Triste Historia de la Cándida Granda de Ramos Allup

Por • 9 Feb, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

¡Henry, Henry!, dos veces, en susurro, un anodino, tenido como dirigente de la agonizante AD, llamó a Ramos Allup, quien sudaba copiosamente…

“¿Por qué estás tan asustado? La vaina que hicimos no es para que así te pongas. Sólo pusimos un petardo. Como tu mismo lo indicaste. Recuerda que la idea es culpar al chavismo”.

El compinche, así le habló, precisamente cuando el exdiputado reelegido sopotocientas veces, estaba por acercarse al círculo donde le esperaban los periodistas.

Con estudiada discreción se volvió hacia aquel y le espetó con firmeza, pero cuidándose de no levantar la voz:

“¡Coño!, pero yo no dije que me lo pusiesen entre las patas”.

El dirigente adeco, alarmado y con muestras que el corazón le latía aceleradamente, comenzó a hablar a gritos a los periodistas.

“Aquí en la mano, tengo la espoleta de la granada lanzada contra nosotros; con la que pudieron causar una tragedia”.

“Pero equivocado está el gobierno si piensa que nos va a amedrentar”.

Continuó su discurso de manera un tanto escandalosa, diciendo:

“El gigantesco caudal de votos de nuestra militancia se manifestará el 15 de febrero”.

“Una vez más, el carácter violento y represivo del gobierno, acicateado por la desesperación, se pone de manifiesto”.

“No hay duda”, remató su discurso, “que Chávez le teme a AD”.

Dijo eso y mostró a las cámaras un dispositivo de metal que lucía nuevo, inmaculado, sin muestra alguna de violencia.

“¡Henry, Henry!”, de nuevo, con el mismo cuidado el individuo volvió a llamarle y por un brazo le llevó hacia él, apartándole un poco de los trabajadores de la prensa.

“Esa no es la espoleta que te di para mostrar”.

Dijo eso y luego continuó explicándole:

“Aquella estaba como pocillo de loco, porque es de una granada de verdad que antes habíamos usado”.Y agregó presuroso: “La que tienes en la mano, es de la de utilería que tienes en tu escritorio. No la sigas mostrando”.

Dicho eso, el dirigente adeco, guardó no sin discreción la espoleta, sacó un pedazo de papel amarillento y leyó un número en éste escrito. Y lo atribuyó al serial del dispositivo de la granada que supuestamente lanzaron dentro de la casa del partido, en un momento que “reventaba de militantes”. ¡Nadie salió herido!

Después de eso, se volvió con violencia y miedo, hacia un periodista que quiso llamarle la atención sobre este curioso resultado, el estado de la espoleta, advertirle que había manipulado el escenario del presunto delito, y manoteándole la cara le espetó:

“¡Tú a mí, no me vas a provocar! ¡No caeré en ello!”.

Como aquello de: “Tú a mi no me jodes”.

No es su culpa. No es de la estirpe de Leonardo Ruiz Pineda o Alberto Carnevalli. Aquellos eran otros adecos y otra la organización política. A los heroicos militantes mencionados, no se les hubiese ocurrido jamás, ponerse en los pies y menos en la casa del partido, un petardo. Y nunca hubiesen salido corriendo a buscar medios palangristas para pantallear y tratar de ganarse el apoyo popular. Aquellos eran hombres, sobre todo eso, serios y comprometidos con la historia. Y políticos de enjundia, densos,  con ideas, y otras cosas, bien puestas.

Otro espécimen es Ramos Allup, quien ensaya un cierre de campaña fingiendo un atentado. No cabe duda  que, para los medios y el público cautivo, pareció una actuación digna de un premio; hasta le percibieron asustado. Porque lo estaba, pero también actuaba. No le advirtieron a tiempo cuándo y por dónde vendrían los estruendos.

Pero como siempre, por la poca originalidad del personaje, sin que medie lo que ya se sabe de su capacidad de mentir y hacer promesas que nunca cumplirá, uno no le cree, porque además su desidia dejó todos los cabos sueltos y la oportunidad para que quede demostrada su poca inteligencia y excesivo caradurismo. Aparte del sudor y alteraciones, puestas de manifiesto al confrontar los periodistas, que le producen los ruidos, tiros de utilería y la guerra avisada.

Ramos mostró una espoleta chimba, se llevó del presunto escenario del delito lo que falsamente calificó como evidencia y repitió un acto que antes había ensayado Carlos Andrés Pérez en su casa. ¿Cómo creerle a un mentiroso contumaz en estas circunstancias?

¿Quiénes en este país, sino Ramos Allup mismo y ese esterero que es AD y sus congéneres, están interesados en llamar la atención al gran público con auto atentados, actos fingidos y bufos?

Eligio Damas
damas.eligio@gmail.com
09/02/2009



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