Diálogo con el ‘número uno’ ruso

Por • 27 Ago, 2008 • Sección: Política Internacional

Diálogo con el ‘Número uno’ ruso

La BBC entrevista al presidente ruso Dimitri Medvedev, en medio de una tormenta diplomática.
El llamado a la BBC para acudir a entrevistar al presidente ruso Dimitri Medvedev en el balneario de Socchi, en el Mar Negro, llegó con apenas 24 horas de antelación.

Una vez que llegamos no nos tomó mucho tiempo entender por qué razón Medvedev decidió repentinamente abrirse a los medios de comunicación globales.

El presidente quería tener la oportunidad de justificar ante el mundo la desafiante decisión de reconocer la independencia de las regiones separatistas georgianas de Osetia del Sur y Abjasia.

“Un día trascendental”, señaló al sentarse para conceder la entrevista.

“¿Y un anunció inesperado?”, me aventuré a decir.

Una gran cantidad de analistas, tanto en Rusia como en el exterior, habían especulado que Medvedev no se apresuraría a refrendar la decisión del parlamento.

Los comentaristas esperaban que Medvedev se tomara su tiempo para evaluar si un reconocimiento unilateral de las regiones separatistas tendría un costo demasiado alto para Rusia diplomáticamente.
Sello personal


“No, no es inesperado”, me corrigió Medvedev. “Sin embargo, de todos modos es dramático. Así que se sintió como una sorpresa”.

Y mostró esa sonrisa a medias que se ha convertido en una especie de sello personal, mientras esperaba pacientemente por el inicio de la entrevista.

Fue la primera vez que me reuní con el nuevo presidente ruso cara a cara. De modales suaves y un poco tieso en su porte y su forma de andar, transmite un estilo de liderazgo muy diferente al de su predecesor.

Muchos años de ejercicio físico diario y de duros combates de judo, aunados a ocho años conduciendo el destino de Rusia, le habían dado a Vladimir Putin -un líder que presidía un renacimiento económico y de seguridad- el aire arrogante de un deportista victorioso.

La confianza en sí mismo de Medvedev es más serena.

Su comprensión del inglés es buena (claramente no necesitaba el intérprete que le traducía mis preguntas).

Miraba inescrutablemente mientras componía sus respuestas y respondía calmada y metódicamente, delatando su preparación como abogado.

Nada de florida retórica embellecida con lenguaje terrenal, como acostumbraba Putin.

Es difícil imaginar a Medvedev dando rienda suelta a un lenguaje tan colorido que los traductores rusos se viesen obligados a editar ciertas frases escogidas.

Al final, sin embargo, fue difícil evaluar si quería tranquilizar a Occidente o profundizar su aprensión.
“Agresión sofocante”

Medvedev dijo que Rusia fue forzada a reconocer a Osetia del Sur y Abjasia porque todo cambió completamente a raíz de la violencia de comienzos de agosto.

Responsabilizó de la situación a lo que calificó como el intento de “genocidio” de inocentes osetios (sin importar que el número oficial de muertes bajó de miles a unos pocos centenares) lo que, según aseguró, implicaba que Georgia debería abandonar su derecho a tener control sobre el territorio.

Negó que la declaración de independencia de los dos enclaves rompiera de alguna forma el espíritu del documento del cese el fuego que firmó con el presidente francés Nicolas Sarkozy (que había identificado, como su sexto paso, la discusión internacional sobre su futuro).

E insistió en que la presencia de las tropas rusas bien adentro del territorio georgiano, incluyendo alrededor del puerto de Poti -nada cerca de cualquier zona de separación- también estaba permitida bajo los términos del cese el fuego.

El mandatario aseguró que esa es la única forma de que Rusia pueda cumplir su rol de mantener la paz, garantizando seguridad para impedir que Georgia se rearme y comience una nueva lucha.

“Nuestro propósito es sofocar la agresión”, señaló.

Lo que transmitió no fue tranquilidad sino una advertencia de que Rusia no será desviada de su propósito y que otras naciones en la región deberían tener cuidado antes de invocar la cólera de Rusia, ya que tenía el poder y la voluntad política de tomar acciones.
Muestra de poderío

Al preguntarle por qué Rusia estaba actuando de una manera tan unilateral, Medvedev señaló que, obviamente, Rusia protegería sus propios intereses, especialmente cuando éstos coincidían con la seguridad de los ciudadanos rusos.

Le pregunté que si era su deber proteger a los ciudadanos rusos, otras repúblicas con una gran cantidad de habitantes de habla rusa como Ucrania, Moldovia y los estados bálticos podrían esperar un tratamiento similar.

Sólo alcanzó a decir que Rusia tenía el derecho a la autodefensa y que él como presidente tenía que garantizar la seguridad de los ciudadanos rusos.

Cuando le pregunté si podría haber una nueva Guerra Fría respondió que Rusia no que quería volver a tener una confrontación en la que nadie resultaría ganador.

Indicó que quería relaciones productivas pragmáticas con socios occidentales, basadas en el respeto mutuo.

Sin embargo, no descartó la opción de la Guerra Fría ni sugirió otras formas de reducir las actuales y cada vez mayores tensiones.

Fue difícil no llegar a la conclusión de que si bien el liderazgo ruso está preocupado por la falta de claro apoyo por sus acciones internacionales, a la vez disfruta su recién encontrada imagen temible.

A algunos quizás les guste aquello del poder gentil y dejar que la gente que quiera unírseles lo hagan cuando lo consideren conveniente. Pero da la impresión de que la muestra de poderío militar en Georgia es lo que le gusta a Rusia.

Pareciera que Medvedev estuviese sugiriendo que si el mundo se siente intimidado y consternado, mucho mejor.

Aparentemente se trata de un país que no está de humor para ceder ante la presión diplomática de Estados Unidos y Europa, incluso si al mismo tiempo quiere retener la apariencia de que a nivel diplomático todo sigue igual, con el fin de prosperar y disfrutar de su propia estabilidad.

No es de extrañar que los otros líderes del G8 encontraron a Medvedev difícil de descifrar durante la cumbre de julio en Japón… ¿Es un socio o es un opositor?

“Si un país permitiera que sus decisiones militares fuesen tomadas por una comisión sería desastroso”, indicó.

“Y si quieren saber quién dio la orden, déjenme decirles que sólo hay un comandante en jefe en Rusia”.

Él esperaba la pregunta y disfrutó la respuesta.

Pero me quedé con la impresión de que, de cierta forma, Medvedev estaba enunciando una fórmula. Todavía no creía realmente que era el Número Uno de Rusia.

Y pareciera que tras bastidores -incluso si ha estado en segundo plano respecto a Georgia en los últimos días- Vladimir Putin sigue manteniendo su mano sobre el timón.

BBC Mundo
27/08/2008



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