuevas tarifas, por demás chocantes esa mañana polarizaron  en aceras opuestas el posicionamiento  de transportistas y público. Al justificado reclamo de unos pocos y tempraneros estudiantes  del Instituto Politécnico Universitario “Luis Caballero Mejias”, de Guarenas, respondió el lenguaje  altanero de la cabilla  y la dirigencia sindical ordenó la interrupción del servicio, haciendo más acalorada la discusión e insalvable  la diferencia; la respuesta estudiantil no se hizo esperar, concitando la solidaridad del Instituto Pedagógico  y la  UCV, en Caracas y de la ETI Rubén González, en la misma Guarenas .

El enfrentamiento: El enfrentamiento violento llegó entonces inevitable y “una chispa comenzó a incendiar a toda la pradera”. Del terminal de pasajeros de Trapichito, en Guarenas,  la protesta radical empezó a desbordarse y hacerse incontenible por y para las “fuerzas del orden”, y se extendió como reguero encendido de pólvora  al resto la ciudad, pero ya no solo contra  el arbitrario aumento del pasaje, sino ante el alza generalizada en el costo de la vida, expresado en los precios de la canasta básica y otros. Después las ondas hertzianas hicieran su trabajo y se encargaron de convertir en rodante y creciente “bola de nieve” la incendiaria novedad, la  agitada noticia, cuando esa mañana no habían terminado de disiparse los lebrunos del alba.   Petare  y el resto de Caracas se sumaron, y barricadas, humo y  saqueo coparon la agenda del día.
 

Lo argumentado: Argumento que manejó el ex-Presidente Pérez en entrevista con el periodista Roberto Giusti, cuando dijo:   “No se crea  -y este debate no vale la pena- que los trescientos muertos que hubo fueron producidos por choques entre policías o ejército (sic) sino que ahí hay muertos producidos por los mismos sucesos, gente que se atropelló con otros, hamponato común que también participó en esto, muertes que se produjeron por el nerviosismo que la televisión creó en las urbanizaciones y cuando se vieron grupos de gente, ya se habían organizado sectores para disparar contra quien se acercara …”.   

Las cifras: Abundando más, hay que decir entonces que oficial o más bien oficiosa resultó la cifra manejada por el entonces Director de Medicina Legal de la PTJ, Dr. Ramón Velasco Torres, quien ubicó los fallecimientos en doscientos cincuenta y seis, para coincidir con Celli, y dando por veraz la información de PTJ y la Secretaría de la Presidencia de la República. Tal coincidencia tiene su propia racionalidad. Es en ese momento la voz del gobierno. Por cierto las circunstancias de las investigaciones posteriores han avanzado en la dirección de corregir estas cifras, y a pesar de la dura e interesada oposición encontrada, las nuevas cifras oficiales, hoy en el 2009 aceptan que ocurrieron más de cuatrocientos cincuenta muertes, y aun no se ha cerrado el expediente. Ha sido, es muy cierto, necesaria la intervención de una instancia internacional como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.    Con referencia a las declaraciones del forense, además Jefe de la Morgue de Bello Monte, al ampliar, hubo de aceptar que al menos en dos oportunidades, durante la semana de los graves acontecimientos, ellos (se refiere a la gente de la morgue) se vieron obligados a despachar en vehículos de Defensa Civil, lotes de treinta (30) cuerpos cuyo destino final fue la fosa común localizada en el sector conocido como “La Peste”.

Las fosas comunes: Es obvio que para tomar una decisión tan delicada y comprometedora como esta de utilizar el expediente de las fosas comunes, la presión dura y trágica del número de cadáveres debió ser enorme, muy fuerte, y la iniciativa contradice el esfuerzo y el interés de minimizar las cifras, en intento a todas luces, así lo entendemos e interpretamos, de eludir o disminuir la carga de responsabilidades.

En los hospitales: Ahora, sin pasión, tratando de ser ecuánimes y buscando acercarnos a una siempre relativa objetividad, vamos a echar mano de otras declaraciones. Aprovechemos las de los médicos del Hospital “Pérez Carreño”, sin dudas testigos de excepción. Se trata de los doctores Ricardo Molina Martí, Hermes Pérez, Carlos Marrero, Magda León y Thaís Ojeda. De los nombrados el primero fungía entonces  como Jefe de Cirugía III, en el mismo hospital conocido más popularmente como “El Pescozón”. 

