¿Qué hay detrás de un beso?

Por • 14 Feb, 2009 • Sección: Ciencia

Cuando compartas un beso con tu pareja en el Día de San Valentín, podrías estar revelando mucho más de lo que crees.

Un par de labios pegados contra otros no sólo estimulan nuestros sentidos, sino que también nos dan claves sutiles sobre nuestra idoneidad como parejas, dice un estudio estadounidense.

La saliva de un hombre tiene un “cóctel de químicos” que dan indicios de su fertilidad y de sus condiciones evolutivas, señalaron los investigadores en una conferencia en Chicago.

Eso podría explicar por qué el primer beso se convierte con frecuencia en el último, en el famoso “beso de la muerte”.

Instinto primitivo
“Besar es una poderoso mecanismo de adaptación. De otra manera no lo veríamos alrededor del mundo. Más del 90% de las sociedades humanas se besan”, dijo la antropóloga Helen Fisher, de la Universidad Rutgers de Nueva Jersey, en el encuentro de la Asociación Estadounidense de Avances de la Ciencia.

“Los chimpancés y los bonobos (chimpancés pigmeos) se besan. Los zorros se lamen sus hocicos entre sí. Las aves se picotean y los elefantes ponen sus trompas en las bocas de los otros miembros de sus manadas”.

“¿Por qué lo hacemos nosotros? Creo que es una herramienta de evaluación hacia la pareja. Cuando besas, puedes tocar, ver, sentir, probar a alguien. Una importante parte de nuestro cerebro se enciende”.

“Es un verdadera herramienta de evaluación y puede ser altamente positiva o altamente negativa. En un estudio, 66% de las mujeres y 59% de los hombres habían experimentado un primer beso que mató la relación. Fue el beso de la muerte”.

Vínculo químico
Así como sirve de mecanismo de “proyección” de posibles parejas, la doctora Fisher considera que besar estimula lo que describe como los tres sistemas clave del cerebro para la unión y la reproducción.

El primer sistema es el apetito sexual.
“La saliva masculina tiene testosterona y se sabe que a los hombres, en general, les gustan los besos mojados, con la boca abierta y con amplia participación de la lengua”, dijo la especialista.

“Podría ser que, inconscientemente, ellos intentan transferir testosterona para provocar el apetito sexual en las mujeres y estimularlas a ser sexualmente más receptivas”, indicó la experta.

Los hombres también tienen un sentido del olfato débil, dijo Fisher. De ahí que con besos con la boca abierta, “ellos podrían intentar recoger rastros del ciclo de estrógenos femenino, para calcular el grado de fertilidad”.

El segundo mecanismo es el amor romántico.
“Besar es algo nuevo, al menos en el inicio de una relación, y lo novedoso estimula la dopamina, que está asociada con el amor romántico”, explicó la doctora.

Besar promueve lo que ella denomina como un “apego” o un “lazo de pareja”. Es una acción que ayuda a mantenernos juntos, “al menos el tiempo suficiente para concebir hijos”.

Para estudiar la química que participa en los besos y en el establecimiento de lazos amorosos, la neurocientífica Wendy Hill, de la Facultad de Lafayette, reclutó a estudiantes de esa institución para un experimento.

Los jóvenes amantes -15 parejas en total- fueron divididos en dos grupos. A algunas se les pidió besuquearse por 15 minutos teniendo de fondo música relajante. A las otras se les pidió que se quedaran hablando con sus manos tomadas.

¿Romanticismo?
“Posteriormente, medimos los cambios en los niveles de cortisol -la hormona del estrés- en sus salivas. Los niveles bajaron en todos los jóvenes del grupo en el que hubo besos y mientras más larga era la relación, más reducido el cortisol”.

La doctora Hill también tomó muestras de sangre de las parejas para determinar los niveles de oxitocina, una molécula asociada con la confianza y la intimidad sexual.

Después de 15 minutos de besarse, en los hombres se observó un significativo aumento en el químico relacionado con el “lazo de pareja”.

En las mujeres, se encontró un descenso de la oxitocina.

“Esto fue muy sorprendente”, admitió Hill. “Estamos explorando la posibilidad de que el lugar (un centro de salud de la facultad) no era tan romántico”.

“Después de todo, éste es el lugar donde los estudiantes van cuando se sienten enfermos. Eso puede haber tenido un efecto en las mujeres”.

Hill decidió llevar a cabo su experimento en un ambiente más romántico.

“Tenemos un cuarto solitario con un sofá, flores, velas y jazz sonando”.

Las jóvenes que estaban tomando la píldora anticonceptiva registraron mayores niveles de oxitocina, incluso antes de empezar a besarse.

Pero, con tan pocas parejas formando parte del estudio -que aún no se ha publicado-, no queda en claro si existe una relación directa entre la ingesta de anticonceptivos y el nivel de oxitocina.

James Morgan
BBC Ciencia
14/02/2009



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