¡Sí!

Por • 3 Feb, 2009 • Sección: Tribuna Abierta

La oposición a la enmienda constitucional está fundada en dos mentiras. La primera supone que en Venezuela durante la IV república hubo alternabilidad Presidencial. Pero ningún presidente representó una alternativa frente al anterior. En las estrategias globales, las diferencias fueron de estilo y de matices, y particularmente en las políticas económicas se osciló entre keynesianismo, neoliberalismo o una mezcla de ambos. Fue un claro continuismo orientado a sostener un bloque social en el poder hegemonizado por el capital internacional. Este continuismo se basó en una consulta formal cada cinco años, caracterizada por la manipulación de la voluntad popular, la represión, tortura y asesinato de líderes y activistas de las corrientes cuestionadoras.

En 1998 hubo alternabilidad alternativa. Chávez ofreció y realizó una ruptura del bloque social dominante.

La segunda mentira es la reelección indefinida. Ella supone la derrota indefinida, es decir, en las sucesivas elecciones que se realicen, la oposición estaría perdiendo. El temor es a no poder derrotar electoralmente a Chávez.

La cuestión es a quién se le concede el poder para elegir. Es el pueblo soberano, quien consciente y esencialmente debe decidir, en primer lugar, sobre distintos programas y prácticas, no simplemente sobre un nombre, teniendo como contexto el período de más amplio ejercicio democrático que Venezuela haya conocido, a excepción de la democracia directa que vivimos entre enero y diciembre de 1958.

La oposición prefiere la alternabilidad formal puntofijista basada en distintos nombres que representaban lo mismo. Hoy cuando la politización de nuestra sociedad se ha multiplicado, eso sería un retroceso. Por eso, los triunfos del gobierno no son automáticos como se vio el 2-D de 2007 y en ciertos casos de las recientes elecciones regionales. El pueblo chavista está exigiendo más consecuencia práctica y sustancia explicativa, que agitación.

La enmienda ha puesto en juego varias cosas esenciales, como la necesaria unidad de acción de todas las corrientes e individualidades que convergemos en este original proceso. Las diferencias existen y ellas obligan al debate, que sin duda continuará después del 15-F. Sin embargo, ahora debemos trabajar unidos por un rotundo SI. Ni vacilación ni abstención.

Julio Escalona julio.escalona@gmail.com
03/02/2009



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