Coincidencias: Coinciden los galenos en que:   “Los primeros llegaron casi a las dos de la tarde (se refieren a policías vestidos de civil acarreando cadáveres para las fosas comunes)  cuando en la ciudad se escuchaban tiros entre  columnas de humo, el ulular de las sirenas y gritos entrecortados.  Portaban metralletas, algunos cubrías sus rostros con pañuelos y todos vestían de civil.  Entraron a la morgue del hospital con movimientos rápidos, ya premeditados. Comenzaron a sacarlos, agarrados por muñecas y tobillos, para amontonarlos unos sobre otros.  Llenaron el cajón de la pick-up, lo cubrieron con una lona roja y arrancaron picando cauchos. Al rato regresaron para continuar su tarea.”.Testimonios como este permiten deducir lo grande de la cantidad de cadáveres manejados en la faena mencionada, como para entender que la cifra de doscientos cincuenta y seis muertos se queda corta. También es conveniente agregar algo con relación a las características de las heridas, de las lesiones por balas, las cuales iban variando con el transcurrir de las horas.  Al comienzo los heridos que ingresaban lo eran por perdigones;  luego comenzaron a llegar heridos por armas cortas pero  “después del toque de queda llegaban puros heridos de FAL”.  Y como dato curioso pero era de extrañar hay que anotar que fue variando la proporción de más heridos y menos muertos a menos heridos y más muertos.  Es obvio, harto evidente que el testimonio de estos médicos rechaza las cifras tempranamente disminuidas de Celli, Pérez, Alliegro y todo el corifeo que les acompañó en la campaña de mentiras.

La masacre: Es sencillamente patética la declaración del Dr. Molina Martí que transcribimos  de seguidas:  “Aquí en Venezuela, especialmente en Caracas hubo una masacre nunca vista.  Los grupos policiales se dieron a la tarea de matar.  No fue simplemente represión para pacificar.  Hubo muertes injustificadas.  Se mató por matar, para atemorizar a la población. ¿Cuántos ranchos fueron desbaratados a tiros? ¿Cuánta gente murió en la calle por llevarse una lata de mantequilla?  Uno no se explica por qué tantas mujeres, tantos niños y tantos jóvenes, especialmente población de barrio llegaba grave al hospital.  Aquí no se vio clase media ni profesional.  Solo marginados y eso es importante que se tome en cuenta. Fue en los barrios donde hubo la carnicería”.

La primera víctima.   Con sus escasos veintidós años y un mundo de ilusiones por delante, en la Escuela de Trabajo Social de FACES, en la UCV, y llevada por su sensibilidad social buscaba Yulimar Reyes hacer realidad sus sueños de formación profesional.  Ese aciago 27 de  Febrero, sueños, ilusiones y esperanzas se trizaron como espejo roto.  Ocurrió cuando comenzaba a caldearse la protesta, con la manifestación de usuarios y vecinos que se desarrolló entre el Terminal de Pasajeros y el Parque Central, y la Policía Metropolitana arremetió contra los manifestantes, para que en respuesta casi automática aparecieran las primeras busetas incendiadas.  La anarquía comenzó a extenderse.  Vidrieras rotas en distintos comercios, ataques contra abastos y automarcados, gavillas a transportes de mercancías inducían el caos y se vislumbraba como posibilidad real, muy cercana, una cierta “subversión del orden, del estatus”.   Yulimar probablemente era parte, protagonista, de la acción solidaria estudiantil; y de pronto estaba en medio de la vorágine, en el propio torbellino, y el reflejo condicionado de los cuerpos represivos se activó y reaccionó diabólico al estímulo.  Fue el caso del funcionario de la Policía Metropolitana Néstor Canelones, quien apretó el gatillo de su escopeta y sembró una carga de perdigones en la humanidad indefensa y desarmada de Yulimar.  Con un proyectil alojado en la parte baja del cuello perforando su yugular, una hemorragia interna abundosa e incontrolable le fue arrancando aceleradamente la vida.  

Los testigos: De este desgraciado y doloroso episodio dan fe en testimonio valiente,  pues estaban en el lugar de los acontecimientos, Arturo Gallegos en ese momento Presidente de la Federación de Centros del Instituto Universitario Politécnico “Luis Caballero Mejías”, Jesús Calabrese quien fungía de Secretario General y Humberto Vega Secretario de Cultura de la misma  organización estudiantil.   Fue vano el esfuerzo de éste último muchacho de darle respiración “boca a boca”, en desesperado y solidario intento de auxiliarla.  Arremetidas consecutivas del mismo policía que la había herido mortalmente no dejaban completar el humanitario acto de socorro y llevarla de la Avenida Lecuna, a la altura del Edificio Tajamar, en Parque Central, hasta la Avenida Bolívar, única vía que permanecía relativamente despejada, para intentar el abordaje de un vehículo para su traslado a cualquier centro hospitalario de emergencia. Finalmente se le murió en los brazos a Humberto.

