Tápense los ojos y cierren los oídos

Por • 14 Feb, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

Es casi seguro que Manuel Rosales, no sabe el significado y menos el origen de la palabra oscurantismo. Pero si el precio del dólar en el mercado paralelo, el monto de intereses que cobra un prestamista y todos los secretos del intercambio comercial ilegal de la frontera. Y de cuanta trampa a hacer para ponerse en unos reales de manera improductiva e indebida. Porque eso es lo suyo.

No es el ignaro a lo Juan Vicente Gómez, que pese a todo, incluyendo su genuflexión frente al capital internacional que penetraba por todos los resquicios de la república y ansia de enriquecimiento, tuvo la inteligencia necesaria para enarbolar y llevar a cabo un proyecto de país que satisfizo a las clases dominantes, tanto que en Miraflores le mantuvieron hasta días después de muerto. Incluso, hay una historia escrita que habló de la Venezuela antes y después del nativo de “La Mulera”.

Tampoco es como aquel Luis Piñerúa Ordaz, ex dirigente y candidato presidencial adeco de la IV República, que según su propia confesión, se “graduó en la universidad de la vida”, y calificó de autodidacta, pero por lo menos  rebuscaba en el diccionario palabras en desuso, para producir la impresión de ser un hombre culto. El calificar a Blanca Ibáñez, la amante de Lusinchi, con la palabra barragana, fue un acontecimiento inusitado.

Hablaba con coherencia y hasta de vivir modesto, aunque fue cómplice de los desmanes de los gobiernos de Betancourt y Leoni y,  por omisión, de los corruptos, a quienes dijo tener en lista para llevarles a la cárcel y, cuando pudo, olvidó lo prometido.

No. Este Rosales, analfabeta funcional y ambulante, no llega hasta allá. Pero no deja de tener las mañas, el instinto y el olfato para las pequeñas cosas que, aún siéndolas, no dejan de hacer daño y de producirle grandes beneficios. Grano a grano, se llena la gallina el buche. Es un  mafioso de la politiquería,  un pillo, algo más bajo que un político barato.

Por eso, aunque uno le tome a risa, de él se mofe, no sin sobradas razones, ha estado allí, pegado de la teta del Estado, ordeñando al país y hasta poniendo a su servicios a muchos adecos menos ignorantes. Se ha dado lujos, como los de ser candidato presidencial de la oposición, a fuerza de reales mal habidos, atrincherarse en la Alcaldía de Maracaibo y poner un subalterno en la gobernación del Zulia. Y hasta –  y que, como dicen en mi pueblo- se fue de AD, fundó un partido de nombre tramposo, dejando a Ramos Allup y Ledezma en la orfandad y hasta dividió a los justicieros, hijos de mamá, en dos toletes.
“Tápense los ojos y cierren los oídos”, es una expresión que va más allá de lo que podría ser un disparate semàntico. Como expresión poética, podría pasar por aceptable. Sólo que el dueño de la hacienda “La Milagrosa”, no tiene idea ni sensibilidad alguna para hacer poesía, menos sabe lo que ello significa, ni le importa, porque con eso no podría ir a Disneylandia, o comprarse unos mautes, pero si actitud para meterle a cualquiera gato por liebre.

Dijo aquello porque fue lo que le salió de sus bajos pensamientos, primitiva cultura, para vincularse a la oscurantista consigna opositora de ¡NO es NO! La que no le cuesta mucho asimilar porque es la manera habitual de relacionarse con los suyos.

La consigna que utiliza la derecha desde los primeros intentos de poner en discusión el proyecto educativo, expresa una total negación a discutir nada que al país le interese. Significa un anclaje en el pasado y dar por excelente todo lo existente; es decir, para quienes la enarbolan no hay nada que cambiar. No vale la pena conversar o discutir, nada que armonizar y buscar la concordia. Sólo lo que ellos sustentan tiene validez. La sociedad que construyeron sus antecesores bien está y no hay nada que hablar. ¡No, es NO! “No hay nada nuevo bajo el sol”.

A Manuel Rosales, por sus ademanes, lenguaje, figura triste y en apariencia humilde, detrás de los costosos trajes que ahora usa, la derecha le utiliza para acercarse al pueblo, porque además bien le conoce sus dotes de pillo.  No puede llegarle con los López, Capriles y su larga lista de sifrinos. Por ahora le recibe, para decirlo como una vez Betancourt, “con el pañuelo en la nariz”. Porque además el tipo, valiéndose de sus mañas, le puso la mano a una pila enorme de dinero, lo que le hace en gran medida socio principal de la partida. Es pues un contubernio, un aquelarre, un acuerdo entre malos.

Y en ese rol de intermediario entre la derecha rancia – la de cuna, la que se cree propietaria del país- y parte del pueblo, al que nunca por sus medios podría llegarle, Rosales pide a quienes le escuchan su lenguaje mendaz y ruin, que se tapen “los ojos y cierren los oídos”, porque aquí no hay nada que cambiar. Para él también, todo lo dejado por patriarcas adecos y copeyanos, quienes mal administraron esta hacienda llamada Venezuela, está muy bien, pese a que las vacas se estaban quedando con las ubres secas.

No hay cosa que aprender, todo está dicho. El mundo paralizado y la vida congelada. No debe saberse del mapa genético, no ha sido elaborado, menos de la necesidad de la enmienda y la validez del SI. ¡Viva el oscurantismo! ¡Qué prevalezcan las ideas medievales! Porque ¡No, es NO! Sólo falta que salgan los demonios y la Santa Inquisición.

“Trapense los ojos y cierren los oídos”. No escuchemos cantar al ruiseñor.

Eligio Damas
damas.eligio@gmail.com
13/02/2009



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