Alguien digno de imitar

Por • 27 ago, 2008 • Sección: Tribuna Abierta

El Ejemplo de Eduardo Samán

El dilema de todo revolucionario, o simplemente, de un buen director o presidente de una institución del Estado, Ministro, Gerente, etc., es la difícil tarea de saber unir la teoría y la praxis; es el poder divorciarse de las amarras asfixiantes del burocratismo y el reunionismo infecundo para aliarse con la acción sin perderse en los laberintos engañosos del pragmatismo. Toda acción debe perseguir un objetivo político para ser verdaderamente revolucionaria, y viceversa. Pero también, el dilema es saber enfrentarse sin temor ni vacilación, al enemigo de la revolución (externo e interno). Frente a esta disyuntiva, conociendo profundamente nuestra realidad, Eduardo Samán, actual presidente de INDEPABIS (antigua INDECU), hace un esfuerzo ejemplar.  

A Samán lo odia la canalla de todos los bandos políticos. Especialmente, quienes temen a su gran competencia intelectual, política y gerencial, como también a sus esclarecidas ideas revolucionarias. Sin lugar a duda, Saman encarna en su figura a uno de los más fieles cuadros políticos de la revolución que ha hecho posible la unión de la predica con la practica. Y por eso lo odian, porque temen el ejemplo que su trabajo irradia.  

Quien desee conocer a Eduardo Samán, búsquelo en las calles con el pueblo, luchando contra el acaparamiento, la especulación y el sabotaje del bandido burgués, y no en una oficina reposando sus pies sobre el escritorio mientras los lacayos intentan hundir a la revolución.   

Conocimos a Eduardo Samán hace varios años atrás, y por simple coincidencia. Sus sentimientos e inspiración revolucionaria, nasserista y guevarista los descubrimos en ocasión de una invitación que amablemente nos hiciera a su cálido y muy modesto hogar, al que fuimos convocados con motivo de una pequeña reunión política. Sobre su pequeño escritorio que ocupa la sala de su apartamento, descubría un libro de imágenes de Gamal Abdel Nasser junto  Ernesto Che Guevara. Capturados en nuestra atención hacia el libro, Samán nos comentaba, muy animado, sobre la amistad y reciproca admiración que existía entre los grandes Nasser y el Che. Y agregaba, que el Coronel Nasser había reencarnado, por suerte, ahora en Latinoamérica, hoy más convencido y firme que nunca. Se refería, por supuesto, al Comandante Chávez.

“Los cambios y el ejemplo comienzan por casa” -comentó Samán, al tiempo que confiscaba los alimentos subsidiados por el Estado, robados por un comerciante de origen árabe; destituía a varios viejos corruptos adecos y copeyanos gusanos del INDECU y se rodeaba de jóvenes comprometidos con la misión de la institución que dirige y por el socialismo. Juntos, han derrotado el sabotaje de la burguesía lacaya quienes pretendía someter por hambre al pueblo venezolano, y al aparataje del viejo burgués burocrático ministerial (del MPPILCO) y enfrentado, valientemente, las pretensiones de algunos quienes, por temor a su ejemplo de capacidad y compromiso revolucionario, y utilizando su poder pretenden hundir a Samán políticamente, aun a costa de dañar la revolución.  

“Si aun viviera el escritor Paul Tabori, tendría con ellos (la canalla) suficiente material para reeditar nuevamente su libro titulado: Historia de la estupidez humana” opinaba el camarada Manuel Valladares, indignado por el bochornoso show montado en su contra por una disociada que derramó arroz sobre el pecho de Samán y por la canalla interna que intenta destruirlo.

Si se quiere buscar otra persona a quien la canalla de la burguesía y la pequeña burguesía venezolana odie por temor, además del Presidente Chávez, ese merito hoy le correspondería, sin lugar a duda, a Eduardo Samán. Y es que, el odio de la canalla representa, también, un merito para el verdadero revolucionario.  

Este escrito no lo motivan sentimientos personales de amistad hacia Samán, sino de admiración por su compromiso y trabajo. La revolución bolivariana necesita muchos Samán.  

¡Honor a quien honor merece!

Basem Tajeldine
basemtch@gmail.com
27/08/2008



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