Recordando aquel dí­a

Por • 7 Ago, 2008 • Sección: Tribuna Abierta

MÁNDALO PARA EL CARA..

Cuando Ramón Martínez, ganó las elecciones de gobernador del Estado Sucre, al entonces en ejercicio, Eduardo Morales Gil, militante de AD y, en consecuencia, subalterno del todopoderoso Luis Alfaro Ucero, el perdedor acudió presuroso ante la presencia de éste a quien mal llamaron el caudillo, en solicitud de consejo y línea para el qué hacer.

Para quien ejercía el cargo de primer gobernante regional por mandato del partido adeco (AD), en una región que habían catalogado como coto suyo, algo más que un bunker, aquellos resultados electorales inusuales, le dejaron en suspenso y como en blanco. Y esto último no por lo del color sempiterno de la tarjeta del partido, sino por la conmoción cerebral derivada de aquel estremecimiento o movimiento telúrico.

Lo que menos podía imaginarse un jefe adeco era que alguien les ganase unas elecciones en aquel estado oriental, del cual hasta se creían como dueños. Y era tanto así, que cuando a Morales Gil, blanco de la tez, de sombrero blanco, zapatos de lona blanca y guayabera del mismo color, con mansedumbre, taciturno y tembloroso, lo pusieron por delante del jefe civil del partido y a éste  comunicó que el CNE (Consejo Nacional Electoral) estaba dando cifras según las cuales perdían los comicios, aquel dio no un consejo, sino una orden tajante: ¡Mándalos para el carajo!

Por supuesto, el gobernador sucrense no pudo cumplir aquella orden porque el poder del caudillo nacido en Maturín y uno de los últimos dinosaurios de los fundadores de AD, estaba mermando y ya el país venía en una de cambios y de desechar los viejos procedimientos. Y porque Morales Gil estaba a punto de soponcio.

Cuatro años después, esta vez montado sobre ese portaaviones llamado Hugo Chávez, por exigencias del MAS y palanca de Luis Miquilena, Ramón Martínez, un gobernador cuestionado, volvió a ganar las elecciones.

En 1998, cuando la candidatura de Chávez avanzaba arrolladora, se produjo aquel vergonzoso espectáculo que llamaron “la sublevación de los gobernadores adecos”, para exigir a Alfaro, a quien con fervor llamaban el caudillo y muchos debían el cargo, renunciase a su candidatura para apoyar a Salas Römer. Había que hacer lo impensable para detener al barinès; hasta lo que para un adeco típico era un principio supremo e irrenunciable: ¡jamás se apoya a un candidato copeyano a la presidencia!

El primero en plegarse a los sublevados fue precisamente el jefe de campaña del candidato presidencial, Antonio Ledezma. Como Alfaro Ucero no aceptó, a éste y “al principio supremo”, sin pensarlo dos veces, les mandaron al carajo.

Alfaro, una vez contados los votos,  ganado Chávez las elecciones y el partido AD uno no sabe bien si quedó en el esterero o se fue para el carajo, montó su mula y discretamente tomó el camino que le llevó por El Furrial, el pueblo de Diosdado Cabello y el de La Cruz de la Paloma – al cual algunos llaman sólo “La Cruz”, uno no sabe el por qué – hasta Maturín, su vieja casa, a regodearse de los nietos y jugar dominó. Y esto, en política, no es más que un irse, o ser mandado, al mero carajo viejo.

Ahora, “vueltas que da la vida”, Ramón Martínez, se monta sobre la espalda, a modo de la etiqueta del aceite de “Hígado de Bacalao”, que tanto recuerda Alberto Nolia en sus “Papeles de Mandinga”, la candidatura adeca de Eduardo Morales Gil, el mismo que quiso y debió mandarle al carajo por órdenes del caudillo.

Ramón Martínez, cuando ya no podía ser candidato a gobernador, porque se lo impedía la legalidad y el haber perdido el afecto y confianza de la dirigencia y militancia del chavismo, se puso de majadero y desafiante a chismear y lanzar improperios contra el presidente; por lo que éste, en uno de sus programas dominicales, le dijo olímpicamente, un poco a la manera cumanesa, “vete mucho al carajo”.  Martínez quiso irse – el tipo es muy ladino – a ese renombrado sitio como con la cara en alto pero con los bolsillos arrastrando los pantalones hacia abajo.

Ahora, Enrique Maestre, actual alcalde de la ciudad de Cumanà, por el PSUV y por ende con el prestigioso respaldo de Chávez, se enfrenta al candidato adeco, aupado por Ramón Martínez, Eduardo Morales Gil. Esta vez éste, con su esmirriada fuerza, pese al apoyo formal de la disgregada oposición, cual saco de gatos, se irá de nuevo al carajo y no porque lo mande Enrique Maestre, sino por disposición del pueblo de Sucre. Y es lo normal, pues los adecos, por mucho que disimulen y finjan otra cosa, allí están residenciados desde mucho tiempo atrás.

Ya el TSJ mandó al carajo a quienes pretendían que las inhabilitaciones de la Contraloría General de la República, se dejaran sin efecto; y lo hizo porque todo está estrictamente ajustado a derecho. Por eso Ramos Allup, secretario general de AD, quien no deja de ser un zorro, adelantó días atrás que en caso que el adeco  Barreto Sira, aspirante a la gobernación de Anzoátegui quedase inhabilitado, le mandarían mucho al carajo y apoyarían al jovencito Marcano de Primero Justicia.

En estos casos, los cumaneses solemos decir: ¡Al carajo los enfermos que el hospital se cayó!

Eligio Damas
damas.eligio@gmail.com
07/08/2008



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