Se multiplicaron las víctimas. Cuadros como este se repitieron muchas veces, siempre con una constante, el lugar de residencia de la mayor parte de las víctimas: barrios humildes, urbanizaciones populares.  Contra éstos el ensañamiento criminal de las tanquetas cumpliendo servilmente y con saña las órdenes del amo, para la defensa de su estatus, atemorizado por la amenaza de perder sus privilegios, sus prebendas, su posición dominante, … y sobran todavía escribidores, tinterillos de pacotilla, “cagatintas”  empeñados en negar, ocultar lo que resulta evidente, el odio de clases de los poderosos contra sus oprimidos.

Cuando los medios no estaban disociados sicóticamente: Con bastante fidelidad retrata la periodista Elizabeth Araujo, del diario El Nacional, tiempos atrás cuando una buena parte de los medios aun no se habían disociado sicóticamente ni  habían perdido la objetividad, una variante de la represión que nos hemos ocupado de describir, y con los niños como víctimas.   Dice:   “No habrá tal vez niños en Venezuela que sepan defender sus vidas como esos frágiles cuerpecitos del  ´23 de Enero´ que al tronar de los fusiles, abandonan, en fracciones de segundos su comida o la cama y se lanzan al piso en una envidiable afinación del instinto de sobrevivencia, palpando en la oscuridad un rincón seguro alejado del lugar de donde, suponen, proviene un ensañamiento que no terminan de entender, domando sus miedos, rezando y deseando quizás mudarse a otra parte.  Después vendrá el sobresalto, el llanto, el consuelo de la madre, un destello de humor del papá y finalmente pedir que el tiempo aplaque sus temores.  Hasta el despuntar del día, cuando descubrirán, sin muchas explicaciones, que durmieron en el suelo”.

En este momento una digresión necesaria.  Se trata de comentar ciertas conductas que no explicadas tienden a confundir, y es bien importante y conveniente aclararlas ahora, de una vez, cuando obscuros y poderosos intereses tratan de cubrir el cielo con grises nubarrones y mienten, descaradamente mienten, y ocultan verdades, y distorsionan hechos (como ha ocurrido con el 27-F) y buscan confundir utilizando no pocas veces generalizaciones simplistas.  Y en interminable rosario de falacias tratan de poner, de mostrar como víctimas a los empresarios, a la iglesia, a la educación privada.  Recordemos entonces, a ver si la evocación nos aclara el entendimiento y refuerza las ideas.
 
De participación y protagonismo.   Ahora con rango constitucional estas dos calidades están presentes tempranamente en la hace poco promulgada Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En este sentido en su prólogo y primeras definiciones se encarga de establecer a la democracia a que se aspira y que más allá de la tradicional representatividad hay que ejercitar una democracia con participación y definitivo protagonismo de la gente, de eso que tantas e interminables discusiones suscita: el pueblo. Y por supuesto no son los partidos políticos, ni los sindicatos la única expresión y representación popular, como alguna vez lo pretendiera Rómulo Betancourt. Pueblo y representación son todas esas opciones que ahora se van conociendo, parece ser la moda, como sociedad civil organizada. Partidos y sindicatos si, pero también gremios, asociaciones civiles de distinto signo, juntas vecinales, clubes deportivos, agrupaciones culturales, grupos ambientalistas, colegios profesionales, centros de revalorización histórica y de reforzamiento de la autoestima colectiva, comités para la defensa de los derechos humanos, un ejemplo pudiera ser COFAVIC  (por cierto hoy en trance de desviarse interesada y parcializadamente) y ¿por qué no? los círculos patrióticos bolivarianos. 

Hoy 20 años después: El pueblo camina de la mano del protagonismo y la participación somos definitivamente constructivos, planificados, creativos, hacedores de sueños y aspiraciones nobles, evitando y tratando de alejar cada vez que se pueda la confrontación cruenta como la de aquel 27 de Febrero de 1989.

Un mensaje final: Quiero ya finalizando estas reflexiones recordar una frase de John Fitzgerald Kennedy, muy a propósito de nuestra última afirmación, asesinado un 22/11/63:    “Quienes hacen imposible una revolución pacífica estarán haciendo inevitable una revolución violenta”
 

Edgar Carmona y Manuel Salvarán
edgarcarmona@hotmail.com
23/02/2009



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