Revolución cubana señala el rumbo de la segunda independencia latinoamericana

Por • 31 dic, 2008 • Sección: Noticias Internacionales

En una rápida y aglutinadora campaña de 25 meses, iniciada el 25 de noviembre de 1956 en puerto mexicano, a bordo del Granma, la expedición libertaria compuesta por 82 hombres, tras desembarcar en las costas cubanas, conquistó su primer objetivo político aquel 1º de enero: derrocar la feroz dictadura de Batista.
Con este paso y, quizá sin proponérselo, sus integrantes iniciaban un proceso histórico que dividiría la historia contemporánea latinoamericana en pasado y futuro.

Bolívar tenía razón
Culminadas las luchas independentistas del siglo XIX, y liberados nuestros países del dominio europeo, surgió una nueva amenaza: el imperio capitalista de los Estados Unidos de Norteamérica.

Cuba fue, quizá, el país que más tarde logró su independencia de España, pues lo hace tras la “guerra necesaria”, así definida por José Martí, entre 1895 y 1898, en la cual se involucraron de manera determinante los propios Estado Unidos.

Y es que mientras españoles y cubanos luchaban, un acorazado estadounidense (el “Maine”), surto en el muelle de La Habana, explota. Washington acusó a España de sabotaje y le declaró la guerra.

Por eso el conflicto es conocido como “guerra cubano-hispano-estadounidense”.

Con su superioridad bélica, la nación del norte logra la rendición de España en 1898 y, mediante el tratado de París, ésta renuncia a su soberanía sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Estados Unidos ocupará a Cuba hasta 1902, cuando, por la firme determinación de los cubanos, se ve obligado a salir, pero sus consorcios y empresas se apoderarán económicamente de la isla, y dejarán condicionamientos políticos en el plano constitucional, como la “Enmienda Platt”, hasta 1933.

Esta enmienda permitía la intervención estadounidense en la isla “para proteger la vida, los bienes y la libertad” de ciudadanos de ese país residentes en Cuba.

Control económico
Según el trabajo EEUU en Cuba: entre el control total de la economía y el bloqueo, del portal Plantea Sedna, localizable en Internet, para 1952 las empresas estadounidenses controlaban 47,4% de la producción azucarera, 90% de la producción de electricidad y de las redes telefónicas, 70% de las refinerías de petróleo, 100% de la producción de níquel y 25% de las casas comerciales, los hoteles y la industria de alimentos.

“La economía de Cuba dependía de las exportaciones de azúcar, cuya producción y comercialización estaba controlada por compañías extranjeras. Once empresas estadounidenses controlaban casi 1.200.000 hectáreas, que representaban 47,4% de las tierras dedicadas al cultivo de caña de azúcar”, señala la fuente citada.

Exclusión
Este control económico marchó aparejado con un profundo proceso de exclusión y descomposición social.

“Según el censo de 1945 -dice el trabajo citado- 4 mil personas eran dueñas de más de la mitad del territorio cubano” y sólo fue a partir de 1944 cuando la mayoría de la población participó, por primera vez, en unas elecciones.

Las necesidades y privaciones del pueblo cubano crecían, en la medida que lo hacían las ganancias de las empresas estadounidenses y la burguesía cubana.

Revolución en gestación
Para el propósito de este trabajo, luce innecesario hacer un recuento pormenorizado de cómo se gestó el movimiento revolucionario cubano.

Baste decir que, inspirados en el pensamiento y la acción independentista de José Martí, un grupo de jóvenes, liderados por Fidel Castro, se levanta en armas contra la dictadura de Fulgencio Batista, y el 26 de julio de 1953 intenta tomar el cuartel Moncada, la segunda base militar de la isla.

La acción fue un fracaso en lo militar, pero sirvió como testimonio de rebelión e insurrección contra la dictadura de Batista.

Este testimonio prendería en el sentimiento popular que, tres años después, acompañará a los cruzados del Granma en su indetenible camino hacia el triunfo de la revolución.

Con el nombre de 26 de Julio (M-26-7) se identificará, en adelante, ese movimiento liderado por Castro, quien, con un grupo de sus integrantes, en 1956, a bordo del Granma, desembarcará en costas cubanas, constituirá un foco guerrillero en la Sierra Maestra y se alzará triunfante, como dijimos, 25 meses después.

El camino de la revolución
El pueblo cubano y su revolución han superado enormes dificultades para mantener su independencia y soberanía.

A la par de lograr sorprendentes avances en salud pública, educación, justicia distributiva, biotecnología, desarrollo agrícola, entre otras áreas, han enfrentado toda la hostilidad imaginable por parte de los distintos gobiernos estadounidenses.

Sabotajes de todo tipo y agresiones, permanentes; un férreo bloqueo económico y una campaña de aislamiento y descrédito políticos que no cesa.

En medio de ese cuadro, debió sobreponerse a la desaparición de de la Unión Soviética y del campo socialista, apelando al llamado período especial, que supuso enormes privaciones , soportadas con verdadera madurez política y estoicismo.

Todo eso sin contar con los problemas creados por el paso de los huracanes, que han causado enormes pérdidas económicas y obligado a masivas evacuaciones de población.

Por eso, hoy sus victorias superan con creces el tamaño de las dificultades enfrentadas, para orgullo del pueblo cubano y admiración del mundo entero.

Características
Quizá la característica fundamental del proceso revolucionario cubano es el protagonismo y la participación del pueblo.

Tal como lo dice el analista Gilberto López Rivas, en la edición del pasado 27 de diciembre, del diario mexicano La Jornada: “Con una permanente movilización y protagonismo del pueblo cubano –en sintonía con una dirigencia sensible y consensuada-, esta revolución ha tenido la habilidad y la fortaleza de resistir con éxito al poder imperialista más poderoso y destructivo que haya conocido la humanidad, el cual ha pretendido someterla por las vías militares abiertas y encubiertas, bloqueos económicos, políticos y diplomáticos, y por medio del apoyo permanente a grupos contrarrevolucionarios que actúan en el interior y fuera del país.

El legado ético de Fidel
A pesar de que el pueblo cubano es el artífice de su triunfante revolución, resulta imposible soslayar el papel rector de Fidel Castro en todo este histórico proceso.

Especialmente su legado ético, en el cual se han formado varias generaciones de cubanos y que constituye un guía de valores irrenunciable para todos los revolucionarios del mundo.

El Canciller Pérez Roque sintetizó en una ocasión, este legado ético, de la siguiente manera:

Su concepto de la unidad como precondición del triunfo;
La ética como razón de Estado, que no asume que el fin justifica los medios,
No acepta que los revolucionarios torturen o asesinen,
No imita los métodos de los enemigos;
El desprendimiento por las cosas materiales, los homenajes y las vanidades;
La solidaridad entregada como deber y no como arma de influencia política o instrumento del interés;
La coherencia en los principios y los principios por encima de los intereses;
El ejemplo personal, no pedir a la gente lo que no se está dispuesto a hacer antes;
Asumir las responsabilidades con derecho a más sacrificios y restricciones, y no a prebendas y canonjías;
La verdad como arma y condición para ser respetado;
La sensibilidad de sentir por los otros: de sentir como propio el dolor o la angustia de otros; nunca dejar de sentirse un ser humano capaz de comprender por lo que pasan los demás;
La modestia, la ausencia de vanidad como aspiración de los revolucionarios;
El afán de leer, estudiar y aprender;
El rigor personal, el deber con las responsabilidades, de que las cosas salgan bien porque es el compromiso con el pueblo, con la causa que se defiende;
La derrota no es tal hasta que no es aceptada, siempre existe la posibilidad de revertir una derrota;
La aspiración a la justicia para todos, sin fronteras, como causa universal;
La fuerza de las ideas, la convicción de que una idea justa puede más que un ejército;
La ausencia total de odio hacia cualquier persona; odio profundo hacia la injusticia, la explotación, la discriminación racial, pero no hacia las personas, aun si son o han sido enemigos.

“Este legado-dice López Rivas- que forma parte sustancial de la actual “batalla de las ideas”, es la clave para entender este 50 aniversario de la revolución cubana que se conmemora en el mundo entero y que para los latinoamericanos es motivo de orgullo y de compromiso solidario”
La segunda independencia

Si bien es cierto que Cuba fue el país que más tarde se liberó del coloniaje español, en latinoamérica, ha sido quizá la primera en hacerlo del dominio del imperialismo estadounidense.
La primera en hacerlo del peligro que representa el dominio político y económico del gigante del norte, como ya lo advirtiera Simón Bolívar en 1826.

La indoblegable posición de Cuba en defensa de su soberanía e independencia, y la resistencia de su pueblo a todas las agresiones que ha recibido, de los distintos gobiernos de Estados Unidos, marcan un camino a seguir por las naciones latinoamericanas, que hoy luchan por la defensa de sus recursos naturales ante la voracidad de las transnacionales estadounidense.

Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay, son algunos de los países latinoamericanos, que hoy luchan por liberarse del dominio económico y político del imperialismo estadounidense, y encontrar caminos de independencia el desarrollo de sus pueblos.
En este rumbo, el ejemplo de la revolución cubana y el testimonio de su pueblo, constituyen una experiencia invalorable para avanzar con determinación hacia un futuro.

Aurelio Gil Beroes / ABN
YVKE Mundial
31/12/2008



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